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Miriam González Durántez

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No nos importa

El que la menopausia dé subidón es un avance al que deberían sumarse también los hombres

Foto: Un grupo de mujeres descansa en la plaza Mayor de Madrid. (EFE/Archivo/Mariscal)
Un grupo de mujeres descansa en la plaza Mayor de Madrid. (EFE/Archivo/Mariscal)
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Cuando el verano pasado se pusieron de moda en las redes sociales las trad wives, ya se veía venir que la vuelta a los roles tradicionales iba a tener poco éxito entre las mujeres de nuestro país. La trad wife nacional más famosa ha montado un negocio de tartas de queso y hace combates de boxeo. Ni siquiera entre las americanas la cosa ha prendido mecha —y eso que allí hay un montón de trumpistas y algún tech bro que siguen clamando porque las mujeres nos dediquemos a ser buenas esposas y criar niños—.

El fenómeno viral de este año es el ‘#WeDoNotCare’. La traducción es ’#NoNosImporta’ o ‘#NosDaIgual’, o las muchas expresiones más vulgares que hay con ese mismo sentido. Lo capitanean mujeres menopáusicas —aunque está abierto a 'peris y post'— que salen sin maquillaje, sin arreglar, con un par de gafas de lectura en la cabeza (¡mi día a día!) y que leen muy serias ‘manifiestos’ con listas de cosas que ‘no les importan’ a las mujeres de esa edad. Utilizan el sentido del humor para denunciar las estúpidas exigencias que todavía se les imponen a las mujeres o que se autoimponen ellas. No nos importan las etiquetas de ‘apto para el lavavajillas’ porque nos negamos a fregar a mano. No nos importa el ‘cariño, ¿qué hay hoy de cena?’, porque no tenemos ninguna intención de cocinar esta tarde. No nos importa que las camisetas de tirantes nos hagan los brazos gordos, porque es nuestro cuerpo y vestimos como nos da la gana. No nos importa si nuestra pedicura está impecable, ¡bastante que todavía logramos tocarnos las uñas de los pies!. Etcétera.

Al contrario de lo que ocurrió con las trad wives, este movimiento tiene visos de perdurar, porque engancha con la liberación que ahora sienten las mujeres cuando les llega la menopausia. Una servidora —que ya va tarde— está deseando tenerla, y no solo porque no tener la regla es una preocupación menos, sino porque las menopáusicas son ahora #HotButCool. Mujeres como Michelle Obama, Gwyneth Paltrow o Naomi Watts hablan de los síntomas de la menopausia con la misma naturalidad con la que se habla de la adolescencia. Y proliferan las series y películas con mujeres menopáusicas de protagonistas.

Cuando las mujeres se dedicaban exclusivamente a cuidar de los hijos y los maridos, la pérdida de la fertilidad les hacía sentirse inservibles y la sociedad las estereotipaba como amargadas. Pero ahora que la mayoría compaginan el trabajo con seguir ocupándose mayoritariamente de los hijos y las casas, es justo a la edad de la menopausia cuando empiezan a liberarse de sus responsabilidades familiares. Tienen más capacidad para optar a promociones o tomar el riesgo de hacer cambios de vida y carrera. Gracias al boom de la industria del cuidado físico y la democratización de la retoucherie estética, pueden atajar los síntomas y seguir sintiéndose fuertes y atractivas. Y tienen tiempo para retomar la vida social que muchas habían sacrificado por sus familias. Tienen la curiosidad mental, vitalidad y travesura de los que descubren una libertad que antes les eludía. Se sienten por primera vez libres: libres de etiquetas, libres de estereotipos, libres de responsabilidades, libres de miedos.

Foto: menopausia-mujer-investigacion-mitos-1hms

Esta nueva manera de concebir la menopausia está suponiendo un reto para muchos hombres de las generaciones X y baby boomers, que ven que sus parejas pisan el acelerador justo cuando ellos empiezan a pensar en poner el freno. Siempre es injusto generalizar —y hay multitud de excepciones por supuesto (¡y para que no quede duda cuando lo lea, mi media naranja es una de ellas!)— pero muchos hombres de esa edad y esas generaciones suelen hacer el recorrido inverso al que están haciendo las mujeres. Tras años definidos por sus trabajos y centrados en sus carreras, muchos se sientan a recoger los frutos, se acomodan y pierden el apetito por los riesgos. En vez de abrir sus mentes, suelen endurecer sus posicionamientos: si eran conservadores se van moviendo progresivamente a posturas de extrema derecha; y hasta entre los de izquierdas, a muchos les puede la condición de ‘señoros’ a la de progresistas. Buscan el aplauso, la admiración y el respeto social. Optan por la convencionalidad huyendo de todo lo que les suponga críticas. Y les horroriza cualquier cosa que pueda ponerlos en una situación ridícula.

Las mujeres nos hemos pasado siglos intentando conseguir lo que tienen los hombres. Pero ahora están cambiando las tornas y son los hombres los que tienen que empezar a plantearse conseguir algunos de los equilibrios que han logrado las mujeres: empezar a tirar las reglas por la ventana cuando se llega ‘a una cierta edad’. Reinventarse, reírse de uno mismo y rejuvenecerse.

Cuando el verano pasado se pusieron de moda en las redes sociales las trad wives, ya se veía venir que la vuelta a los roles tradicionales iba a tener poco éxito entre las mujeres de nuestro país. La trad wife nacional más famosa ha montado un negocio de tartas de queso y hace combates de boxeo. Ni siquiera entre las americanas la cosa ha prendido mecha —y eso que allí hay un montón de trumpistas y algún tech bro que siguen clamando porque las mujeres nos dediquemos a ser buenas esposas y criar niños—.

Igualdad de género
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