UNA NUEVA INVESTIGACIÓN EN MARCHA

Tras el fantasma del terrorismo incendiario: tres décadas de acusaciones sin pruebas

Feijóo insiste en la “trama organizada” que ya se denunciaba en 1990, pero el único detenido tras los últimos incendios es un hombre que asaba unos chorizos

Foto: Un coche y un tractor calcinados en el incendio de Moces (Melón). (EFE)
Un coche y un tractor calcinados en el incendio de Moces (Melón). (EFE)

Agosto de 1990, José Manuel Romay Beccaría, a la sazón 'conselleiro' de Agricultura de la Xunta: “Existen indicios de que una trama criminal está detrás de los incendios forestales”. Octubre de 2017, Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta: “Galicia, contra el terrorismo incendiario”. Casi tres décadas separan ambas declaraciones, tres décadas de persecución contra una supuesta banda criminal creada para destruir los montes sin que un solo indicio apuntale la existencia de tal conjura del fuego. Pero el ciclo se repite y la Fiscalía Superior de Galicia ha vuelto a encargar una nueva investigación para determinar si existió una “planificación coordinada” en la brutal oleada de incendios del pasado fin de semana.

No es la primera vez que lo hace. En 2006, año del último gran desastre provocado por el fuego, el fiscal de Medio Ambiente del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia solicitó a la Guardia Civil un informe similar, que concluyó de forma tajante la inexistencia de trama alguna que se dedique a quemar el monte. Lo que no quiere decir que los incendios, o al menos buena parte, no hayan sido provocados, principalmente por imprudencias, según ese último gran estudio realizado en Galicia. Pero la Fiscalía de 2017 no está sola. El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, informó ya el lunes de que se está investigando si los incendios que afectan a Galicia desde este fin de semana han podido ser intencionados y ha defendido que, de ser así, “debe recaer todo el peso de la ley sobre los culpables”.

En la tentación de trasladar la responsabilidad hacia una Spectre de los incendios han caído todos los gobiernos que ha tenido la Xunta. Empezando por el breve y lejano tripartito liderado por el PSOE (1988-1990), durante cuyo mandato ardieron en un solo verano, el de 1989, casi 200.000 hectáreas, el doble que las del desastroso 2006. Pero quien lo hizo con más vehemencia fue el difunto Manuel Fraga, que no dejó de denunciar la existencia de tramas organizadas de las que no aportó la más mínima prueba.

Vecinos de Vilarello, uno de los pueblos que estuvo totalmente rodeado por el fuego. (EFE)
Vecinos de Vilarello, uno de los pueblos que estuvo totalmente rodeado por el fuego. (EFE)

La teoría de la conspiración durante los gobiernos de Fraga alcanzó su cénit en 1998, otro año negro para los montes gallegos. Fue una especie de mantra que comenzaron a difundir sus 'conselleiros' de Medio Ambiente, Carlos del Álamo, y de Política Territorial, Xosé Cuiña, aunque sin acusar directamente a nadie. Para eso estaban las Nuevas Generaciones del PP de Galicia, cuyo entonces presidente, el exdiputado Alejandro Gómez, apuntó a “grupos organizados vinculados con el nacionalismo radical gallego, que lo único que pretenden es acabar con nuestra tierra y desprestigiar la política del PP”. Gómez aclaró que no se refería a ningún partido en concreto, sino a “grupos compuestos por jóvenes, bien organizados y que utilizan artefactos parecidos a los de Jarrai”.

Fraga no tardó en apuntarse a esa teoría, aunque con mayor retórica. “Nadie del PP ha provocado directa o indirectamente un incendio, a ver si los demás pueden decir lo mismo”, retó en agosto de aquel año. Y para cerrar su impetuoso discurso, lanzó la teoría de la “trama organizada” y llamó “cretinos” a quienes acusaban a las empresas de celulosas y a los madereros de prender el monte. Puestos a buscar culpables, prefirió aludir al fenómeno de El Niño y a buscar situaciones similares “en Brasil, México, Indonesia, Portugal, Italia y Grecia”.

En el otro breve paréntesis de los sucesivos gobiernos populares, el bipartito de Emilio Pérez Touriño, regresaron los incendios y regresaron las supuestas organizaciones criminales. No lo hizo el presidente de la Xunta, que se negó a formular “hipótesis sin pruebas”, pero sí el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido, que no dudaron en rescatar la manida “trama criminal organizada” que tanto había entusiasmado a Fraga. La ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, culpó directamente a trabajadores forestales en paro.

