Euforia en la frontera del Miño después de tres meses de aislamiento
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Euforia en la frontera del Miño después de tres meses de aislamiento

25.000 trabajadores transfronterizos respiran aliviados por una medida de alcance todavía incierto. El cierre les ha supuesto un gasto mensual en transporte de entre 200 y 300 euros

placeholder Foto: Control transfronterizo entre Portugal y España. (EFE)
Control transfronterizo entre Portugal y España. (EFE)

Se acabaron las restricciones en la frontera con Portugal. Tres meses después de que el Gobierno luso decretara el cierre fronterizo, a las 0:00 horas del 1 de mayo (la 1 de la madrugada en España) los coches volvieron a cruzar libremente por los distintos puentes que unen la provincia de Pontevedra con el país vecino, en lo que constituye una de las eurorregiones más permeables. Decenas de miles de trabajadores acogieron la noticia con euforia: los que tienen su residencia y su puesto de trabajo separados por el Miño, que han vivido durante todo este tiempo un auténtico calvario en sus desplazamientos diarios. Es una buena noticia también para la economía local, especialmente para el comercio, con la recuperación de clientes de uno y otro lado del río.

Una gran pancarta con el mensaje 'European Union, help, open the border' cuelga desde hace semanas en el puente entre Salvaterra y Monçao. Es uno de los muchos que se cerraron total o parcialmente durante el confinamiento fronterizo, lo que ha obligado a los trabajadores a dar un gran rodeo para llegar a sus fábricas y oficinas. Portugal tenía que hacer frente aquel 31 de enero a un covid desbocado, pero la situación había mejorado tanto que la presión sobre el Gobierno de Portugal para que abriera se acentuó en las últimas semanas. Hace solo cuatro días, su primer ministro, Antonio Costa, lo descartaba a corto plazo. Lo hizo en Valença de Minho, en la frontera, en una visita en la que fue recibido con silbidos y abucheos por cientos de compatriotas que exigían el fin de la separación.

El pesimismo que cundió ese lunes no tardó en desvanecerse. Un día después, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, anunciaba la conclusión del estado de emergencia para el 1 de mayo, aunque tardaría otros dos días en confirmar que la medida implicaría el levantamiento de las restricciones en la frontera. “Fue una alegría inmensa, lo de estos tres meses ha sido una pesadilla”, reconoce Carmen, gallega de Tomiño que trabaja en una fábrica de Valença. “Lo que normalmente es un desplazamiento de 7 minutos se convierte para mí en uno de 20, pero en realidad es peor, tienes que salir casi una hora antes de casa porque no sabes si te vas a encontrar un atasco”. Pero existen casos peores. “Hay gente de Salvaterra que trabaja en Monçao, que está a solo un minuto, y tiene que dar todo el rodeo por Tui, que son 40 minutos más las retenciones. Y a la vuelta, lo mismo”.

Foto: Un grafiti en el cartel que delimita la frontera entre Lugo y El Bierzo. (Wikimedia Commons)

La repercusión no es solo en tiempo e incomodidades. Un estudio realizado durante el cierre de la primera oleada, la pasada primavera, y dirigido por el profesor de la Universidad de Vigo Francisco Xavier Martínez Cobas, cifró el incremento del gasto mensual solo en transporte en entre 200 y 300 euros para cada uno de los 25.000 trabajadores transfronterizos estimados en la zona. Con el agravante de que se trata en su mayoría de operarios del sector industrial con salarios modestos. El informe, encargado por la Diputación de Pontevedra y la Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT) Río Miño, midió diversos efectos como tiempos de espera, caídas de facturación o incremento de gasto en combustible.

Los puentes internacionales de la provincia de Pontevedra concentran casi la mitad del tráfico entre España y Portugal a lo largo de toda la frontera, desde la desembocadura del Miño hasta Ayamonte (Huelva). En Galicia, desde el segundo cierre, solo han permanecido abiertos los pasos Tui-Valença y Salvaterra-Monçao, este último de 8:00 a 10:00 y de 19:00 a 21:00, que se suman a Verín-Chaves, en Ourense. Durante todo este tiempo, el tráfico transfronterizo en Pontevedra, especialmente intenso en horas punta, se canalizó por Tui, con controles de policías de los dos países.

“Cada vez que pasábamos teníamos que enseñar un salvoconducto emitido por la empresa, a la ida a la policía portuguesa y a la vuelta a la española, con los consiguientes atascos. Al final, hasta nos hicimos amigos de los agentes portugueses que nos paraban a diario, ¡incluso nos despedimos con emoción el último día!”, cuenta Carmen. Los que viven en la más populosa Tui no tuvieron que alterar su recorrido, pero también pagaron las consecuencias del colapso. “Durante estos tres meses he salido 45 minutos antes de casa, porque nunca sabes lo que te vas a encontrar”, relata Carlos, ingeniero que trabaja en una empresa de Paredes de Coura.

Foto: Foto: Adega.


Si la reapertura estuvo rodeada de incertidumbre a lo largo de la semana, otro tanto ocurre con los criterios que se emplearán desde ahora, ya que Galicia permanece cerrada perimetralmente, hasta el punto de que existe una contradicción entre la interpretación de la Xunta y la que hace el Gobierno. El vicepresidente gallego, Alfonso Rueda, sostiene que los desplazamientos entre Galicia y Portugal estarán limitados a causas justificadas. El Ministerio del Interior, en cambio, considera que los cierres perimetrales de comunidades autónomas limítrofes con otros Estados no suponen el cierre de fronteras, por lo que está permitido el libre paso.

Para los alcaldes del Miño, la medida es una gran noticia, pero llega tarde. “El daño ya está hecho”, lamenta el teniente de alcalde de Tomiño, el nacionalista Uxío Benítez. “En esta zona, los pueblos nacieron y crecieron mirándose unos a otros. Cada uno de Galicia tiene su gemelo al otro lado del río. Se comparten familias, apellidos, guarderías, colegios o dotaciones deportivas y culturales”, detalla Benítez. El también subdirector de la AECT anunció que este organismo presentará un plan para reactivar económicamente la frontera. “En esta historia hay personas que fueron perjudicadas y también hubo un daño indirecto al territorio. Ahora se abre una nueva etapa, la de la justicia y la reivindicación para la reparación de los daños causados”, agrega el número dos de la AECT Río Miño.

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