“La situación es penosa”

1,2M de besugos en jaulas y sin comida desde noviembre por la crisis de una pesquera

La empresa carece de recursos para alimentar a los peces. La Xunta sostiene que la situación es de normalidad, pero estudia una solicitud para liberar los animales

Foto: Jaulas marinas de Oleiros.
Jaulas marinas de Oleiros.

El concurso de acreedores de la pesquera Isidro 1952 tiene en vilo a sus 233 trabajadores, pero hay 1,2 millones de besugos que también sufren las consecuencias de su crisis. Son los que se crían en la planta de acuicultura marina de Lorbé (Oleiros, A Coruña), ejemplares de entre ocho meses y cuatro años que llevan desde noviembre, en el mejor de los casos, sin recibir su alimentación habitual. Se nutren únicamente de lo que el mar arrastra hasta las jaulas, básicamente crustáceos de muy pequeño tamaño, insuficientes para el normal desarrollo de los ejemplares. “La situación es penosa”, lamenta un cuidador. La Xunta, que ha inspeccionado las instalaciones, habla de “normalidad”, pero estudia liberar los peces.

La refundada Isidro de la Cal, empresa de procesado de pescado fundada hace casi siete décadas, que se reestructuró hace seis años como Isidro 1952, venía capeando las dificultades económicas con un nuevo modelo económico. Abandonó el pescado fresco, que en su día la convirtió en una de las principales firmas del sector en Galicia, para comercializar elaborado el producto que cría en distintas piscifactorías marinas y continentales, básicamente rodaballo, trucha y besugo. El auge del sushi pareció darle vida, para convertirse en una de las mayores plantas de procesado de España, que desarrolla su propia línea al estilo japonés. Pero todo ese proyecto se estampó contra la cuenta de resultados, que la llevó al concurso de acreedores y a un ERE, presentado a finales de 2019, con despidos para el 60% de la plantilla.

Primero se redujeron las cantidades y después se eliminaron por completo. "En el mejor de los casos, no reciben alimento desde noviembre"

Entre huelgas y movilizaciones, las tensiones de tesorería de la compañía tuvieron consecuencias inmediatas no solo para los trabajadores, que llevan varios meses sin cobrar sus nóminas. También para el pescado. En el criadero de Valdoviño, ya no crecen alevines. Los últimos que llegaron a las jaulas marinas de Oleiros datan de noviembre. Allí hay ejemplares que llevaban varios años con un régimen de pienso de hasta dos tomas diarias. A partir del pasado verano, la comida empezó a escasear. Primero se redujeron las cantidades y después se eliminaron por completo. “En algunas jaulas llevan desde septiembre sin alimentación. En el mejor de los casos, no reciben alimento desde noviembre. En ese mes, se dejó de realizar cualquier tipo de aportación”, precisa Iván Peón, delegado sindical de la piscifactoría de Oleiros.

Jaulas marinas de Oleiros.
Jaulas marinas de Oleiros.

La Xunta realizó dos inspecciones en el criadero de besugos, una el 1 de enero y otra una semana más tarde. Las comprobaciones fueron realizadas por el Servicio de Guardacostas, en colaboración con la Policía autonómica, y en ellas “se constató una situación de normalidad en cuanto al estado de los peces”, señala la Consellería de Mar. El Gobierno gallego añade que está manteniendo “un contacto fluido” con la empresa y analizando “distintas opciones para preservar el buen estado” de los animales. Una de ellas es la solicitud de la empresa para liberar los peces, rechazada por el comité de empresa, pero el departamento autonómico todavía no ha dado su autorización.

Los trabajadores que están en contacto diario con los besugos discrepan de la visión de la 'consellería' sobre el estado de los animales. Aunque descartan casos de canibalismo generalizado, aseguran que cuando hay una baja los restos son rápidamente devorados por los demás peces de la jaula. El tamaño de los ejemplares es notablemente inferior del habitual, se los ve “totalmente debilitados” y ya no tienen el comportamiento huidizo que les caracteriza. “Cuando se mete la mano en el agua, se acercan inmediatamente todos los ejemplares a la expectativa de comida”, relatan. Una comida que ni llega ni se espera.

Aunque descartan casos de canibalismo, aseguran que cuando hay una baja, los restos son rápidamente devorados por los demás peces

Es una situación “de angustia total”, señalan los empleados de Isidro 1952 en el criadero de Lorbé, en el que llegaron a crecer besugos en hasta 46 jaulas. De ellas, 13 ya no están operativas, y es en las otras 33 en las que se reparten los 1,2 millones de ejemplares que aún viven en la planta. De los 35 trabajadores que los atendían, solo queda uno por planta. “Estamos todos esperando una decisión de la Xunta, o alimentarlos o liberarlos, porque si no se toma una de esas dos medidas, van a acabar muriendo de forma muy lastimosa”, alerta un cuidador.

Jaulas marinas de Oleiros.
Jaulas marinas de Oleiros.

Los ejemplares que llegan a la planta de Cambre lo hacen después de adquirir un peso aproximado de cuatro o cinco gramos en el criadero de Valdoviño, ya cerrado. Es un tamaño que tardan entre cuatro y cinco meses en adquirir, para después desarrollarse en el criadero marino durante unos cuatro años, cuando alcanzan un peso óptimo para su comercialización, de entre 400 y 600 gramos, aunque su ciclo vital es superior a los 15 años.

Cuando la plantilla inició una huelga indefinida, a principios de enero, la situación se volvió penosa también para los animales. Lo fue para truchas y rodaballos, entre los que se produjo una gran mortandad, según los sindicatos. Ya se han dejado de criar, y ahora la situación delicada es para los besugos en la única planta acuícola del mundo de esta especie, creada desde que en 1999 se lograra cerrar el ciclo biológico de esta especie.

Cuando la plantilla inició una huelga indefinida, la situación se volvió penosa para rodaballos y truchas, entre los que se produjo gran mortandad

Isidro 1952, que en los últimos años ingresó hasta 20 millones de euros de ayudas de la Xunta, acumulaba a finales de 2019 una deuda de 78 millones, según fuentes sindicales. La caída de ventas y el fracaso de las conversaciones con varios fondos de inversión para inyectar capital llevaron a la dirección a acogerse el 12 de septiembre al preconcurso de acreedores y a presentar un ERE sobre 136 de sus 223 trabajadores. El Juzgado de lo Mercantil número 1 de A Coruña aprobó esta semana la entrada en concurso de acreedores voluntario por la “crisis de liquidez” y “delicada situación financiera”. El Gobierno gallego, mientras, asegura que trabaja para "identificar posibles inversores" y “dar viabilidad” a la empresa, según aseguró el 'conselleiro' de Industria, Francisco Conde.

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