Nada se encontró, pero –al igual que ahora– el mensaje del enemigo exterior caló entre la población. El 67,6% de los gallegos asumió la posibilidad de que que la ola de incendios de 2006 respondía a “algún tipo de trama o grupo organizado”, según reveló el III Estudio de Rendimiento Institucional. El trabajo demoscópico había sido encargado por la Secretaría Xeral de Relacións Institucionais de la Vicepresidencia de la Xunta. Al igual que la vicepresidencia, la lucha contra el fuego era en el bipartito una competencia de los nacionalistas del BNG.

Once años después, y una vez padecida su primera gran crisis incendiaria, Feijóo recupera el mismo lenguaje. Pero en estos casi 30 años no ha aparecido ni una sola prueba que sustente esa recurrente teoría, más allá de la veloz propagación de focos que, según la mayoría de los expertos, se debe al vuelo de incandescentes pavesas impulsadas por el viento que genera el propio incendio. Mientras los estudios realizados revelaban que la práctica totalidad de los incendiarios detenidos actuaban sin cómplices, la Policía y la Guardia Civil solo han podido reunir como pruebas un rosario de artilugios absolutamente rudimentarios, si no grotescos, muy alejados de lo que se espera de una supuesta organización capaz de sembrar el caos a través del fuego.

El propio Romay Beccaría fue el primero que informó solemnemente a los medios de comunicación de la existencia de unos “artefactos incendiarios”, lanzados por una presunta “mafia” con el objetivo de prender fuego en los montes. Fue en el famoso verano de 1990, en el que se presentaron a los fotógrafos “bengalas incendiarias” lanzadas en paracaídas desde “ultraligeros” que sobrevolaban el bosque. La cosa era tan seria que Fraga se dirigió al ministro del Interior para solicitar su colaboración. Una semana después, el 'conselleiro' tuvo que admitir que aquellos paracaídas no eran sino restos de unos fuegos artificiales lanzados en las fiestas de Sillada (Pontevedra), y el propio Romay no tardaría en descartar su propia teoría de la conspiración.

Alberto Núñez Feijóo y Mariano Rajoy en Galicia. (Reuters)
Alberto Núñez Feijóo y Mariano Rajoy en Galicia. (Reuters)

Desde aquel ridículo hasta la fecha, no han faltado fotografías oficiales con supuestas pruebas del material empleado por la “trama”. Desde un mechero Bic del Real Madrid presentado por la Guardia Civil en Nigrán a un trapo incendiario “con unos palitos que se van consumiendo” del que dio cuenta la Policía Nacional en Ourense. Un paracaídas con una vela de misa, una lata como de pimentón con algún material inflamable en A Coruña, un “arsenal de mecheros” en Cerceda y una mecha con cerillas en Ourense fueron otros de los objetos presentados como pruebas de la desconocida organización, todos ellos poco o nada sofisticados.

Pese a la aplastante falta de pruebas –o negligencia en su búsqueda–, Feijóo y, de forma menos explícita, el propio presidente Mariano Rajoy han insistido estos días en la teoría del terrorismo medioambiental. La declaración institucional leída por el titular de la Xunta y publicada como publicidad en distintos periódicos gallegos lleva por título “Galicia con las víctimas, Galicia contra el terrorismo ambiental, Galicia con los equipos de extinción”, y el lunes pasado Feijóo arremetía una vez más contra los responsables del “terrorismo incendiario”. Este jueves matizaba que “no puede” afirmar la existencia de una trama organizada porque eso “hay que probarlo”, aunque señalaba que en todo caso las acciones de los incendiarios son “propias de terroristas”.

En este otoño de incendios, los únicos artefactos incendiarios a los que las autoridades han dado publicidad fueron unos globos de color blanco y una bengala localizados en Salceda de Cáselas. La bengala, eso sí, es de las que se usan en las fiestas particulares para uso recreativo. En cuanto a las detenciones, solo una se ha producido tras el catastrófico domingo: un vecino de Vigo que provocó un incendio de apenas una hectárea cuando estaba asando un chorizo en Os Blancos (Ourense). Zoido lo consideró tan relevante que hasta informó de la detención a través de su Twitter, y la juez decretó para él libertad sin fianza. Si el hombre de los chorizos debe ser juzgado o no por la Audiencia Nacional es para Feijóo una pregunta “procedente”.

Galicia

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