deslumbraba a las víctimas con su maserati

Juicio a 'Papuchi', el supuesto depredador sexual de Snapchat

Un conocido hostelero vigués afronta una petición fiscal de 54 años de cárcel por supuesto abuso de 18 menores, a los que deslumbraba con su mundo de yates y coches de lujo

Foto: Un agente de la Guardia Civil revisa un ordenador. (EFE)
Un agente de la Guardia Civil revisa un ordenador. (EFE)

Deslumbraba a los menores con su Maserati y con su yate, los invitaba a pizza en su restaurante y los sacaba de copas por la ciudad. Y cuando se ganaba su confianza, tiraba de Snapchat para compartir con ellos efímeras fotos de contenido sexual y animarlos a hacer lo propio. Así actuaba presuntamente Carlos V. I., conocido como 'Papuchi', el supuesto depredador sexual que estos días se sometió a juicio a puerta cerrada en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial en Vigo, acusado de cometer abusos sexuales sobre 18 menores entre 2015 y 2017. Se enfrenta a una petición fiscal de 54 años de cárcel y a la de hasta 123 de las acusaciones particulares.

La detención de 'Papuchi' en abril de 2017 provocó una gran conmoción en Vigo. Por la gravedad de los hechos que se le imputan y por la propia personalidad del acusado: un conocido hostelero, dueño de una pizzería en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, antiguo DJ y amigo de varios jugadores del Celta. La indignación fue creciendo a medida que se fueron conociendo detalles de la investigación y, sobre todo, cuando trascendió el elevado número de supuestas víctimas. El Ministerio Público fija en 18 el número de adolescentes supuestamente afectados, todas ellos entre los 13 y los 18 años de edad en la época. El abogado de un grupo de las víctimas sitúa la cifra de perjudicados en casi 25 y eleva varios de los delitos calificados de abusos por la Fiscalía a la categoría de agresión sexual. La defensa pide la libre absolución.

Todos los menores que han declarado ante el tribunal han ratificado las acusaciones. Entraban en contacto con el hostelero, de 43 años, a través de amigos comunes. Él les agregaba como amigos en las redes sociales y comenzaba el desagradable juego de las fotos. Les invitaba al restaurante que entonces regentaba, a su casa o al yate, donde les ponía vídeos de carácter pornográfico e intentaba realizarles tocamientos, en ocasiones con éxito.

El acusado, que salió de prisión tras pasar un año entre rejas, después de pagar una fianza de 30.000 euros, tuvo la oportunidad de cerrar un acuerdo a las puertas del juicio. Se le propuso que se declarara culpable, con lo que la condena se reduciría a 20 años de cárcel, de los que solo tendría que cumplir siete y medio. La conformidad fue negociada por la Fiscalía, las acusaciones particulares y la defensa. Cuando el abogado informó del planteamiento al procesado, este no lo aceptó. Afronta el juicio negándolo todo y declarándose inocente.

Se le propuso que se declarara culpable, con lo que la condena se reduciría a 20 años de cárcel

La instrucción del sumario la realizó el juzgado de Instrucción 6 de Vigo. La declaración de las víctimas, el volcado de teléfonos y ordenadores y las demás pruebas recopiladas permitieron a la juez instructora reconstruir la forma de operar de Carlos V. I. Su restaurante era su centro de operaciones, aunque muchos de aquellos niños acabarían presuntamente en su piso de la calle Hispanidad, cuyos vecinos se extrañaban ante semejante trasiego de adolescentes. En su pizzería gozaban de trato especial, bebidas alcohólicas incluidas. Se reunían en el reservado del restaurante, donde supuestamente los grababa, y también organizando quedadas sexuales en su casa a través de dos grupos de WhatsApp creados por él, uno de ellos de nombre nada discreto: "Lo más porno".

Según trascendió de la investigación, en el reservado del restaurante, había cámaras de seguridad que el dueño del local controlaba a través de una aplicación móvil. Allí grabó a algunos de los chicos mientras se masturbaban. A su casa, siempre según los investigadores, acudían en grupos reducidos. Les ponía vídeos pornográficos y les instaba a masturbarse en grupo. En ocasiones intentaba hacerles tocamientos. Solo paraba si estos le frenaban, aunque de acuerdo con la instrucción, no siempre era tan respetuoso con ellos. Al menos en una ocasión uno de los menores tuvo que pedir auxilio a uno de sus amigos cuando estaba en la casa de 'Papuchi', que se le había tirado literalmente encima sobre una cama, vestido pero fingiendo relaciones sexuales, según publicó en su día 'Faro de Vigo'. Entre ambos lograron reducirlo. A un menor que se negó a tocarle le despreció llamándole "pichacorta", mientras que a otro lo amenazó con revelarle cosas íntimas a su padre.

El juicio comenzó con el interrogatorio a Carlos V. I., que negó haber abusado de los menores. Aseguró, de hecho, que a varios de ellos ni siquiera los conocía. Del resto, afirmó que daba por hecho que eran mayores de edad —en contradicción con su declaración inicial ante la Policía Nacional—, para sostener además que su relación se limitaba a ser clientes de su restaurante. De acuerdo con su versión, no hubo contactos sexuales, ni envío de fotos íntimas, ni exhibición de vídeos pornográficos.

Durante la vista oral, 'Papuchi' aseguró desconocer por qué le acusaban de todos estos delitos, pero especuló con el caso de una de las supuestas víctimas, a la que había amenazado con denunciarlo por la desaparición de un reloj. Además de los 22 menores que declararon ante el tribunal, en el juicio también se conoció el relato de dos testigos de la defensa, dos chicos de la pandilla de las supuestas víctimas pero un par de años mayores, que relataron en la Audiencia que no vieron nada raro ni actos sexuales en el grupo.

Las pesquisas se desencadenaron a causa de las faltas al colegio de varios chicos, que eran recogidos a las puertas del centro escolar por el acusado

Menos favorable para sus intereses fue la declaración de los policías nacionales que investigaron los hechos, que revelaron que las pesquisas se desencadenaron a causa de las faltas al colegio de varios chicos, que eran recogidos a las puertas del centro escolar por el acusado. Carlos V. I. declaró inicialmente que conocía a los padres de los menores y al director del centro y que contaba con su permiso, una información que fue desmentida por las demás partes. Según los agentes, por el aspecto de los escolares se veía "a simple vista" que eran menores de 16 años y el acusado sabía su edad, el curso que estudiaban e incluso la categoría del equipo deportivo al que pertenecían varios.

El director del colegio manifestó lo mismo: que las ausencias en el centro y la presencia del lujoso Maserati que iba a buscar los puso alerta a los profesores, que previnieron a los padres. Las reiteradas indiscreciones de 'Papuchi' permitieron destapar el caso.

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