el proyecto de descontaminación toma forma

El pueblo enterrado bajo una capa de veneno cancerígeno espera solución

La Xunta plantea por primera vez una alternativa para los cientos de miles de toneladas de lindano esparcidas por una extensa área de O Porriño

Foto: Imagen de Peter H en Pixabay.
Imagen de Peter H en Pixabay.

En O Porriño, muy cerca de Vigo, hay toda una comarca enterrada en lindano. Allí, una fábrica de Zeltia fabricó entre 1947 y 1961 un insecticida ya prohibido, que generó más de 1.000 toneladas de residuos especialmente tóxicos y cancerígenos. Fueron depositados en una finca sobre la que se levantarían viviendas sociales y dotaciones educativas y recreativas, pero la cosa no quedó ahí, porque los vecinos, ajenos a la peligrosidad del producto, lo recogieron con sus propias manos para emplearlo como plaguicida o para construir sus casas. Con aquella masa blanca que tan bien compactaba se asfaltaron caminos y se rellenaron baches en los lugares más insospechados. Y ahora, tantas décadas después, ahí sigue, a la espera de un proyecto de descontaminación que por fin comienza a tomar forma.

La posibilidad de afrontar la demandada limpieza del suelo aparece en el proyecto de ampliación y reforma de la planta de residuos industriales de As Somozas (A Coruña), presentado por una unión de empresas en la que participa la mixta Sogarisa. La concesionaria propone depositar en una nueva escombrera hasta 300.000 toneladas de tierras contaminadas con el producto tóxico, a propuesta de la Xunta. "La Administración autonómica está valorando la posibilidad de llevar a cabo en la zona de O Porriño una importante actuación de descontaminación de suelos con alto contenido en lindano", reza el documento. Es una operación demandada por los vecinos y por el Ayuntamiento de O Porriño, aunque el eventual traslado a As Somozas lo rechazan organizaciones ecologistas como Adega, que denuncian que la Xunta aún no ha cubicado el volumen y la toxicidad de esos residuos, ni ha elaborado el pertinente proyecto de recuperación.

Así lo reconoce el informe entregado en diciembre de 2017 por una consultora, por encargo de la Dirección General de Calidad Ambiental de la Xunta. Tras realizar una investigación analítica en la parroquia de Torneiros, la más afectada y en la que residen 4.000 personas, arroja conclusiones demoledoras. "El órgano competente de la comunidad autónoma puede asumir que el riesgo es inaceptable y en consecuencia declarar el suelo como contaminado", sentencia, al detectar toxicidad en los pozos que surten de agua supuestamente potable a las viviendas o en obras viarias incluso a dos metros de profundidad.

El informe revela por ejemplo la existencia de un elevado número de pozos, superior al registrado por la Cuenca Hidrológica Miño-Sil, y un número significativo de viviendas que superan los límites legales de compuestos de hexaclorociclohexano (HCH). También lo halla en aguas superficiales de charcas o canales de riego. Confirma asimismo la presencia de residuo "de alta pureza" en el material de los viales, con elevadas concentraciones hasta a dos metros de profundidad. En cuanto a los suelos, las concentraciones de HCH resultaron "muy superiores" a las admitidas, "llegando a superar 100 veces o más" los niveles de referencia establecidos.

El documento considera no obstante que es posible la descontaminación voluntaria del suelo sin la previa declaración de suelo contaminado, "mediante la presentación de un proyecto de recuperación voluntaria", aunque lo hace después de advertir que la información analítica disponible sobre suelos y aguas superficiales y subterráneas "no permite, en el momento actual, delimitar en superficie ni en profundidad la contaminación detectada, ni diseñar adecuadamente las actuaciones de recuperación". Con estas premisas, la consultora propone a la Xunta afrontar una investigación en detalle, con el doble objetivo de "cubicar la cantidad de residuo y suelo contaminado existente en los caminos, de cara a elaborar un proyecto de recuperación, y de delimitar la afección de suelos y aguas subterráneas en todo el entorno, derivada de la presencia de residuos en los caminos y de los vertidos o rellenos en las propias fincas".

El proyecto de ampliación y reforma de la planta de As Somozas advierte que el volumen real de tierras contaminadas en O Porriño no se conoce con exactitud. El destino más probable de las mismas, señala, será su eliminación en un depósito de seguridad de residuos peligrosos, por lo que considera "de vital importancia" que exista en Galicia una instalación de estas características, "para minimizar tanto los costes económicos de la eliminación de tierras, como los riesgos asociados a su transporte por carretera". El proyecto realiza una estimación de vida útil del depósito en el que prevé el este llegue a albergar hasta 300.000 toneladas de tierras con lindano.

A la espera del prometido plan de descontaminación, el polvorín cancerígeno reaparece ocasionalmente en la zona de Torneiros. La última vez fue en marzo del pasado año, cuando la Plataforma Antilindano denunció un vertido de hasta 750 toneladas de tierra con el producto tóxico, que había sido trasladada año y medio antes desde unos terrenos cercanos en los que se realizaron obras de saneamiento y abastecimiento de aguas. La construcción de un pequeño muro de contención permitió comprobar que un orificio de unos 20 metros cuadrados había sido cubierto con el material contaminado. El hallazgo avivó la indignación entre unos vecinos hartos de convivir con el veneno cancerígeno y provocó la convocatoria de protestas delante del Ayuntamiento.

O Porriño aparece en los mapas del cáncer como uno de los lugares con mayor incidencia de Galicia

El caso del lindano enfrenta al Ayuntamiento de O Porriño con la Xunta, hasta el punto de que el Gobierno autónomo se resistió a participar en la nueva comisión especial creada por la institución municipal. Constituida finalmente en febrero pasado, la crisis del coronavirus ha impedido que avance en su cometido. La alcaldesa socialista de O Porriño acusa a la Xunta de retrasar el plan de descontaminación, en tanto que el Gobierno gallego sostiene que el borrador de ese documento ya fue remitido al Ayuntamiento. La peor parte se la llevan los vecinos, a los que se les ha indicado que no usen el agua para los animales, ducharse o regar las huertas, y entre los que son habituales las dolencias respiratorias y hepáticas. O Porriño aparece en los mapas del cáncer como uno de los lugares con mayor incidencia de toda Galicia.

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