elecciones al parlamento gallego

El 'efecto Pontón': la cara amable del nacionalismo gallego plantará cara a Feijóo

La candidata se separa del estilo tradicional del nacionalismo gallego y le entrega sus mejores resultados desde la fundación del Bloque

Foto: La candidata del BNG, Ana Pontón. (EFE)
La candidata del BNG, Ana Pontón. (EFE)

El pasado 19 de enero, cuando apenas se hablaba de coronavirus y las elecciones gallegas se pronosticaban para el otoño, una Ana Pontón embarazadísima fue proclamada candidata a la presidencia de la Xunta. Terminada la votación, salió a la calle micrófono en mano y, subida a un cajón, se dirigió a sus simpatizantes. “Que nadie lo dude, vamos a hacer historia: vamos a dejar atrás esta década gris y a abrir un tiempo nuevo de la mano del BNG”, gritó. Dos días después daba a luz a su primera hija, Icía. Seis meses más tarde se cumplía lo de hacer historia. Al menos historia política en Galicia.

Puede que los debates televisados no cambien el voto de nadie, pero sirven para detectar liderazgos. Y el que organizó la Televisión de Galicia a principios de campaña dejó una sensación ampliamente compartida: que Ana Pontón (Sarria, Lugo, 1977) tiene madera de candidata. Es probablemente el fruto de una larga experiencia parlamentaria de esta licenciada en Ciencias Políticas que inició en 2004, o de un talante poco habitual en una formación como el BNG, que ha pecado tantas veces de tomarse demasiado en serio a sí misma. Frente al exceso de gestualidad de Beiras o la gravedad de los viejos referentes del nacionalismo gallego, Pontón es el sosiego y la cara amable. Sin perder la sonrisa ni la compostura, salió airosa del intercambio televisivo con Feijóo, todo un fajador.

Los resultados de este 12 de julio son efectivamente históricos para el nacionalismo gallego, y ponen fin a casi una década de travesía del desierto que se inició en 2012 con el abandono de Xosé Manuel Beiras, que se fue con los suyos tras ser derrotado en una asamblea nacional. Pontón, que milita en el Bloque desde los 16 años, observó desde su escaño en el Parlamento gallego cómo el fenómeno Podemos devoraba su espacio político tradicional, hasta que en 2016 dio un paso al frente, en lo que parecía la apertura de un período interino. Fue en vísperas de unas autonómicas llamadas a sellar el acta de defunción del Bloque, pero en las que aguantó el tipo con seis escaños. Solo un año después, aquella política joven pero ya curtida se revalidaba en la XVI Asamblea Nacional con el 98% de los votos.

Resultado de las elecciones (EC)
Resultado de las elecciones (EC)

El balance de su mandato es espectacular. En las generales de noviembre, el BNG logró volver al Congreso de los Diputados, un privilegio que había perdido en 2015 tras dos décadas de representación en la Cámara Baja. Su diputado, Néstor Rego, tuvo la habilidad de visibilizar al nacionalismo gallego en las negociaciones para la formación de Gobierno, una táctica que en el relato del BNG significa “situar a Galicia” en el panorama político, con logros como el prometido —y aún no cumplido— traspaso de la autopista AP-9 a la Xunta. El desgaste de socialistas y Podemos —núcleo central de Galicia en Común— por la crisis sanitaria ha hecho el resto, hasta entregar al BNG los mejores resultados en unas autonómicas desde su fundación.

La candidata del BNG a la Presidencia de la Xunta, Ana Pontón. (EFE)
La candidata del BNG a la Presidencia de la Xunta, Ana Pontón. (EFE)

Celosa de su intimidad, no ha sido hasta este abril que se la ha visto junto a su pareja, Alberte Blanco, compañero de formación política, en un acto previo a la campaña finalmente frustrada por la crisis sanitaria. Mucho más transparente resulta su carrera política, curtida inicialmente en Galiza Nova, las juventudes de la formación frentista, que lideró entre 2000 y 2003. Pasó a continuación a formar parte del Consello Nacional del BNG y, ya en 2004, del grupo del Bloque en el Parlamento de Galicia, un año antes de que su partido y el PSOE formaran un gobierno de coalición. Entre febrero y septiembre de 2012, en medio de la tormenta que en esos tiempos agitaba al nacionalismo gallego, un efímero paso por la portavocía parlamentaria permitió comprobar que Pontón esperaba su oportunidad.

El ascenso a la portavocía nacional del BNG, un cargo peculiar en una formación férreamente controlada por la Unión do Pobo Galego (UPG), de afiliación comunista, tuvo bastante de sorprendente: por primera vez una mujer en el cargo más relevante en el Bloque y, paradójicamente, también por primera vez un militante de la UPG. Frente a lo que venía siendo habitual con Beiras o el exvicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, esta vez la Unión se la jugaba con alguien de la casa. Un cambio de estrategia que resultó ganador.

Por primera vez una mujer en el cargo más relevante en el Bloque y, paradójicamente, también por primera vez un militante de la UPG

La escritora María Reimóndez, que publicó este año 'A semente, a árbore, a froita' ('La semilla, el árbol, la fruta', de Edicións Xerais), una larga entrevista con la candidata, la define como “una mujer joven, con muchos años de dedicación política a sus espaldas, que llevó al partido a experimentar una importante recuperación con un discurso renovado”. Es lo que llamaba, ya antes de este 12-J, el 'efecto Pontón', y que se nutre, detalla, “de la sororidad de las mujeres gallegas que buscan transformar la sociedad desde la enseñanza, la ecología, la escritura, el arte, el mundo laboral y científico y también la política”.

Es, en todo caso, una cara muy distinta a la de los antiguos líderes de la UPG, una organización a menudo tachada de hermética y hasta de antipática. Frente a ellos, Pontón ofrece una visión próxima y coloquial, una cara amable en un nacionalismo necesitado de ellas y al que, históricamente, las heridas le impedían entretenerse en lo que se consideraban veleidades.

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