allí se ha casado e intenta olvidar

El juez Del Olmo, de la persecución y la enfermedad al refugio y la boda en Murcia

El juez Del Olmo, que sufrió la presión y hasta el escarnio de algunos medios, concluyó la instrucción con un glaucoma en los dos ojos

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Diez años después de cumplirse los atentados del 11-M y después de muchos avatares, ha reposado la idea de que la sentencia por la masacre ha sido un triunfo del Estado de Derecho. Con el proceso judicial se ha hecho justicia excepto para unos pocos que en aquellos momentos fueron foco de escarnio público, ataques y persecuciones. El juez que llevo al banquillo a las 29 personas contra las que había pruebas, Juan del Olmo, es uno de los protagonistas de esa desconocida injusticia.

Desde que el 11 de marzo de 2004 sonó el teléfono de Del Olmo poco después de las 7.30 de la mañana para avisar de un atentado terrorista de dimensiones hasta ese momento nunca vistas en España, su entrega a esa causa fue incombustible hasta que la dio por concluida. Mañana, tarde y noche, los siete días de la semana. Horas y horas de toma de declaraciones, de redacción de documentos, rodeado todo de una enorme presión social y mediática dejó a muchos de los trabajadores de ese Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional con unas secuelas que a día de hoy les provoca escalofríos al recordarlo.

En cuanto pudo, Del Olmo se volvió a su tierra natal, Murcia, donde trabaja como magistrado de Sala en la Audiencia Provincial. Ahora es otra persona. Lo ocurrido en la Audiencia Nacional esos años, le minó personalmente y fue al regresar a Murcia cuando recuperó la alegría. Allí le esperaba su novia, fiscal de profesión, con la que se casó poco después.

Durante los dos años que estuvo instruyendo, sufrió una dura campaña de desprestigio, que, unido al intenso trabajo, le provocó una enfermedad en la vista, de la que tuvo que ser operado. Sus capacidades físicas y mentales estaban llegando a su fin cuando sufrió un nuevo revés. Se estaban a punto de cumplir los dos años de investigación y tenía que preparar las prórrogas de las prisiones de los principales imputados, que fueron detenidos días después de los atentados. Un error mecanográfico provocó que, en lugar de poner fecha de detención 6 de abril, se escribió 16.

La prórroga ya se había cumplido el plazo y Saed el Harrak tuvo que ser puesto en libertad. Esos días estaba de baja tras la operación y descubrió el error la sustituta Teresa Palacios. Algunos vocales del Consejo General del Poder Judicial quisieron abrirle un expediente por falta muy grave. Al final se quedó en una falta leve.

Del Olmo pudo comprobar el apoyo de los que trabajaron codo con codo con él. En un escrito, hablaba de una “sobresaliente entrega, meticulosidad y sacrificio” y se recalcaba que una de las razones de ese error mecanográfico fue las "noches en vela, los fines de semana sin descanso y enorme sacrificio familiar" que se vivieron en las fechas previas al auto de procesamiento. Recordaba la “desmedida presión" a la que estaban sometidos y recogió incluso informaciones de algunos medios que atribuyeron al presidente de la Sala de lo Penal, Javier Gómez Bermúdez, unas manifestaciones en que se quejaba de la "lentitud de la instrucción".

Del Olmo, con un glaucoma en ambos ojos, estaba en esas fechas físicamente agotado, haciendo continuo uso del colirio y pegado a una pantalla de ordenador de enormes dimensiones porque su visión le impedía ya trabajar en una normal, para completar las 1.460 páginas del auto de procesamiento.

Un hombre que no tenía sintonía con la prensa

Tampoco fue un plato de buen gusto cuando leyó ciertas afirmaciones en el libro que publicó la mujer de Gómez Bermúdez, la persona que había presidido el tribunal del 11-M y lideró la parte final del proceso. “En mi condición de comunicadora no puedo por menos que considerar que una política comunicativa diferente, con mayor transparencia hasta donde lo jurídico lo hubiera soportado, y una menor patrimonialización del sumario por parte de las únicas personas que tenían acceso a él, hubiera producido condiciones menos proclives a la proliferación de teorías alternativas, dudas sobre las condiciones del procedimiento e, incluso, posteriores juicios paralelos. Máxime teniendo en cuenta que todos los finalmente procesados fueron detenidos en los primeros días tras los atentados (...). Del Olmo no es un hombre amante de la prensa. Ni de los periodistas. Un recelo que ya tenía en sus primeros días en la Audiencia Nacional cuando aún estaba en comisión de servicio y que le costaba dejar caer incluso cuando la relación era puramente personal (...). La sociedad tiene derecho a conocer cómo marchan sus asuntos”.

Este juez, que estuvo los años previos a la Audiencia trabajando en el País Vasco, reconocía abiertamente que la prensa no era su plato fuerte. A su juicio, soportar a periodistas todos los días en la puerta de su juzgado obstaculizaba la investigación. Lo único de lo que podía hacer una autocrítica es que el trato podría haber sido más agradable por su parte. Aguantó las embestidas hasta que un día estalló.

En algún medio se publicó que se había aprovechado del 11-M para obtener un permiso del CGPJ para ir a un curso en París cuatro meses y por lo que le pagarían una cantidad económica. “He soportado todo tipo de críticas profesionales e incluso personales, porque entendía que eran una consecuencia inherente al desarrollo de la instrucción del sumario 20/04. Pero las críticas tienen un límite, y no estoy dispuesto a permanecer más tiempo en silencio, sobre todo cuando determinadas informaciones afectan al ámbito más íntimo de mi dignidad, y ponen incluso en tela de juicio mis principios como persona”.

Con esa nota, cerró la boca a todo aquel que sospechaba de él y se vio en la obligación de explicar que todos los ingresos recibidos por actividades relacionadas directa o indirectamente en el 11-M siempre las ha destinado a la Fundación Víctimas del Terrorismo. Lo que le hacía seguir hacía delante, según personas con las que coincidió en la Audiencia Nacional, era el apoyo y cariño que recibió de muchas víctimas anónimas que iban a verle al juzgado para agradecerle su trabajo y dedicación. Una le llegó a regalar una placa dándole las gracias por sacar adelante la investigación.

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