catástrofes medioambientales silenciosas

El polvorín cancerígeno que se esconde debajo de un pueblo de Vigo

Unas obras rutinarias en O Porriño hacen aflorar lindano, un producto altamente tóxico del que se diseminaron 1.000 toneladas hace 50 años

Foto: Iglesia de San Salvador, en Torneiros. (Ayuntamiento de O Porriño)
Iglesia de San Salvador, en Torneiros. (Ayuntamiento de O Porriño)

Una parte indeterminada de los 4.000 habitantes de Torneiros, a 17 kilómetros de Vigo, vive sobre una auténtica bomba de relojería. Son víctimas potenciales de una de esas catástrofes medioambientales silenciosas que apenas aparecen en los telediarios, mucho menos fotogénicas que un incendio o una marea negra, pero de un peligro equiparable. Porque los cimientos de muchas casas se hunden en un suelo preñado de lindano, un pesticida cancerígeno que se produjo de forma intensiva en una fábrica de la zona entre 1947 y 1964, lo que generó cientos de toneladas de residuos altamente tóxicos que se diseminaron por la zona. Medio siglo después, el veneno aflora por la apertura de una zanja en un camino, y el miedo al lindano se ha vuelto a desatar.

Torneiros, una parroquia de O Porriño, mantiene desde hace décadas una compleja relación con el lindano, un producto que una parte de la población parece no temer pese a haber sido declarado cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Durante casi dos décadas, entre 1947 y 1964, la empresa Zeltia, que lo comercializaba, depositó alrededor de 1.000 toneladas de vertidos –de una toxicidad equiparable a la del propio pesticida– en una finca cedida por el Ayuntamiento sobre la que años después se construirían viviendas sociales y dotaciones educativas y recreativas.

Imagen de una plaza de Torneiros. (Ayuntamiento de O Porriño)
Imagen de una plaza de Torneiros. (Ayuntamiento de O Porriño)

Pero ahí está localizada solo una parte del problema, porque el lindano se encuentra esparcido por muchas otras partes de O Porriño. No solo eso. En el pasado, los habitantes de la zona, ajenos a la peligrosidad del aquel producto blanquecino de aspecto inofensivo que confundían con caolín, lo recogieron con sus propias manos para aprovecharlo como plaguicida o para construir sus casas, y hasta la la Administración asfaltó caminos y rellenó baches en los lugares más insospechados empleando el temible pesticida que tan bien compactaba.

“Ese es el gran problema del lindano en O Porriño, que no se sabe dónde está. De repente, abres una zanja y aparece”, se lamenta la alcaldesa, Eva García. Es exactamente lo que ha ocurrido en el barrio de Contrasto, lejos del foco principal del vertido, donde unas obras de saneamiento han vuelto a levantar el peligroso producto. En cuanto se levantó el firme, varios vecinos empezaron a quejarse de malestar, sarpullidos e inflamaciones. Pese a los esfuerzos de las autoridades por no desatar la alarma, los análisis han confirmado los peores temores: los valores detectados superan hasta 1.000 veces el valor de referencia admitido en el agua de los pozos, de los que algunos llevan toda la vida abasteciéndome. “En mi caso, 20 años”, asume resignada Cristina Ferreira.

Como a otros seis titulares de pozos altamente contaminados, a Cristina le han reclamado no solo que no consuma el agua, sino que tampoco la use para el ganado, para regar la huerta o para ducharse. Pero el miedo al lindano en algunos es solo relativo. “¡Cómo no nos vamos a duchar con nuestra agua, si llevamos toda la vida haciéndolo! Y además somos cuatro en casa, no nos podemos lavar con botellitas”, exclama. En la vivienda de enfrente, Eva Duarte lo lleva con mayor angustia. “Desde que comenzaron las obras comencé a sufrir urticarias e inflamaciones en manos, labios, lengua, piernas…”, denuncia. Está a tratamiento de corticoides y antihistamínicos. Y el camino no lo pisa. Ni ella, ni ninguna de sus dos hijas, a las que lleva al colegio en coche para evitarles el paso por la zona afectada.

Entre finales de los años cuarenta y mediados de los sesenta, los residuos de lindano fueron transportados y depositados principalmente en una finca, denominada Gándaras de Torneiros, propiedad del Ayuntamiento de O Porriño y cedida a Zeltia. Tras finalizar la concesión, el terreno se utilizó como escombrera municipal, y sobre ella se construiría en 1975 un polígono de viviendas y en 1990 un circuito de cicloturismo.

