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En la zona cero de los incendios llegados de Portugal: "Prefiero morir a un desalojo así"

Este lunes no ha salido el sol, opacado por el humo de los incendios y las cenizas que cubrían la provincia de Ourense, de oriente a poniente, con seis incendios en situación dos de riesgo

Foto: Brigadistas sofocan las llamas de uno de los incendios en O Xurés. (Foto: Brais Lorenzo)
Brigadistas sofocan las llamas de uno de los incendios en O Xurés. (Foto: Brais Lorenzo)

Las joyas ambientales del sur de Galicia, como el parque natural de la Serra do Xurés o la Ribeira Sacra, candidata a Patrimonio de la Humanidad, o siguen ardiendo o están calcinadas. La indignación de los primeros momentos se ha convertido en resignación y la ira en llanto. Los gallegos sufren por dentro, pero las emociones están a flor de piel. Los municipios de Lobios y Muíños, zona cero de los incendios en Ourense, fuegos todos ellos llegados desde el vecino Portugal, han cambiado el 'verdor cingido' (verdor ceñido) que cantó en su himno el poeta Edurado Pondal por el negro tizón.

Este lunes no ha salido el sol, opacado por el humo de los incendios y las cenizas que cubrían casi toda la provincia. De poniente a oriente, con situación dos de riesgo (peligro para la población) en Boborás-Albarellos, A Gudiña, Paradellas-Parada de Sil, Oseira-San Cristovo de Cea, Betán-Baños de Molgas, Cantoña-Paderne de Allariz y Araúxo-Lobios. La lluvia solo ha bendecido a Pontevedra. Algunos lamentan que si las inmediaciones de Vigo están fuera de peligro, el foco político y mediático desaparecerá y su tragedia dejará de importar tanto a ojos de Santiago como de Madrid.

Zona del parque natural Serra do Xurés arrasada por las llamas. (Brais Lorenzo)
Zona del parque natural Serra do Xurés arrasada por las llamas. (Brais Lorenzo)


Las frases más repetidas por los vecinos, en su mayoría septuagenarios u octogenarios, son "nunca en mi vida había visto nada igual" y "no nos dio tiempo a hacer nada, todo fue muy rápido", mientras sus miradas se dirigen al monte colindante en el caso de la primera sentencia y al suelo en el de la segunda. Las fuertes rachas de viento provocadas por el huracán 'Ophelia' facilitaron el trabajo a los incendiarios, gallegos y portugueses, a quienes las autoridades llaman "terroristas". Nadie tiene dudas del origen no fortuito de los fuegos. La pasada semana entró en prisión un brigadista de Lobios, de 21 años, que ha confesado tres de los seis incendios de los que se le acusaba. Todos en esta castigada zona.

La mayor parte de los vecinos de la reserva transfronteriza de la biosfera ya han pasado lo peor. No queda mucho más que arder, aunque ya entrada la noche un nuevo frente volvía a asomarse desde Portugal. "Nos acaban de mandar un mensaje de alerta, que necesitan ayuda urgente en la zona de Mina das Sombras", explica un vecino de la parroquia de Santa María de A Cela, que este lunes fue desalojada. De mediana edad, es el que maneja el WhatsApp y retransmite las novedades a los otros mayores que se citan en el patio de una casa, colindante a un pajar y un canastro, ambos arrasados por las llamas.

El alcalde de la localidad de Muiños, Plácido Dobaño, nos confirma lo peor. Está al pie del incendio que se adentra en Galicia por las frondosas laderas de Mina das Sombras. Nadie ha dormido la pasada noche y esta vuelve a presentarse complicada. La zona es de difícil acceso y los medios aéreos no pueden actuar. No han podido hacerlo durante la mayor parte del día debido a la falta de visibilidad provocada por las nubes de humo y ceniza. Las próximas horas volverán a ser duras, aun con menos viento y bajada de temperaturas. Sin embargo, en esta zona, llamada paradójicamente la Raia Seca (por tratarse de la frontera con Portugal que no marcan las aguas del Miño), sigue sin llover.

