Revolución en las verbenas gallegas tras la caída del rey de las orquestas
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angel martínez, conocido como 'lito'

Revolución en las verbenas gallegas tras la caída del rey de las orquestas

El sector, que mueve 50 millones de euros anuales, afronta una total transformación para dejar atrás un pasado de fraude generalizado

Foto: Revolución en las verbenas gallegas tras la caída del rey de las orquestas
Revolución en las verbenas gallegas tras la caída del rey de las orquestas

En apariencia, todo sigue igual: las orquestas reinan en las fiestas populares de Galicia. Es un fenómeno que solo quienes han presenciado pueden entender en toda su extensión. Combos multitudinarios sobre escenarios gigantes y miles de enfervorecidos seguidores incluso en las aldeas más remotas. Así es desde hace mucho tiempo el verano gallego, con Panorama y París de Noia como principales referentes. Pero entre bambalinas todo ha cambiado. Del escenario para atrás, 2018 es el año de la revolución en el negocio, obligado a reinventarse tras aflorar la jungla fiscal de la que se benefició su gran ideólogo, Ángel Martínez, 'Lito', principal responsable de un fenómeno popular que permanecía opaco para Hacienda.

Lito fue condenado en marzo a más de 12 años de cárcel por seis delitos de fraude fiscal cometidos en los ejercicios de 2011 y 2012. En abril fue absuelto en otro de los tres procesos abiertos en su contra, al considerar el juez que los registros que realizó la Agencia Tributaria en las oficinas de Representaciones Lito —sociedad de representación e intermediación—, en los que se encontró documentación que demostraba que era propietario de varias agrupaciones musicales, no respetaron las exigencias de la Ley de Enjuiciamiento Criminal. En todo caso, los hechos probados de las sentencias ya dictadas demuestran que las empresas del rey de las verbenas no se limitaban a actuar como “un mero representante entre orquesta y cliente”, sino que ofrecían el servicio completo de los espectáculos, y que solo facturaban oficialmente entre el 8% y el 10% del total de su volumen de negocio.

Foto: La caída de Lito, el rey de las verbenas: 12 años de cárcel y 36 millones a Hacienda

Se beneficiaba Lito de la particular naturaleza de las comisiones de fiestas, unas 6.000 en toda Galicia: entidades de personalidad jurídica difusa y que recaudan buena parte de sus fondos puerta a puerta, de forma opaca para el fisco. Cuando eran estas comisiones las que contrataban, el 90% de la cifra de negocio iba a la caja B. “Representaciones Lito no expedía facturas a las orquestas por su comisión ni estas, al estar opacas, al cliente final por el espectáculo ejecutado”. Era un “mecanismo defraudador” que permitió a Lito eludir el impuesto de sociedades, el IVA y el IRPF. Mientras la facturación oficial reflejaba, por ejemplo en 2012, un total de 1,9 millones de euros en 2011, su cifra real de negocio era de casi 24. Además de la pena de prisión, al empresario se le condenó a multas de 1,2 millones por el fraude en sociedades e IRPF y 17 millones por IVA, y como persona jurídica, a su empresa se le impusieron sanciones que superan los 20 millones de euros. Además, él y su compañía deberán indemnizar solidariamente a la Agencia Tributaria con 9,6 millones de euros más.

Con semejante condena, y a pesar del recurso ante el Supremo, se entiende que la última absolución sea un consuelo solo parcial. El universo de las verbenas gallegas estaba llamado a empezar de cero, y eso es lo que está pasando en la actualidad. Para empezar, Panorama, la gran estrella del verano gallego, los Beyoncé y Jay-z de las fiestas parroquiales, se ha cambiado de bando. La orquesta ha puesto en marcha su propio proyecto empresarial, a través de una empresa “absolutamente nueva”, señalan los miembros del combo, que se declaran “totalmente desligados” de Lito Martínez.

Ángel Martínez, 'Lito'.
Ángel Martínez, 'Lito'.

Más allá del valor simbólico del cambio en Panorama, la principal novedad en el sector es que ya no son las comisiones de fiestas las que dan de alta a los artistas, sino que lo hacen las propias formaciones, que pasan de funcionar como agencias de representación a trabajar como empresas que pagan sus impuestos y contratan a los artistas. Y otra novedad la constituye el rigor que empieza a extenderse por un sector acostumbrado a la opacidad. Se calcula que asciende a 46 millones de euros el dinero regularizado desde 2013, un periodo en el que Hacienda realizó inspecciones a más de 120 personas físicas y jurídicas y envió 1.500 cartas de aviso a comisiones de fiestas, orquestas, representantes y artistas. El volumen de operaciones sujetas a IVA se duplicó en los últimos años en un sector que mueve en Galicia en torno a 50 millones de euros anuales.

Otro de los cambios más notables es la entrada en vigor de un convenio colectivo específico para el sector, que lleva la firma de los principales sindicatos y de la mayoritaria Asociación Galega de Orquestras (AGO). Es una ventaja notable para los 5.000 trabajadores del sector en la comunidad autónoma, que ahora ven reconocidos algunos de los derechos más elementales, que, aunque parezca propio de otra época, no se venían reconociendo.

Las 4.000 fiestas populares que se celebran cada verano se la juegan en un nuevo escenario

Del acuerdo se descolgó la otra gran entidad del sector, la Asociación de Empresarios da Verbena Galega, que considera inasumibles las nuevas tablas salariales. El convenio establece un sueldo mínimo que varía en función del volumen de facturación de la empresa, pero también normaliza tipos de contratos, cotizaciones a la Seguridad Social por el salario efectivamente percibido, deducciones de impuestos, descansos semanales, vacaciones pagadas y licencias o permisos, bonos, pólizas de seguros y reconocimientos médicos periódicos, entre otros aspectos hasta ahora no regulados.

El de 2018 es también el primer verano con la ley de espectáculos públicos en vigor, lo que obliga a los organizadores de los festejos a contar con planificación de autoprotección y supervisión. El sector reclama flexibilidad a los ayuntamientos, para que las exigencias se rebajen en las fiestas menos concurridas para garantizar su supervivencia. Las 4.000 fiestas populares que se celebran cada verano en Galicia se la juegan en un nuevo escenario.

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