conflicto laboral en la fábrica de sargadelos

La lucha entre el dueño y una sindicalista pone en riesgo un icono de la cultura gallega

La plantilla de Sargadelos sacrifica a la delegada de UGT después de que el patrón anunciara 49 despidos y amenazara con dejar caer la histórica empresa

Foto: Fábrica de cerámica de Sargadelos.
Fábrica de cerámica de Sargadelos.

Un enconado conflicto laboral, que tiene mucho de enfrentamiento personal entre el actual accionista mayoritario y una delegada sindical, pone en peligro el futuro de la histórica fábrica de cerámica de Sargadelos, fundada en 1808 e icono del galleguismo del siglo XX. Un total de 49 empleados, la mitad de la plantilla de su principal factoría, en Cervo (Lugo), están amenazados de despido. En realidad, 22 de ellos ya tenían los dos pies fuera de la empresa, después de que el juzgado de lo social número 2 de Lugo desestimara la demanda que interpuso UGT para salvar los empleos. Sin ellos, el futuro de la planta era más que dudoso, pero el patrón se ha salido con la suya. Logró este viernes que la plantilla aprobase la revocación en su cargo de la sindicalista, e inmediatamente anunció que los despedidos volverían a sus puestos.

Medio siglo después de que fuera rescatada por la inagotable imaginación de Isaac Díaz Pardo y Luis Seoane, Sargadelos es una olla a presión que explotó este verano. Su dueño, Segismundo García, convocó a la plantilla el 17 de agosto para, en presencia de los medios de comunicación, anunciar por sorpresa los 49 despidos en el plazo de dos meses. La medida, aseguró, era consecuencia de las "amenazas" y "presiones" de la delegada sindical de UGT, Rogelia Mariña, que entró a trabajar en la fábrica a los 14 años, en 1974, y que este mismo año fue readmitida por sentencia judicial. Presidenta en su día del ya inexistente comité de empresa, Mariña era delegada de UGT, y en calidad de tal venía exigiendo una subida de sueldo para los contratados tras el concurso de acreedores de 2014, que les costó el puesto a 70 empleados. Avalaba su petición en la aparente buena salud de la compañía, que presume de haber superado la crisis a base de vender bolsos, manteles, joyas o bisutería.

García forzó una votación para revocar a Mariña y se salió con la suya: se aprobó por 45 votos a favor, 11 en contra, cuatro en blanco y uno nulo, en una jornada marcada por la tensión y en presencia de la Guardia Civil. UGT anunció que impugnará el resultado por irregularidades, la delegada se declaró “orgullosa” de haber sido apartada del cargo por defender los intereses de los trabajadores y García puso las cartas encima de la mesa: “Era o ella o yo”.

La olla a presión que es Sargadelos explotó este verano. Su dueño, Segismundo García, convocó a la plantilla en agosto para anunciar los 49 despidos

De un ERE emprendido en 2010, y que el Tribunal Supremo acabaría declarando nulo, arrancan muchos de los odios que dominan las relaciones laborales en Sargadelos. Son los nuevos empleados, contratados al calor de la mejoría experimentada por la empresa —aquellos para los que se pedía la subida de sueldos—, los primeros que aparecieron en la lista de despidos. "Lo correcto y lo justo sería rebajar el salario de todos los empleados en tanto las empresas no superen el convenio de acreedores, pero la ley no lo permite. Según el legislador y los sindicatos, es mejor cerrar las compañías", lamentaba con la socarronería que le caracteriza Segismundo García ante prensa y empleados aquel 17 de agosto, cuando anunciaba: "He decidido prescindir de los nuevos empleados con efecto inmediato... Doce abandonarán hoy ya sus puestos. No queremos que nadie se sienta explotado".

