"Una cacería brutal e inhumana que no soltó a su presa": crónica del salvaje ataque a Samuel Luiz
Arranca el juicio contra cinco chavales de A Coruña acusados de matar a golpes al joven en 2021. "Crueldad extrema", señala la Fiscalía. Las defensas aducen que habían bebido y niegan homofobia. Seis mujeres y tres hombres dictarán sentencia
“Una cacería brutal e inhumana sobre Samuel Luiz”. Una "manada" al grito de "puto maricón y maricón de mierda" contra un joven tan desprevenido como indefenso, que fue la presa aleatoria de un grupo de personas “plenamente conscientes”, que lo persiguieron como una jauría furiosa "que no soltó a su presa hasta que cayó desplomado". Lo mataron a golpes tras una noche de fiesta en el paseo marítimo de A Coruña. Un linchamiento a la vista de todos a pie de playa. Fue la madrugada del 3 de julio del 2021.
Este miércoles arrancó en la sección primera de la Audiencia Provincial de A Coruña el juicio por el asesinato de Samuel Luiz. Cinco acusados, 84 testigos y un jurado popular -seis mujeres y tres hombres- que tienen por delante un mes de testimonios, informes y pruebas para dictaminar el grado de responsabilidad de cada uno de ellos para los que la Fiscalía, la acusación particular (familia) y la popular (colectivo LGTBI-Alas) piden condenas de 22 a 27 años por asesinato con alevosía y ensañamiento, al que suman el delito de odio por su orientación sexual.
El crimen conmocionó a España por su extrema violencia, su carga homofóbica y por la juventud de los agresores: siete chavales de A Coruña, dos de ellos menores de edad -se declararon culpables de asesinato en 2022 y cumplen tres años y medio en un centro tutelado- y otros cinco que entonces tenían entre 19 y 25 años.
No lo conocían. No tenían motivos. No habían cruzado ni una palabra. Lo molieron a patadas y golpes contra el asfalto porque Samuel Luiz, de 24 años, hizo una videollamada que molestó a Diego M. Fue este supuesto cabecilla “con ganas de gresca”, expulsado del local, peleado con su novia, quien se obcecó y pasó rápidamente de los insultos a los golpes iniciando una espiral de violencia contra Samuel Luiz que azuzó su entonces pareja, Catherine S. y a la que se unieron, sin preguntas, todos los demás.
“Mi cliente había bebido y confunde la llamada con una grabación”, expuso el letrado de Diego M., que junto a Alejandro F. y Kaio A. -también acusado de robar el móvil de la víctima-, son los tres varones en prisión provisional desde su detención, ahora en el banquillo de los acusados.
Sus defensas piden la libre absolución y meten el alcohol y drogas en su estrategia como atenuante, insistiendo en que no había intención de matarlo. Mientras, los abogados de Catherine S., y Alejandro M., ambos en libertad con cargos, juegan la baza de que no hay testigos "ni un solo fotograma" en las grabaciones que los señalen golpeando a la víctima.
“El mal está hecho. Samuel está muerto”, subrayó la fiscal, Olga Serrano, con una intervención muy contundente contra los cinco acusados a los que considera "coautores" del crimen con “una crueldad y deshumanización extrema”, como reflejó en su escrito de acusación. “Se nos dice que no querían matarle. Entonces, ¿qué querían? ¿Mandarle a la UCI, dejarle en silla de ruedas y romperle todos los huesos?", inquirió Esther Martínez, quien representa a la familia de Samuel Luiz.
¿Crimen homófobo?
La muerte de Samuel Luiz desató una oleada de protestas sociales sin precedentes. El colectivo LGTBI lo consideró un crimen homófobo que el jurado tendrá que determinar por mayoría, con 7 de 9 votos. Las defensas alegan que no hubo intención de matar ni ensañamiento por su orientación sexual e incluso niegan la participación activa de algunos de los encausados y piden que se les juzgue por separado.
"Diego no golpeó a Samuel porque fuese homosexual. Si estoy yo allí, me golpearía a mí. Estaría frustrado, borracho o lo que fuese, quería pelea", expuso Luis Manuel Salgado, abogado del acusado que inició la agresión que derivó en muerte. "Cómo lo matan y lo que dicen al matarlo tiene importancia", contraargumentó Mario Pozzo, que representa al colectivo LGTBI Alas Coruña, que pidió al jurado una sentencia ejemplar contra esta "manada".
Samuel Luiz había nacido en Brasil y vivía en España desde que apenas tenía un año, donde se asentó con su familia. Tenía fuertes convicciones religiosas, trabajaba como auxiliar sanitario y estudiaba para protésico dental. Era la primera noche de fiesta tras muchos meses de confinamiento y restricciones y lo festejó con una amiga por Riazor. Ambos charlaban por videollamada con otra cuando empezó la agresión alrededor de las tres de la madrugada.
150 metros de terror
La brutal pandilla lo persiguió unos 150 metros por el paseo marítimo donde Samuel se desplomó entre patadas en la cara y el cráneo, al tiempo que formaban un círculo para impedir que lo auxiliaran y tan solo cesaron el ataque cuando notaron que el joven yacía inmóvil. Samuel llegó con un hilo de vida al hospital, pero falleció antes del amanecer. El informe forense señala múltiples traumatismos, edemas y hemorragias como causa de la muerte.
Durante los 15 minutos que duró la cacería, tan solo dos personas -además de la amiga y testigo clave- trataron de ayudarlo. Fueron dos jóvenes senegaleses: Ibrahima Diack y Magatte Ndiaye, dos migrantes sin papeles de Senegal que también recibieron algunos golpes. Mañana ambos, recompensados con un permiso de residencia, están citados a declarar en la sesión del juicio en la que también tomarán la palabra dos de los cinco acusados.
El calendario de pruebas y testimonios se alarga hasta el 18 de noviembre, cuando está previsto que concluya el juicio.
“Una cacería brutal e inhumana sobre Samuel Luiz”. Una "manada" al grito de "puto maricón y maricón de mierda" contra un joven tan desprevenido como indefenso, que fue la presa aleatoria de un grupo de personas “plenamente conscientes”, que lo persiguieron como una jauría furiosa "que no soltó a su presa hasta que cayó desplomado". Lo mataron a golpes tras una noche de fiesta en el paseo marítimo de A Coruña. Un linchamiento a la vista de todos a pie de playa. Fue la madrugada del 3 de julio del 2021.