Que la distribución de los residuos “abarca probablemente un área mucho más amplia que el inicial vertedero” ya lo alertaba un estudio realizado por la empresa Epitsa en 1999. “Esto incluye por una parte otros puntos donde la empresa también efectuó depósitos, por otra los movimientos de tierra que se realizaron con posterioridad, y por último los variados usos que el residuo de lindano tuvo en la zona”, relata el informe.

A los titulares de los pozos les han pedido que no consuman el agua, ni para el ganado, la huerta o para ducharse

Es tal la familiaridad de O Porriño y Torneiros con el producto que los niños juegan en el "parque del lindano", como es conocido popularmente el parque infantil de la zona. Está en un área donde, tras la alerta de 1999, se decidió realizar obras de encapsulado y el traslado de las tierras más contaminadas a una planta de tratamiento para ser inertizadas. En esa zona se levantaron varias fases de una urbanización de viviendas sociales, la inmensa mayoría de ellas todavía habitadas. “Hay innumerables casas y edificios que están encima del lindano. Es un problema muy difícil de solucionar”, admite la alcaldesa, que reclama a la Xunta “de una vez por todas” una solución integral. “El remedio pasa por hacer un mapa real y exhaustivo de la distribución del lindano para poder actuar, y al mismo tiempo realizar un estudio epidemiológico que, por increíble que parezca, jamás se ha emprendido”.

No hay tal estudio, pero O Porriño aparece en todos los mapas del cáncer como uno de los lugares con mayor incidencia de toda Galicia, señala Eva García, alcaldesa socialista desde 2015 en un pueblo históricamente gobernado por el PP. “Lo que pasa es que como esta es una zona de grandes minas a cielo abierto, que libera gas radón, también cancerígeno, no está claro a qué se debe”. Y acusa: “La Xunta quiere solucionar esta cuestión puntual de la mejor forma posible, pero el problema de fondo, el global del lindano, se lo quiere sacar de encima”.

De lo que nadie duda es de que pozos contaminados como los que acaban de ser detectados tiene que haber obligatoriamente en abundancia en O Porriño. Y, sobre todo, que esa contaminación no se debe a la apertura de una zanja en concreto, sino que han sido esas obras las que han permitido detectarla. “Si hubiera llovido en las últimas semanas, cabría cierta incertidumbre, pero con la sequía que tenemos no cabe duda de que esos pozos llevan décadas contaminados”, razona el presidente de la asociación de vecinos de Torneiros, Marcelino Coto.

Abunda la documentación que acredita la toxicidad del lindano, nombre comercial de un organoclorado de fórmula genérica C6H6Cl6, que fue empleado como insecticida en agricultura y para luchar contra los parásitos en la ganadería. Desde junio de 2015 es oficialmente cancerígeno para los humanos y está incluido en el Grupo 1 del listado de la OMS, el más peligroso. Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la OMS, “los grandes estudios epidemiológicos de las exposiciones agrícolas en EEUU y Canadá mostraron un mayor riesgo de Linfoma no Hodgkiniano en las personas expuestas al lindano, hasta un 60% más”.

Parque de Torneiro. (Ayuntamiento de O Poriño)
Parque de Torneiro. (Ayuntamiento de O Poriño)

Pero un problema añadido es la gestión de los ingentes vertidos que generó su fabricación, ya que solo se aprovechaba un 10% de la reacción química necesaria para producirlo. “La gran cantidad de residuos que se generaban en la obtención de lindano fueron mal gestionados, hasta tal punto que se realizaron presuntamente vertidos ilegales en lugares diferentes a los de fabricación”, señala un informe de Ecologistas en Acción. Son residuos que se pueden encontrar en numerosos puntos del país muy lejos de las fábricas donde se originaron, motivo por el que se sigue detectando su presencia años después de su prohibición. “A día de hoy”, lamenta el informe, “se desconoce parte de la situación de estos puntos, las cantidades o las condiciones en las que se produjeron estos vertidos”.

En el caso de O Porriño, ese es el gran problema. Y mientras no se cuente con un mapa que localice perfectamente los puntos contaminados, un proceso que llevaría años, su alcaldesa se pone seria con las medidas de prevención. “Entiendo que mucha gente que no presenta síntomas se resista a adoptar precauciones, pero, aunque no quiero alarmar, también tengo la obligación de advertirlo: el agua contaminada no sirve ni para ducharse”. El lindano, avisa, puede aparecer en cualquier parte del pueblo: “No me atrevería a decir que es solo un problema de Torneiros”. Eva García reclama una solución definitiva, un programa de actuación que desactive de una vez por todas el polvorín cancerígeno que persiste bajo el suelo de un pueblo de 20.000 habitantes.

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