Seguismundo: "He decidido prescindir de los nuevos empleados inmediatamente. Hoy [por el 17 de agosto] abandonarán ya sus puestos"

La ácida ironía del dueño tenía un destinatario. Según la vertiente sindical, era un mensaje directo a Rogelia Mariña, que unos días después fue protagonista de una carta que comenzó a circular entre los empleados y suscrita por parte de la plantilla. Los firmantes exhibían en ella su apoyo a Segismundo García y reclamaban la dimisión de Mariña, a la que instaban a "repartir los 30.000 euros que consiguió por daños morales entre esos trabajadores nuevos que ella tanto quiere defender". Es la cantidad que deberá cobrar la veterana maestra decoradora después de que un juzgado de Lugo declaró nulo su despido. Para el entorno de la delegada sindical, el documento fue escrito por la dirección de la empresa y sometido a firma de los trabajadores bajo coacciones.

Mariña aún no ha cobrado esos 30.000 euros, correspondientes a los salarios dejados de percibir desde diciembre de 2016, cuando fue despedida, porque tanto la empresa como UGT —que reclama 40.000 más— han recurrido la sentencia en el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Y no es la única demanda cruzada en el irrespirable ambiente que preside Sargadelos. El mismo sindicato interpuso también una demanda de tutela de derechos fundamentales, en la que reclama 100.000 euros para el sindicato y otros tantos para Rogelia Mariña, actualmente con un permiso retribuido que el dueño de la empresa, deseoso de perderla de vista, le invitó a aceptar.

Una trabajadora pinta a mano un artículo de cerámica. (YouTube)
Una trabajadora pinta a mano un artículo de cerámica. (YouTube)

De momento, el juez ha denegado las principales pretensiones sindicales. Además de permitir que sigan adelante los despidos, el juzgado de lo social rechaza la petición de una orden de cese del "ataque directo o indirecto" contra Mariña y UGT. "Esta pretensión se ejercita de forma tan abstracta y genérica que, de dictarse, podría implicar incluso una vulneración del derecho de libertad de expresión", argumenta el juez. Su auto descarta también la paralización de la circular supuestamente promovida desde la dirección de Sargadelos, que responde únicamente al deseo de los trabajadores de "revocar de su representación" a Mariña. Y se pronuncia además el juzgado sobre la solicitud de la trabajadora de dejar sin efecto su permiso retribuido: "Ninguna razón tendría adoptar esta medida cautelar una vez concedido el permiso, sin que, en todo caso, conste oposición al mismo por parte de la trabajadora".

UGT interpuso una demanda de tutela de derechos fundamentales, en la que reclama 100.000 euros para el sindicato y otros tantos para Rogelia Mariño

Con su peculiar estilo, el dueño de la empresa amenazó con dejar caer la histórica compañía si los trabajadores no respaldan sus decisiones. Sin esos 49 empleados, sería difícil que la producción siguiera adelante. El 'ella o yo' del patrón decantó la balanza en su favor, y la mayoría de los trabajadores optó por sacrificar a su delegada sindical para alejar el espantajo del cierre.

Pero mientras está en el aire el futuro de la fábrica de Cervo, la vinculada a la cerámica que hizo famosa a la marca Sargadelos, para la de Sada (A Coruña) se anunciaban inversiones. En ese contexto se publicó el pasado 29 de agosto una ampliación de capital por importe de 345.481 euros, que eleva a 1,5 millones el capital total, lo que refuerza a Segismundo García como socio mayoritario. En esa aventura no lo acompañan otros socios como Camilo Díaz Arias, hijo primogénito y por tanto uno de los herederos del 'alma mater' de Sargadelos, Isaac Díaz Pardo. "Los demás socios no acuden porque no hay dinero", explica Díaz Arias.

Porque no solo contra los sindicatos libra su batalla el administrador único de la compañía. Los hijos del intelectual galleguista se han enfrentado en diferentes ocasiones a la persona que toma las decisiones en la empresa, posiblemente próspera con el negocio de los bolsos y la bisutería, pero en pleno ocaso como la marca cultural que un día fue.

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