Media docena de fuegos activos

El invierno más seco da paso en Galicia a una oleada de incendios en pleno marzo

El fuego se desata después de una estación especialmente calurosa y con un déficit de precipitaciones de casi el 30%

Foto: El incendio forestal de Rianxo (A Coruña). (EFE)
El incendio forestal de Rianxo (A Coruña). (EFE)

Que el de los incendios es un fenómeno desestacionado se comprobó en Galicia en octubre de 2017, cuando, avanzado ya el otoño, se vivió la oleada más pavorosa de los últimos años. Esta primavera recién estrenada viene a corroborarlo, con media docena de fuegos activos y uno de ellos, el iniciado en Dodro (A Coruña), absolutamente descontrolado.

En total, son más de 1.000 hectáreas quemadas, situación que se suma a la igualmente inusual para esta época del año que se vive al sur de la frontera, en Portugal, donde el fuego también está causando estragos. Los especialistas interpretan esta tempranísima oleada en el contexto de un invierno especialmente seco, uno de los más calurosos y menos lluviosos en el noroeste de las últimas décadas, con unas precipitaciones hasta un 30% por debajo de la media.

El incendio de Dodro, extendido ya a Rianxo, trajo consigo escenas características de los peores veranos, con casas desalojadas por la proximidad de las llamas, cortes en la autopista y el cierre preventivo de un instituto y una escuela unitaria. El intenso viento complica las tareas de extinción de un fuego que a media tarde de ayer ya había devorado 850 hectáreas.

La Xunta activó el nivel 2 por la proximidad de las llamas a los núcleos habitados. Además de los medios que ya estaban alerta, se movilizó la Unidad Militar de Emergencias (UME), mientras que el Ministerio de Agricultura desplazó a la zona cuatro aviones anfibios, tres helicópteros y un avión de comunicaciones. Según la comunidad de montes de la zona donde se inició el fuego, este se originó por una chispa que saltó de una torre de alta tensión y que cayó sobre las hojas secas.

El intenso viento complica las tareas de extinción de un fuego de Dodro que a media tarde de ayer ya había devorado 850 hectáreas

Una simple chispa basta para desatar el caos en unos bosques que en Galicia lucen más secos que nunca a estas alturas del año. La comunidad autónoma vive estos días un tiempo casi veraniego, después de haber atravesado en invierno un déficit de lluvias del 27% respecto a los valores habituales para esta época del año. Según informó recientemente Meteogalicia, los valores medios recogidos fueron de 323 litros por metro cuadrado, mientras que las cifras más bajas de precipitaciones se dieron en Verín y en la comarca de Valdeorras, donde no se llegó a 50 litros por metro cuadrado.

La estación se caracterizó por unas temperaturas más elevadas de lo habitual, especialmente en lo que afecta a las máximas, con 0,73 grados más respecto a lo habitual, una desviación que, según la Consellería de Medio Ambiente, permite concluir que este invierno, con una temperatura media de 9,2 grados centígrados, fue cálido en el conjunto del territorio. En el caso de febrero, hay que remontarse hasta el año 2008 para encontrar temperaturas máximas y medias tan altas como las de este 2019.

Esta atípica oleada de marzo se produce horas después de que quedaran prohibidas en Galicia las quemas de restos agrícolas y forestales, por lo que también se suspendieron los permisos que ya habían sido concedidos. Se trata de una medida poco habitual a estas alturas del año, asumida por la Xunta ante el riesgo real de grandes incendios, como los que se produjeron, pese a todo, horas más tarde.

En los últimos días, cientos de hectáreas en Muras (Lugo), Chandrexa de Queixa o Lobeira (Ourense, en este caso, en pleno parque natural del Xurés) quedaron totalmente calcinadas por los primeros incendios del año, antesala del gran fuego de Dodro y Rianxo. A la sequía y al calor hay que sumar el desfavorable factor del viento, un noreste que aumentó claramente el riesgo y dificulta las tareas de extinción. En estos días, se están viviendo situaciones muy próximas al temido factor 30-30-30 (más de 30º de temperatura, menos del 30% de humedad y más de 30 kilómetros por hora de viento), que ayuda a la propagación de los fuegos más voraces.

De acuerdo con el servicio de la Comisión Europea, este año se han declarado ya en nuestro país 238 incendios, frente a los 104 del pasado año

Los problemas con los incendios de este año inusualmente seco se ven reflejados en las cifras provisionales del Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales (EFFI, por sus siglas en inglés), que revelan que, en lo que va de 2019, en España ya se han registrado más fuegos y más hectáreas quemadas que en todo 2018. De acuerdo con el servicio de la Comisión Europea, este año se han declarado ya en nuestro país 238 incendios, frente a los 104 del pasado año. En cuanto a las hectáreas quemadas, en solo tres meses ardieron 20.147, cuando en todo 2018 fueron 12.789.

El viento está siendo, en efecto, un enemigo de los contingentes de extinción en el principal incendio de Galicia, que comenzó a última hora del lunes en un monte de Dodro y se extendió después a Burés, en Rianxo. La columna de humo era visible al otro lado de la ría de Arousa y a muchos kilómetros de distancia, y aparece perfectamente identificada en las imágenes facilitadas por el satélite Terra (EOS AM-1) de la NASA. En las mismas fotografías, aparece también el humo del principal incendio que arrasaba este martes montes de la zona de Viana do Castelo, en Portugal.

Mapa de la NASA con los focos de incendio.
Mapa de la NASA con los focos de incendio.

El país vecino paga también las consecuencias del tiempo seco y cálido, como ya ocurrió en el fatídico 2017, cuando los incendios se descontrolaron en el mes de octubre. A lo largo de ese año, el fuego calcinó en Portugal 440.000 hectáreas y provocó la muerte de más de 100 personas. En esta ocasión, son al menos cinco los incendios que permanecían activos este martes en el norte del país, afectados por las altas temperaturas y los fuertes vientos.

Unos 180 bomberos combatían las llamas en Oliveira de Azeméis (Aveiro), donde se registró el más grave de todos ellos. El resto se distribuye por la zona de Braga. Al igual que en Galicia, las autoridades, en este caso Protección Civil (ANPC), habían alertado del riesgo derivado de las condiciones meteorológicas previstas.

El fuerte viento seguirá castigando los esfuerzos para sofocar las llamas en Dodro al menos hasta la tarde de este miércoles. Fuentes de Meteogalicia explicaron que la previsión apunta a que el viento se mantenga con unas características similares durante toda la jornada.

“Es un viento suficientemente intenso para una situación complicada”, explicaron en el organismo de observación meteorológica de la Xunta. En la zona afectada han pasado más de ocho días desde las últimas lluvias, una ausencia de humedad que actúa como “combustible” para los incendios.

En la zona afectada han pasado más de ocho días desde las últimas lluvias, una ausencia de humedad que actúa como “combustible” para los incendios

Buena parte de la zona castigada ahora por las llamas ya había ardido en la severa oleada de incendios del verano de 2006. Una considerable extensión del monte había sido repoblada en los últimos años, pero la zona afectada está dominada principalmente por plantaciones de pino y eucalipto, dos especies aliadas con la sequedad del terreno.

Las llamas también están afectado el entorno de la desembocadura del río Ulla, cerca de una zona de especial interés para el marisqueo, así como el lugar de interés comunitario (LIC) Ulla-Sar, de alto valor ecológico.

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