Audiencia Provincial de Pontevedra

En libertad bajo fianza el acusado de traer a España un 'narcosubmarino' con cocaína

Indignación en las asociaciones contra la droga por la "inexplicable" libertad bajo fianza de Juan Carlos Santórum, presunto líder de una de las bandas más poderosas de Europa

Foto: El 'narcosubmarino' hundido en la ría de Aldán (Cangas).
El 'narcosubmarino' hundido en la ría de Aldán (Cangas).

La Policía estampó su nombre en dos de las operaciones contra la droga más mediáticas de los últimos tiempos. A Juan Carlos Santórum se le atribuyó el intento de introducir 3.000 kilos de cocaína en el submarino de fabricación casera que, en octubre de 2019, cruzó el Atlántico con la intención de descargar en las rías gallegas. También lo situó detrás del Karar, el buque interceptado a 300 millas de la costa de Galicia con 4.000 kilos de coca en sus bodegas el 28 de abril, en pleno confinamiento. El supuesto narco más buscado huyó pero no tardó en caer, aunque por poco tiempo. Apenas un mes después de su detención, la Audiencia Provincial de Pontevedra ha decretado su libertad con una fianza de 30.000 euros, para perplejidad e indignación de las asociaciones de lucha contra la droga.

"Es inconcebible", se queja Fernando Alonso, gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico. "La mayoría de los miembros de la banda están inexplicablemente en libertad, individuos cogidos casi literalmente con las manos en la masa, con evidencias aplastantes en su contra. No entendemos que las pruebas no sean suficientes". Santórum, considerado por los investigadores el líder de una de las bandas de lancheros más importantes de Europa, se declara inocente y reclama su libertad, que le fue concedida bajo fianza el 6 de octubre por la Audiencia Provincial, en contra del criterio de Policía, Vigilancia Aduanera, Fiscalía y el juzgado de Instrucción Número 3 de Vigo. No se librará tan fácilmente de la cárcel porque debe cumplir condena por revelación de secretos —que no por tráfico de drogas—, tras destaparse una trama con al menos dos agentes de la Guardia Civil a sueldo del clan que presuntamente lidera.

Juan Carlos Santórum Navazas (Pontevedra, 1980), vecino de Vilanova de Arousa, lleva en el radar policial desde hace años. Considerado el jefe de una banda dedicada a organizar alijos y descargas en planeadoras o lanchas rápidas, apareció como principal sospechoso de coordinar el frustrado desembarco de la droga que viajó del río Amazonas a Galicia en el interior del minúsculo batiscafo. Las pruebas en su contra parecían de mucho mayor peso en el Karar, incluidas conversaciones telefónicas en los días previos al apresamiento que apuntan a una descarga y en las que incluso clava el peso del alijo. En otras, el presunto capo ordena a sus hombres, según la policía, desistir del desembarco de la cocaína del narcosubmarino ante la vigilancia policial.

Con esas evidencias en la mano, al apresamiento en pleno confinamiento del buque de bandera togolesa le siguió una operación en la que cayeron otros miembros de los Santórum. No su líder, que se encontraba en libertad a la espera de confirmación de la sentencia por el asunto de la revelación de secretos. Huyó cuando dos policías encapuchados le cortaron el paso con la intención de detenerlo. Cuatro meses después se entregó a las autoridades, en lo que vendió mediáticamente como un acto de resignación ante la injusticia de las acusaciones en su contra.

Si su historia es rocambolesca, aquella entrega fue un vodevil. El sábado 5 de septiembre se presentó en el juzgado de guardia de Vigo, pero fue enviado de vuelta a casa porque "no constaba requisitoria alguna contra él". En el juzgado se comprometió a comparecer dos días más tarde ante la Audiencia Provincial de Pontevedra, y fue allí, en el parking de las dependencias judiciales, donde le detuvo la policía 20 minutos antes de la cita. "Es tremendo, menos mal que no se echó atrás y huyó de nuevo, aunque aquella detención de poco ha servido", lamenta el gerente de la fundación contra el narcotráfico.

Desde entonces, Santórum ha cumplido en la cárcel de A Lama un mes de los 27 que se le impusieron de condena, por lo que en otros seis podrá disfrutar de días de permiso y en mayo de 2021 optará al tercer grado, una situación que indigna a los colectivos de lucha contra la droga. "Es una aberración, transmite una sensación de absoluta impunidad y desmoraliza policías, jueces y ciudadanos que pelean para que gente así cumpla la condena que le corresponde", denuncia Alonso.

Las tesis de la Audiencia Provincial ya se barruntaban con la anterior liberación a finales de mayo de la decena de miembros del clan de los Santórum que habían sido detenidos, entre ellos su hermano Ricardo. Considera que las conversaciones incriminatorias no son determinantes y valora que su interlocutor en ellas es siempre la misma persona, otro de los detenidos que salió en libertad tras un mes entre rejas. El auto por el que queda en libertad bajo fianza valora "positivamente" que el presunto narco se entregara, lo que minimiza la posibilidad de fuga. Rechaza además la posibilidad de destrucción de pruebas incriminatorias y el arraigo familiar a su Vilanova natal.

La sección de la Audiencia Provincial se basa en una supuesta ausencia de motivación incriminatoria en los autos del Juzgado de Instrucción número 3 de Vigo, y pone en duda que las lanchas incautadas se fueran a utilizar para alijar droga, lo que, unido a la entrega en dos fases del presunto cabecilla de los Santórum, deja entrever la tensión entre ambas instancias judiciales.

Para las asociaciones antidroga, al presunto narco no le movía ningún tipo de estoicismo cuando se entregó en septiembre, sino la intuición de que la Audiencia lo dejaría en libertad. Con todo, lo ocurrido es difícil de entender. "No tiene explicación, porque a la luz del sentido común las pruebas son definitivas", opina Fernando. Alonso. "La policía lo define como el máximo responsable de una de las organizaciones más potentes de Europa para la introducción de cocaína", recuerda. El auto de libertad bajo fianza es un palo muy duro para estas entidades, de gran tradición en Galicia. "No queremos a este sujeto en la calle, si hay que cambiar la ley, hágase, pero esta benevolencia es un peligro y ejerce un efecto llamada para que otras organizaciones se instalen en nuestro territorio porque se sienten impunes".

Galicia

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