Más de 5.000 trabajadores dependen directamente de la factoría

Los planes proteccionistas de Le Pen ponen en alerta a Galicia

La intención de la candidata francesa de emular a Trump siembra la incertidumbre en la fábrica viguesa de Citroën, la más grande del grupo en todo el mundo

Foto: La líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, con un cartel de su campaña electoral. (Reuters)
La líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, con un cartel de su campaña electoral. (Reuters)

La gran pesadilla económica de Vigo, considerado el motor económico de Galicia, no es otra que la posibilidad de un cierre de Citroën. Más de 5.000 trabajadores dependen directamente de la factoría gallega de PSA Peugeot-Citroën, la mayor del mundo del grupo francés, a los que hay que sumar otros 13.000 empleos en la industria auxiliar. Esa angustia atávica ha sido inesperadamente avivada por la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, al anunciar en una entrevista en televisión su intención de repatriar la producción de vehículos de las principales multinacionales francesas, siguiendo el ejemplo del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, y las inversiones de Ford en México.

Las declaraciones de la ultraderechista sembraron el temor de forma automática en Galicia, aunque los sindicatos de la factoría viguesa han llamado a la calma y consideran sus palabras poco menos que una amenaza vacía. Pero también lo parecían las propuestas de Trump en su campaña electoral, por lo que nadie está del todo tranquilo en el entorno de la rama viguesa del grupo PSA ni en la propia Xunta de Galicia. Quizás por ello, el 'conselleiro' de Economía, Francisco Conde, no ha tardado en pronunciarse con una defensa a ultranza de la factoría gallega. “El futuro de PSA en Vigo está cimentado en el saber hacer de sus trabajadores, así como en el presente de la industria de sus componentes”, se apresuró a advertir el responsable de la política económica de la Xunta. “Decisiones como las anunciadas en los últimos días en Estados Unidos no serían entendibles en el marco de la Unión Europea”, advirtió Conde.

El temor a un eventual cierre de la fábrica se avivó luego de que Le Pen anunciase su intención de repatriar la producción de vehículos

La candidata del Frente Nacional cogió el testigo de Trump y su pugna con Ford por el proyecto de inversión en México, frustrado por las simples amenazas vertidas por el presidente electo a través de las redes sociales. Para Le Pen, son demostraciones de “patriotismo económico” y de “proteccionismo inteligente” que aspira a replicar en su país. En Francia, el Grupo PSA y Renault suman seis fábricas en la península Ibérica. En declaraciones a France 2, la candidata reclamó para Francia una política similar a la impulsada por el próximo presidente estadounidense. “No me importa explicarles a las empresas francesas que no pueden evadir el pago de impuestos que deberían estar abonando en Francia, que no pueden deslocalizarse sin sufrir las consecuencias. Hay que elegir, es una elección de patriotismo”, manifestó.

La nueva amenaza sobre el futuro de la histórica fábrica viguesa de Citroën, inaugurada en 1958, se produce apenas dos años después de someterse a una competición a cara de perro con la eslovaca de Trnava para conseguir el proyecto K9, el nuevo modelo de vehículos utilitarios ligeros, considerado clave para certificar la continuidad de la planta. El programa se le adjudicó finalmente a Vigo, aunque para ello la dirección de la compañía tuvo que imponer una notable rebaja salarial exigida desde París como condición. Aquel acuerdo, según señaló entonces el grupo, debería garantizar el futuro a medio plazo de la factoría de Balaídos.

Vehículos en la fábrica del grupo PSA-Citroën de Vigo. (EFE)
Vehículos en la fábrica del grupo PSA-Citroën de Vigo. (EFE)

La asignación a Galicia del K9 se selló el 15 de diciembre de 2014, apenas dos años antes de que Le Pen haya vuelto a agitar el fantasma de la deslocalización. Sería un golpe muy duro para una fábrica considerada como uno de los pilares básicos de la economía gallega y que representa el 30% de las exportaciones de la comunidad autónoma. El grupo francés está implicado además, junto al Consorcio de la Zona Franca de Vigo donde se asienta, en una ampliación de unos 50.000 metros cuadrados para su factoría viguesa, aunque el proyecto está afectado por una reciente sentencia que anuló el Plan General de a ciudad.

Siguiendo el ejemplo de Trump

Los planes de la candidata del Frente Nacional tienen como referente lo ocurrido al otro lado del Atlántico, donde Ford Motor cedió a la presión de Donald Trump y anunció la cancelación de una inversión de 1.600 millones de dólares en México. A cambio, destinará 700 millones a expandir la producción de coches eléctricos en Michigan. El presidente electo había amenazado a su rival General Motors con imponerle aranceles muy elevados por vender en el mercado estadounidense modelos que fabrica en México.

Trump inició su cruzada contra la instalación en México ya en campaña, con advertencias a Ford y General Motors ante sus planes de construir nuevas fábricas en el país vecino, desde donde se exportarían los vehículos a Estados Unidos. El magnate norteamericano advirtió de que subiría los aranceles a la importación de coches y componentes de México hasta el 35% si los fabricantes no cambiaban sus planes de futuro.

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)
El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)

Pese a las reticencias iniciales de la mayoría, los fabricantes han ido cediendo a las presiones y han confirmado proyectos en Estados Unidos a costa de sus inversiones en México, un país con un sector automovilístico que vive casi exclusivamente de la demanda de su vecino del norte, al que destina casi el 80% de sus exportaciones. Así, a la decisión de Ford se sumó la de Fiat Chrysler de repatriar la producción de ciertos modelos y de crear 2.000 empleos en Michigan y Ohio. Toyota, mientras, ha anunciado su intención de invertir hasta 10.000 millones de dólares en Estados Unidos en cinco años.

Como se han apresurado a resaltar los principales sindicatos gallegos, el caso de Le Pen se diferencia del de Estados Unidos por la pertenencia de Francia a la Unión Europea, lo que condiciona su política arancelaria. Eso no impide que la aspirante al Elíseo no disponga, de resultar elegida, de formas de presionar a la industria del automóvil para que abandone sus proyectos fuera del territorio francés.

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