Hace unos pocos años, el turista en Vigo era una rara avis. En la actualidad, constituye un fenómeno masivo queen fechas como la Navidad pone la ciudad patas arriba. Tanto es así que el alcalde socialista, Abel Caballero, ha iniciado los trámites para la implantación de una tasa turística, que servirá para corregir el impacto de los visitantes sobre servicios básicos, infraestructuras, espacios públicos y recursos naturales. Caballero desvincula su propuesta de los efectos nocivos del turismo, al plantearla como una "cooperación de los visitantes para el sostenimiento y el mantenimiento" de la ciudad, y minimiza su alcance: "Es el equivalente a tomar un café".
Fue una sorpresa que la propuesta de la tasa turística partiera del artífice de la eclosión de viajeros a la ciudad, con su incansable campaña promocional con la Navidad como mascarón de proa, pero el anuncio realizado hace un mes por Caballero comienza a tomar forma. El pasado viernes, la Junta de Gobierno municipal aprobaba el inicio de la tramitación del canon, que comenzará con una consulta pública. Según anunció el alcalde, se abrirá un período de 20 días para que el sector y los ciudadanos realicen sus sugerencias, antes de que el gobierno local comience a elaborar la norma. En todo caso, se sabe que el impuesto oscilará entre 1 y 2,5 euros por persona y noche, dependiendo del tipo de establecimiento, para contribuir a los gastos en los que incurre la ciudad para prestar servicios turísticos.
Vigo sigue así los pasos de Santiago y A Coruña, que no han tardado en acogerse a una posibilidad contemplada en la ley de medidas fiscales y administrativas de Galicia de 2024, que prevé la creación de un impuesto turístico de carácter autonómico como un tributo propio de la comunidad autónoma, aunque ambas ciudades han aplazado su cobro hasta después del verano.
Su aplicación práctica depende de los ayuntamientos, a los que se les otorga la posibilidad de establecer un recargo municipal. La ley autonómica establece cuatro tarifas según la categoría: 1 euro para albergues, campings y apartamentos turísticos; 1,5 euros en pensiones y hoteles de 1 y 2 estrellas, 2 euros para viviendas de uso turístico y hoteles de 3 y 4 estrellas, y finalmente 2,5 euros en los hoteles de cinco estrellas. En el caso de Vigo, las cantidades se consensuarán con el sector, según aseguró Caballero, aunque confirmó que fluctuarán entre las señaladas por la normativa gallega.
Según datos municipales, Vigo cuenta con más de 17.500 plazas de alojamiento, de las que más de 11.100 se corresponden con viviendas de uso turístico, frente a unas 6.400 en hoteles, pensiones y otros establecimientos. Tanto en Vigo como en A Coruña, la tasa también será de aplicación para los cientos de miles de cruceristas que desembarcan cada año de los trasatlánticos que hacen escala en Galicia, aunque en el caso coruñés no entrarán en vigor hasta 2026. El pasado año, el puerto de A Coruña recibió a más de 400.000 cruceristas, mientras que en el de Vigo superaron los 215.000. De acuerdo con la ley gallega, los ayuntamientos pueden cobrarles un máximo de 1,50 euros por día.
Opiniones divididas
El anuncio de la tasa Vigo ha dividido al sector de la hostelería. Según afirmó el regidor vigués, la idea partió de la Asociación de Hostelería de Vigo (Ahosvi), que, por lo tanto, es partidaria de una rápida aplicación. Otros colectivos del ramo, como la Federación Provincial de Turismo (Feprotur) o el Clúster de Turismo de Galicia se oponen, por considerar que solo beneficia a la administración, supone más gestiones administrativas sin contraprestaciones y puede desincentivar la llegada de visitantes.
En el campo de la política, el PP se ha pronunciado con tibias críticas al impuesto. Su presidenta local, Luisa Sánchez, sostiene que solo hay masificación durante la Navidad, periodo en el que, dice, los turistas suelen realizar visitas de un día sin pernoctación, por lo que ha restado incidencia a la medida, que en todo caso no ha descartado apoyar. El BNG, mientras, reaccionó a la iniciativa del alcalde atribuyéndose la apertura de ese debate, cuando en octubre de 2024 reclamó el encargo de unestudio técnico de la Universidad de Vigo para garantizar que el turismo contribuya a cubrir gastos que actualmente asumen los vigueses y frenar la proliferación de pisos turísticos. La división llega también al terreno de lo social, al existir asociaciones vecinales y colectivos de vivienda que consideran la tasa un "parche" que no aborda problemas reales como el acceso a la vivienda.
El alcalde ha reaccionado a las críticas con apelaciones al "inmenso" turismo en la ciudad, que a su juicio obliga a aplicar un recargo para el mantenimiento de las actividades y servicios que Vigo ofrece. Caballero recordó que la ciudad organiza eventos como la Navidad, la Reconquista, el Marisquiño o los conciertos de Castrelos, "y todo esto es gratuito en Vigo". "Por tanto, parece muy razonable que los visitantes que tienen todas estas prestaciones gratuitas hagan una contribución que es el equivalente a tomar un café", apunta. El alcalde descarta además que tenga un efecto disuasorio: "¿De verdad se creen qué alguien va a dejar de venir a Vigo por un euro y medio?"
La Xunta no ha entrado a valorar de momento la nueva tasa, que es de hecho una posibilidad abierta por la ley autonómica, que establece además que la recaudación deberá destinarse en un 80 % a inversiones y gastos vinculados a la promoción, impulso, protección, fomento y desarrollo del turismo sostenible.
Hace unos pocos años, el turista en Vigo era una rara avis. En la actualidad, constituye un fenómeno masivo queen fechas como la Navidad pone la ciudad patas arriba. Tanto es así que el alcalde socialista, Abel Caballero, ha iniciado los trámites para la implantación de una tasa turística, que servirá para corregir el impacto de los visitantes sobre servicios básicos, infraestructuras, espacios públicos y recursos naturales. Caballero desvincula su propuesta de los efectos nocivos del turismo, al plantearla como una "cooperación de los visitantes para el sostenimiento y el mantenimiento" de la ciudad, y minimiza su alcance: "Es el equivalente a tomar un café".