el juicio comienza el martes

Once ciudadanos radiografían en Santiago el misterioso crimen de la niña Asunta

El juicio contra los padres adoptivos de la menor, asesinada en 2013, deberá aclarar el móvil y misterios como las fotos de 'cierto contenido sexual' halladas en el portátil del progenitor

Foto: Los homenajes a Asunta continúan dos años después en el lugar donde fue hallada. (EFE)
Los homenajes a Asunta continúan dos años después en el lugar donde fue hallada. (EFE)

Once ciudadanos reunidos, no sin contratiempos, por la Audiencia Provincial de A Coruña radiografiarán a partir de este martes en Santiago uno de los crímenes más espeluznantes y mediáticos de los últimos años, pero también más misteriosos: el de la niña Asunta, de origen chino, presuntamente a manos de sus padres adoptivos. Rosario Porto y Alfonso Basterra se sentarán en el banquillo de los acusados. La Fiscalía, la acusación particular y el juez instructor los consideran autores materiales del asesinato, del que se acaban de cumplir dos años.

Los 84 testigos y 60 peritos que desfilarán ante el jurado permitirán determinar la culpabilidad o inocencia de los acusados, pero también arrojarán luz sobre el móvil y los abundantes detalles escabrosos que rodean el caso Asunta. Y en un lugar destacado, la misteriosa aparición del portátil y el teléfono del padre en su vivienda después de dos registros policiales. O mejor dicho, su contenido, que puso los pelos de punta de los investigadores: archivos pornográficos de mujeres de rasgos asiáticos e imágenes de la propia niña “de cierto contenido sexual”, una de ellas, “como si estuviese amortajada”.

El pasado 21 de septiembre se cumplió el segundo aniversario de la muerte de Asunta a la edad de 12 años. Dos personas que paseaban de madrugada por una pista forestal próxima a Santiago hallaron su cadáver y avisaron a la Policía. Pero lo que multiplicó el impacto del crimen fue la detención como supuestos autores del asesinato, días más tarde, de Rosario Porto y Alfonso Basterra, un respetado matrimonio compostelano que ahora aparece rodeado de incógnitas. Todo lo ocurrido desde entonces parece apuntalar las tesis de fiscal, acusación e instructor, pero nadie ha logrado desvelar el gran enigma: las razones que pudieron llevar a la abogada y al periodista a acabar con la vida de su ejemplar hija adoptiva.

Rosario Porto y Alfonso Basterra, padres de Asunta. (EFE)
Rosario Porto y Alfonso Basterra, padres de Asunta. (EFE)

De acuerdo con el relato de la acusación particular, que pide 20 años de cárcel para los padres, ese 21 de septiembre Rosario Porto llevó a su hija de Santiago a su chalé en Montouto, en el limítrofe municipio de Teo, donde, junto a Alfonso Basterra, asfixió a la pequeña “por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz”. La fiscalía, que rebaja la petición a 18 años, sostiene que el cuerpo de Asunta fue atado de pies y manos por unas cuerdas naranjas y trasladado por sus padres hasta una cuneta del camino forestal en el que fue hallado a las dos de la madrugada del día siguiente.

Según el auto de apertura de juicio oral, dictado por el instructor José Antonio Vázquez Taín, el asesinato respondió a “un plan premeditado, ejecutado de forma gradual”. La muerte de la niña “resulta imposible sin la participación, o al menos el consentimiento, de ambos imputados”, añade el juez, que vio “indicios claros de que hubo una agresión a Asunta Yong Fang –su nombre original– el día 4 de julio (de 2013) y que en la misma estuvieron implicados ya los dos imputados”.

El auto de Vázquez Taín desarrolla la teoría de que los acusados “se pusieron de acuerdo para suministrar a su hija de forma continuada un medicamento que contiene lorazepán, sustancia que pertenece al grupo de las benzodiacepinas y que produce somnolencia y sedación”, presuntamente para poder asfixiarla sin que opusiera resistencia. El juez enumera las ocasiones en las que el padre de la menor compró este medicamento, e indica diferentes episodios en los que, en opinión del magistrado instructor, se evidencia que la menor se encontraba bajo los efectos de esta sustancia.

Rosario y Alfonso, separados desde hacía años y ambos en prisión provisional, declararán entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre. Enfrente tendrán a 11 hombres y mujeres reunidos después de repetidos sorteos, renuncias y recusaciones, que vivirán el juicio recluidos en un hotel de Santiago, aislados en la medida de lo posible de la repercusión social del caso. El abogado de la madre adoptiva, José Luis Gutiérrez Aranguren, cree que será muy difícil que esos 11 ciudadanos no estén contaminados.

“Un jurado puede tener mucha más frescura que unos jueces que llevan años y tienen vicios adquiridos, pero la repercusión de este caso no tiene comparación“

Un jurado puede tener mucha más frescura que unos jueces que llevan años y tienen vicios adquiridos, pero la repercusión de este caso no tiene comparación con ningún otro en España”, sostiene. “Estoy convencido hasta la médula de la culpabilidad de Porto y Basterra, y con la misma firmeza creo que el jurado está capacitado para actuar en conciencia, y que la justicia emana del pueblo”, replica Ricardo Pérez Lama, letrado de la asociación Clara Campoamor, que ejerce la acusación particular.

Una de las claves del asesinato puede estar en la aparición del portátil y el móvil de Alfonso Basterra en el tercer registro a su vivienda, después de que el propio periodista insistiera en que se volviera a realizar una inspección. El hallazgo hace suponer que alguien los colocó en la casa después de dos inspecciones anteriores en las que los agentes buscaban precisamente esos dispositivos. Ambos habían sido borrados, pero la sorpresa de los investigadores fue mayúscula cuando lograron recuperar un material con el que no contaban. Se trata de material pornográfico de asiáticas, pero también de imágenes de la propia Asunta, al parecer tras una fiesta de disfraces, que fuentes de la investigación calificaron de “macabras” y “difíciles de explicar en un padre. En algunas de esas fotos, la niña “tiene un aspecto como si estuviese drogada”, y en otras parece “como si estuviese amortajada”.

El juicio también debería aclarar si esas imágenes guardan relación con la pregunta que le realizó Rosario Porto a su marido cuando, al poco de ser detenida, le espetó: “Tú y tus jueguecitos”, como recogió la grabación ordenada por el instructor, y posteriormente invalidada para formar parte del sumario. O si se refería a esos archivos al preguntarle: “¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?”. Fue el 30 de octubre, antes de que el padre decidiera descargar las culpas sobre su mujer y reventar la línea de defensa conjunta que habían marcado sus abogados. El abogado de Porto compara a su clienta con Dolores Vázquez, acusada y exculpada después del asesinato de la joven de Mijas (Málaga) Rocío Wanninkhof. Deberá convencer a 11 hombres y mujeres, un jurado obligado a hacer frente a los misterios de una monstruosidad.

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