Viaje y muerte de Matilde: así fue el crimen de la gallega asesinada por 155 euros
Un trabajador y un exempleado del hotel de Lombock (Indonesia) en el que se alojaba confesaron el crimen. Entraron a robar y la asfixiaron en su cuarto. Todo por 155 euros, unos tres millones de rupias indonesias
A los amigos de Matilde Muñoz Cazorla, Mati, empezó pronto a extrañarles que la mujer, viajera, activa y vivaracha, no contestase a sus mensajes de WhatsApp. Primero los recibía, pero pronto quedaron en el limbo virtual. Mati nació en Ferrol (A Coruña) aunque residía en Palma de Mallorca. Exazafata y profesora de yoga, tenía 72 años y viajaba sola la mitad del año, con las rentas de alquilar su vivienda en la temporada turística.
Le perdieron la pista en Lombok, una isla paradisíaca al oeste de Bali, donde se estaba alojando en un hotel próximo a la playa, el Bumi Adiitya. El 2 de julio denunciaron formalmente su desaparición y desde entonces, hubo muchos días y semanas de silencio. Dos meses sin respuestas. O con explicaciones contradictorias por parte del hotel en Senggigi donde sabían que se había hospedado.
Su exmarido, a través de las redes sociales, su círculo de amigas de yoga y algunos grupos de españoles en Indonesia, difundían su foto a través de sus muros de Facebook en busca de pistas. Sus allegados estaban convencidos de que la mujer no se había esfumado por su propia voluntad y que había algo turbio tras su desaparición que pasaba por el propio hotel Bumi Adiitya.
Uno de sus familiares empezó a exigir públicamente mayor implicación en su búsqueda y solo entonces, la Embajada de España y la policía de Indonesia, parecieron reaccionar. Algunas de sus pertenencias personales, como la mochila, aparecieron inexplicablemente en la basura de un establecimiento hotelero con una reputación oscura que condujo a los agentes a una habitación que no era la de la víctima en una primera inspección. Es lo que relató desde España una de sus amigas, que se queja de la tardanza de la Interpol en activar la búsqueda. También su moto seguía aparcada en el estacionamiento hotelero y aunque solía moverse entre la India y Tailandia, las autoridades comprobaron que no había salido de Indonesia, con más de 17.000 islas.
"Frustrante, indignante, decepcionante... Así ha sido toda la gestión del caso de Matilde Muñoz, desaparecida hace dos meses en Lombok", relata Ana Jorba, una de las amigas de Mati Muñoz. "Llamamos, escribimos, contactamos en la búsqueda con Embajadas. Hemos hecho de investigadores, nos hemos devanado los sesos y ellos, ¿qué han hecho?", afea Jorba a las autoridades.
Por 155 euros
El pasado sábado 30 el caso dio un giro macabro y confirmó las peores sospechas. El cadáver de la mujer gallega apareció sepultado a poca profundidad bajo la arena de la playa de Batu Bolong, a escasos metros del hotel. Pocas horas después, eran detenidos dos hombres de 34 y 30 años. Ambos vecinos de la isla y vinculados al hotel.
El primero todavía trabajaba allí y el segundo había sido despedido, supuestamente, por un robo anterior en un establecimiento que carecía de cámaras de seguridad. Ambos habrían confesado el crimen, según informa Efe citando a las autoridades de aquel país. ¿El botín? Unos tres millones de rupias. Al cambio, 155 euros y una tarjeta de débito con la que no pudieron operar.
De acuerdo a su relato, entraron por la ventana del bungalow con la intención de robar a la septuagenaria. Cuando ella los sorprendió, la asfixiaron y envolvieron su cuerpo en una sábana y lo abandonaron en un cuarto de almacenaje. Tardaron unos días en decidir qué hacían con ella y se deshicieron del cadáver cubriéndolo con un poco de arena de una playa cercana. Y callaron. Hasta que fueron detenidos. Fue su confesión lo que condujo a la policía hasta el lugar donde estaba el cuerpo de Matilde.
Están acusados de asesinato premeditado y de robo con violencia. La geolocalización del móvil de Mati reveló que lo habían vendido días atrás en el mercado negro. El cadáver de la ferrolana fue trasladado al Hospital Bhayangkara, para la autopsia, que determinará la causa y circunstancias de la muerte. Después, será repatriado.
A los amigos de Matilde Muñoz Cazorla, Mati, empezó pronto a extrañarles que la mujer, viajera, activa y vivaracha, no contestase a sus mensajes de WhatsApp. Primero los recibía, pero pronto quedaron en el limbo virtual. Mati nació en Ferrol (A Coruña) aunque residía en Palma de Mallorca. Exazafata y profesora de yoga, tenía 72 años y viajaba sola la mitad del año, con las rentas de alquilar su vivienda en la temporada turística.