los últimos coletazos de una crisis

Galicia: las primarias de En Marea agudizan el riesgo de escisión

Denuncias judiciales y plante político tras la victoria del magistrado en excedencia Luís Villares frente a los barones, no reconocida por un sector de los críticos

Foto: Luís Villares. (En Marea)
Luís Villares. (En Marea)

En Galicia brotó el germen de la nueva izquierda rupturista, y en Galicia experimenta también los síntomas más claros de agotamiento. La amenaza de escisión es ya indisimulable en En Marea, un partido en el que el juez en excedencia Luís Villares acaba de renovar el mando tras un pulso a cara de perro con los barones de Podemos y Esquerda Unida y los alcaldes. La interrupción de las primarias por presunto pucherazo, las denuncias en el juzgado y el plante de los críticos a Villares en la constitución de la nueva dirección del partido, este mismo sábado, son solo los últimos coletazos de una crisis que se agiganta a medida que se acercan las elecciones municipales, y que pone en serio riesgo el excepcional éxito de los comicios de 2015.

Ahora parecen muy lejanas aquellas elecciones al Parlamento de 2012 en las que irrumpió Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) con un 14% de los votos y nueve diputados. Para muchos analistas, ahí empezó todo. Había pasado apenas un año del 11-M y en el equipo que lideraba Xosé Manuel Beiras figuraba un desconocido asesor llamado Pablo Iglesias. Fue, de alguna manera, la semilla de Podemos y de En Marea, que cuatro años más tarde se convertiría en segunda fuerza política de Galicia. Aunque han pasado apenas seis años, todo aquel entusiasmo ha sido sustituido por una intensa enemistad entre facciones y una rivalidad acérrima entre los partidos que forman parte del proyecto y hasta dentro del mismo partido, como se pudo comprobar en las recientes primarias de Podemos Galicia o entre los diputados de En Marea en el Congreso.

En el centro de las discrepancias aparece Villares, un juez en excedencia que fue cartel electoral de 2015 y al que los críticos acusan de apoderarse del partido. No ha cicatrizado todavía la extraña operación con la que hace un año amarró el cargo de portavoz con un sorprendente pacto con listas alternativas a la suya. Por encima de críticas a un modo de hacer política que muchos en En Marea estiman excesivamente complaciente y alejado del espíritu rupturista que se le supone al partido, o incluso de los recelos que Villares despierta entre los sectores menos afines al nacionalismo, aquella maniobra enturbió definitivamente el ambiente, al ser entendida por todos como una declaración de guerra.

Los opositores le estaban esperando en las cruciales primarias del pasado 1 de diciembre para elegir nueva dirección, pero todo lo que ha ocurrido desde entonces solo ha contribuido a enquistar las diferencias y a hacer asomar el fantasma de la escisión. Las elecciones, convocadas para nombrar a los 34 integrantes del nuevo Consello das Mareas, su máximo órgano de dirección, se suspendieron a las dos horas de que se abrieran las urnas digitales debido a una supuesta intrusión no autorizada en el censo. La votación se paralizó por orden del comité de garantías, afín a Villares, que denunció la presunta infracción por parte de una persona del comité electoral, controlado por los críticos. Minutos después, representantes de este organismo criticaban esa decisión y se erigían como único órgano con competencias sobre las elecciones, pero su intención de seguir adelante con el proceso no se pudo concretar.

Las elecciones se reanudaron finalmente el 22 de diciembre, y el resultado fue la sorprendente victoria de Villares con casi el 60% de los apoyos, frente al 40% obtenido por la lista del sector crítico, Entre Todas, encabezada por David Bruzos. “Esta nueva dirección tiene la mano tendida sin ningún tipo de duda ni doblez a las alcaldías y a todos los proyectos municipalistas”, expresó el portavoz Luís Villares tras la victoria, pero sus palabras están lejos de llevar la calma al partido, en el que, además de Podemos y Esquerda Unida, están representados la Anova de Beiras y hasta ocho agrupaciones ciudadanas, a las que pertenecen los alcaldes de A Coruña, Santiago y Ferrol.

Las presuntas irregularidades en el proceso se han saldado de momento con una auditoría interna y con al menos una denuncia judicial, presentada por el crítico Manuel Nogueira, miembro de la comisión de garantías, que considera que el proceso ha estado “viciado” y ha solicitado que se repitan las votaciones. “No acepto el resultado porque la plataforma tenía muchas fisuras de seguridad y no hubo una empresa contratada para supervisar un procedimiento dirigido por la coordinadora, que está siendo juez y parte interesada en todo el proceso electoral”, declaró Nogueira.

En realidad, las hostilidades, que nunca cesaron, se descontrolaron ya en octubre, en un plenario con bronca, insultos y conatos de pelea que acabó con una derrota más moral que práctica de Luís Villares. El portavoz llegó a comparar lo ocurrido en aquella cita con un golpe de Estado, pero se salió con la suya al imponerse en una única pero clave votación, y evitar así el sistema de listas abiertas para la elección del Consello das Mareas que trataban de aplicar los críticos.

Las presuntas irregularidades en el proceso se han saldado de momento con una auditoría interna y con al menos una denuncia judicial

El máximo órgano de dirección se constituyó finalmente el pasado sábado con un plante de los críticos. Solo los partidarios de Villares asistieron a la primera reunión, en la que no participaron los representantes Anova, Esquerda Unida y Podemos ni de los alcaldes de las tres grandes ciudades. Era su manera de denunciar las supuestas irregularidades en las elecciones. Pese al plante, Villares, reelegido portavoz, les tendió una mano una vez más y anunció la auditoría externa que le reclamaban. El Colegio de Ingenieros Informáticos de Galicia tendrá la última palabra sobre la limpieza del proceso.

De todo el sector reunido en torno a Entre Todas, Esquerda Unida –la federación gallega de Izquierda Unida– es quien mayor oposición hace a la victoria de Villares, al no reconocer la nueva dirección elegida en unas primarias “viciadas” e “irregulares”, con “ausencia de garantías jurídicas y democráticas”. Y sin embargo, anunció que EU continuará “trabajando en el espacio de una confluencia que debe construirse a partir de ahora en base a la fraternidad”. La fraternidad que presidió el nacimiento de AGE y En Marea, y que hace mucho tiempo que no se atisba en la vida orgánica de la izquierda rupturista gallega.

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