Joaquín Pérez, vecino de O Xurés, observa los montes pasto de las llamas. (Brais Lorenzo)
Joaquín Pérez, vecino de O Xurés, observa los montes pasto de las llamas. (Brais Lorenzo)


"Que no los desalojen como a nosotros", farfulla una de las mujeres sentadas en las escaleras que dan al patio de la casa, junto al resto de vecinos. "¿Qué ha pasado?", les pregunto, y todos responden atropelladamente. Se intuye que la noche anterior los desalojaron de sus viviendas, pero pensando que alguien iba a quedarse en su puerta esperando a combatir las llamas, y supuestamente no fue así. "Prefiero morirme a que me desalojen así, sin poder hacer nada por mi casa y que nadie la proteja", dice uno de ellos. Al preguntarle su edad, contesta que 63 años, pero acto seguido, al pedirle si podía indicar cuál de la docena de casas de esta parroquia era la suya, rompe a llorar como un niño.

En la zona cero de los incendios llegados de Portugal: "Prefiero morir a un desalojo así"

Tras reponerse, critica que indicó a uno de los responsables del operativo antiincendios dónde debía colocar una motobomba para combatir el fuego. No le hizo caso, dice, y "efectivamente, las llamas comenzaron a arrasarnos por donde yo dije". Otro se queja de que, al tratarse de un parque natural, no hay vías lo suficientemente anchas como para que entre por ellas una motobomba o un camión de bomberos. Aquí, entre los vecinos, la superficie quemada no se cuenta por hectáreas, sino por kilómetros.

Por la carreta provincial que conecta la parroquia de A Cela con la de Alvite, también desalojada, pasea otro vecino, solitario, con su perro pastor alemán. Se llama Joaquín Pérez y dice que a sus 85 años nunca había visto nada igual. "Hace seis o siete años hubo unos incendios muy grandes, pero no llegaron a las casas, como esta vez". Relata una por una las parroquias del ayuntamiento que se han visto cercadas por las llamas. Lleva desde primera hora de la mañana recorriendo los montes quemados del parque natural, que en su parte gallega se extiende por casi 21.000 hectáreas. Su mayor preocupación, dice, que su hija, que vive en Barcelona, tenga que vender su negocio, "por eso de la independencia, que sería una ruina", y en su Galicia natal solo pueda heredar unas tierras pasto de las llamas.

Iglesia y cementerio adyacente con los alrededores calcinados por los incendios. (Brais Lorenzo)
Iglesia y cementerio adyacente con los alrededores calcinados por los incendios. (Brais Lorenzo)


Joaquín se muestra entero, como si nada hubiese ocurrido. "A todos nos llega la muerte, también a los montes", asegura, y da un ejemplo: "Entre antes de ayer y hoy se han muerto cinco vecinos". Una cantidad sorprendente de fallecimientos teniendo en cuenta que la población de este municipio no llega a los 1.600 habitantes, menos de 2.000 en el caso de Lobios. Realismo mágico. Alguien podría pensar en algún tipo de relación entre los incendios que han quemado sus tierras, algunas comunales (de propiedad vecinal), y dicha cadena de fallecimientos. "A todos nos llega la muerte", vuelve a repetir impasible este emigrante retornado de Cataluña.

Más adelante, dos personas miran una especie de tablero clavado en un poste de la luz, con un cartel amarillento que anuncia una verbena y dos esquelas. Más abajo, en el pueblo de Lobios, un grupo de hombres se arremolinaba a las puertas de un tanatorio rural, mientras que ya "subiendo hacia Sampaio", allí donde los fuegos cruzaron la frontera, varias personas descendían de un autobús, al lado de una iglesia, para celebrar un funeral. Galicia se muere. Este martes, habrá otro entierro en la zona.

En la zona cero de los incendios llegados de Portugal: "Prefiero morir a un desalojo así"

Galicia se muere y los montes quedan abandonados, pasto ideal para los incendios. "No se recuerda una sequía así, el monte ahora es como una cerilla, pero además de la falta de medios de extinción, hace falta prevención", clama Xan Carlos Fernández, responsable en la provincia de la asociación ecologista Adega. Los incendios se evitan durante el resto del año, explica, mediante tareas de limpieza de la maleza o apertura de cortafuegos. "Hay una conjunción de factores que nos tiene que hacer pensar que el sistema está fallando" y urge diseñar otro "tomando en serio la prevención", sentencia.

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