no quiere asumir riesgos

Portugal frena las aspiraciones de desescalada en la frontera con Galicia

La decisión del país vecino de prolongar el 'cierre' con España hasta el 15 de junio provoca frustración en las zonas de mayor intercambio

Foto: Control transfronterizo de la Policía Nacional en la frontera hispano-lusa en Feces de Abaixo (Verín). (EFE)
Control transfronterizo de la Policía Nacional en la frontera hispano-lusa en Feces de Abaixo (Verín). (EFE)

La desescalada en fases de la que ya disfruta parte del país no va a mejorar la súbita separación entre España y Portugal que supuso el confinamiento para el sur de Galicia. A medida que del lado español la cuarentena se relaja y las antiguas rutinas van regresando, más extraño se hace el cierre fronterizo en un tramo, el del río Miño, que concentra la mitad de los desplazamientos habituales entre los dos países. Portugal, que atraviesa la pandemia con muchos menos contagios y letalidad que la mayoría de los países europeos, no quiere asumir riesgos, por lo que ha decidido prorrogar al menos hasta el 15 de junio las restricciones fronterizas.

La decisión supone un duro castigo económico y moral en una zona que siempre se caracterizó por una intensa permeabilidad. Municipios de Galicia y del norte de Portugal han anunciado este jueves que adoptarán medidas "contundentes y visibles" de protesta para exigir la apertura "urgente" de pasos en la frontera entre ambas regiones

El Gobierno luso pasó el pasado 3 de mayo del estado de alarma al de 'calamidad nacional', un grado menos restrictivo, pero eso no significa que vaya a relajar el control en la frontera. Si en un inicio bloqueó la mayoría de los pasos hasta el 14 de mayo, ahora ha decidido que al menos hasta dentro de un mes la situación permanecerá como hasta ahora: con la apertura de solo dos de las seis vías de comunicación existentes a lo largo de todo su límite con Galicia. Una de ellas, entre Verín y Chaves, en una zona de notable intercambio entre los dos países, pero mucho menor en todo caso que la de Tui y Valença de Minho, donde se encuentra el otro puente abierto.

La habilitación de esa única vía en una área geográfica abundante en pasos sobre el Miño supone un duro revés para miles de personas que cruzan a diario por tener su empleo al otro lado de la frontera, que se ven abocados a rodeos de hasta 200 kilómetros para acudir a trabajar. Es la distancia que tiene que recorrer, por ejemplo, los vecinos que se trasladan entre Arbo y Melgaço, dos localidades conectadas por un puente de 300 metros, actualmente cerrado al tráfico de vehículos.

Las dificultades para cruzar la frontera serán más notables a medida que se ponga en marcha la fábrica viguesa de PSA Peugeot Citroën, que esta misma semana ha empezado a retomar el ritmo de producción, ya que son abundantes las empresas auxiliares de la automovilística radicadas del lado portugués de la frontera, que dan empleo además numerosos españoles.

La decisión del Ejecutivo portugués supone el cierre de los puentes de Tomiño, Arbo y Salvaterra y de uno de los dos de Tui. Los municipios afectados han urgido la reapertura de algún otro paso con el mismo control que en el de Tui. El malestar entre los alcaldes de los ayuntamientos afectados va en aumento, y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, instó a Pedro Sánchez en una videoconferencia con otros presidentes autonómicos a negociar para que se permitan pasos “más permeables”. Pero el Ejecutivo de António Costa no está por la labor de intensificar los contactos con España, aunque la decisión tenga un notable impacto en la economía del norte del país.

Feijóo realizó esta petición después de que distintos alcaldes manifestaran la urgencia de restablecer la situación fronteriza anterior para reactivar la economía. Ya el pasado 28 de abril, regidores españoles y de Portugal firmaron una declaración conjunta para solicitar su implicación en la reclamación de medidas urgentes que permitan facilitar la movilidad de trabajadores, que fue enviada al presidente gallego. El director de la Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT) Rio Minho, Uxío Benítez, se sumó a esas reclamaciones y solicitó una reunión "urgente" con el titular de la Xunta para analizar las consecuencias del cierre fronterizo. Benítez le instó a adoptar un “papel importante” en esta situación.

Las consecuencias del cierre serán trasladadas a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a través secretario general de la Asociación de Regiones Fronterizas Europeas (ARFE), Martín Guillermo Ramírez, que se comprometió con Benítez a informar detalladamente a la presidenta de la CE del gran impacto económico del cierre para los trabajadores de la zona, una de las de mayor movimiento de personas de toda Europa. Ramírez reclamó la apertura de más pasos de manera urgente y medidas y políticas de apoyo para paliar los daños en los sectores productivos.

El director general de Relaciones Exteriores y con la Unión Europea de la Xunta, Jesús Gamallo, también ha reclamado oficialmente “flexibilizar de forma gradual” los controles fronterizos, teniendo en cuenta la particular permeabilidad de la frontera del Miño, la incidencia sanitaria de la pandemia a ambos lados del río y la relevancia de las 'eurociudades' en la recuperación económica a corto y a medio plazo. Así lo manifestó en una reunión telemática del Comité Europeo de las Regiones, convocada para tratar la libertad de movimiento de los ciudadanos dentro de la UE.

La prórroga del cierre fronterizo fue aprobada por el Consejo de Ministros luso “atendiendo a la evolución de la situación epidemiológica en Portugal y la Unión Europea y a las medidas propuestas por la Comisión Europea”. Tal y como aparece en el Diario de la República de Portugal, su objetivo es “garantizar la seguridad interna a través de medidas adecuadas que contengan las posibles líneas de contagio”, con medidas que incluyen el control “temporal y excepcional” de personas en las fronteras.

En total son nueve los puntos abiertos entre la desembocadura del Miño y Ayamonte, que quedan supeditados además a nuevas prórrogas que se irán revisando cada 10 días. De acuerdo con los datos facilitados por las autoridades portuguesas, tras el cierre, decretado el 17 de marzo por consenso entre los dos países, el intercambio de personas durante la tercera prórroga del estado de alarma creció en un 30%, con 64.862 pasajeros entre los nueve puestos fronterizos. De ellos, se calcula que unos 30.000 entraron en Portugal por Galicia.

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