Es noticia
Corrupción y distracción: el juego de Ábalos y de Sánchez
  1. España
  2. Crónicas desde el frente viral
Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

Por

Corrupción y distracción: el juego de Ábalos y de Sánchez

"El todos son iguales" es un caldo de cultivo en el que sólo pueden crecer los extremismos. Ya no estamos en los tiempos de la desafección. Estos son los años del encabronamiento

Foto: Vista general de la sala donde tiene lugar el juicio por el caso mascarillas en el Tribunal Supremo. (Pool)
Vista general de la sala donde tiene lugar el juicio por el caso mascarillas en el Tribunal Supremo. (Pool)
EC EXCLUSIVO

En democracia, la Justicia avanza despacio. Pero cada paso retumba. El mes de abril acerca los primeros elefantes y vendrán más. Los casos que afectan al entorno inmediato del presidente del Gobierno no pueden detenerse porque, afortunadamente, seguimos viviendo en un Estado de derecho.

En España, la Justicia avanza todavía más despacio. Pero termina haciéndose justicia sin distinción alguna de color partidario. A veces, quizá demasiadas, la condena en los tribunales llega tarde, incluso, después de la penalización en las urnas. Esa amortización política no borra la gravedad de ningún asunto, pero sí establece una línea divisoria entre el pasado y el presente político.

El sanchismo ha borrado esa frontera del tiempo con la intención de intoxicar a la opinión pública y distraerla de lo fundamental: él llegó al Gobierno para limpiar y todo está más sucio que nunca.

El falso debate es comparar un espanto con otro. La trampa consiste en forzar al ciudadano a preferir una corrupción u otra, en función de su simpatía política. Es decir, en polarizar a costa de desvitalizar a la democracia.

Foto: juicio-abalos-koldo-mascarillas-amigo-pedro-sanchez-psoe
TE PUEDE INTERESAR
El juicio a Ábalos, confidente y "amigo" de Sánchez, amenaza al corazón del PSOE
Beatriz Parera Cristina García Vázquez

Esencia de polarización: levantar un muro entre los españoles y normalizar la corrupción para mantener la impunidad. Nueva degradación en nuestra vida pública que debemos rechazar.

El ejercicio adulto de la ciudadanía conlleva, en mi opinión, un repudio innegociable a los falsos dilemas impuestos desde el poder político. Yo me niego a tener que optar entre unos corruptos y otros. Simplemente, no quiero a ninguno. Exijo ejemplaridad sin hacer clase alguna de distingos.

Foto: jesica-abalos-relacion-gastos-supremo

Ser ciudadano implica proteger la libertad de criterio y el pensamiento crítico. Esa tarea requiere atención y capacidad de descodificación para no dejarse manipular. Distraerse es fácil, especialmente ahora. Somos muy permeables a los estímulos y debemos reconocer que el morbo llama. Más todavía en lo que concierne a Ábalos, porque todo resulta estéticamente muy sórdido.

Es posible que España no deje nunca de ser un país puritano. Todavía nos escandalizamos más ante lo sucedido en el ámbito privado que ante lo ocurrido con lo público. Pasará el tiempo y no recordaremos a la primera el año exacto de la pandemia, pero no habremos olvidado a Jésica ni a "Carlota la que se enrolla que te cagas". Sonreiremos.

Y como el personaje atrae precisamente por esa sordidez, por esa genuina combinación de grosería y descaro, pasan los días y también prestamos más interés y más debate a los posibles movimientos judiciales de Ábalos o de Koldo que a los motivos por los que están en el banquillo.

Entiendo que prefiramos caminar de puntillas sobre el trauma del covid. Pero conviene no olvidar lo que ocurrió cuando vivimos el mayor riesgo existencial desde la guerra civil. Mientras muchos de nuestros compatriotas no pudieron ni enterrar a sus familiares, pudo haber un grupo de golfos traficando con bienes de primera necesidad. Y eso es, se vote a quien se vote y lo haga quien lo haga, humanamente insoportable.

Pero como nos dejamos distraer por las triquiñuelas de Ábalos, bajamos la guardia. Es más fácil. Al mismo tiempo, el Gobierno quiere distraernos de lo sustancial. Todo parece indicar que la corrupción del sanchismo es sistémica. No faltan motivos para sospechar que fue así desde el principio, ni razones para creer que continuará siéndolo hasta su inevitable final.

La operación de intoxicación puesta en marcha es perdedora de saque porque la última palabra que puede utilizar el presidente es "regeneración". Cuanto más quieran los suyos golpear en el clavo del tristísimo empate, más se golpearán en los dedos y más quebrarán la tronchada superioridad moral desde la que nos pretenden manipular.

El movimiento, además, autolesiona a Sánchez porque desarbola los aspectos centrales de su estrategia frente a lo que yo considero un ataque a la integridad del poder judicial. Nos llevan diciendo mucho tiempo que los jueces son un reducto del franquismo, desde ahí despliegan la conspiración del lawfare tan propia de los populistas corruptos (perdón por la reiteración). Pero resulta que abrimos los ojos y los jueces están juzgando un caso que afectaba al pretérito Partido Popular. Extraña manera de conjugar el fascismo.

Simultáneamente, los defensores mediáticos de los presuntos corruptos no hacen sino tachar a los medios independientes como "fachosfera". Sin embargo, resulta que informamos y opinamos sobre el caso Kitchen sin ejercer ningún tipo de asimetría.

Los oficialistas, por su parte, se prestan a externalizar la culpa al sistema y, como consecuencia, se hurtan la responsabilidad política de los dirigentes concretos y se esclavizan al borrado del coste político que debe tener cualquier comportamiento que viole la ejemplaridad.

Foto: primer-dia-juicio-abalos-golpe-psoe-pagos-ferraz

Hace falta tener cuajo para inyectar la sombra de que el sistema falla y de que Sánchez es incapaz de cometer un solo fallo, cuando está en el centro exacto de un círculo con olor a podrido. Todo está putrefacto a su alrededor, pero él sigue siendo el Mesías.

La constante inyección de esta dosis extrema de sectarismo y la subida en el público del umbral de tolerancia con las noticias turbias no van a salvar la mancha en el epitafio político de Sánchez. Lleva la palabra corrupción tatuada en la frente. Pero eso es lo de menos.

Este tipo de maniobras tan burdas tiene consecuencias. Las tendrá para el PSOE y las tendrá para la izquierda en general. El silencio de los socios de investidura es tan grave o más que las proclamas de los tertulianos sanchistas. La complicidad de la ultraizquierda y de los nacionalistas restringirá, durante mucho tiempo, la posibilidad de que pueda llegar a articularse una alternativa de Gobierno viable a la derecha.

Foto: kitchen-contra-abalos-moncloa-busca-rebatir-el-monopolio-del-pp-en-el-relato-contra-la-corrupcion
TE PUEDE INTERESAR
Kitchen contra Ábalos: Moncloa busca rebatir el monopolio anticorrupción del PP
Juan Fernández-Miranda Alejandro Requeijo

Hasta que eso llegue, la fatiga democrática se irá expandiendo. Y justo eso es lo que más me preocupa. "El todos son iguales" es un caldo de cultivo en el que sólo pueden crecer los extremismos. Ya no estamos en los tiempos de la desafección. Estos son los años del encabronamiento. El daño del sanchismo será duradero. Pero apuesto a que nos recuperaremos.

En democracia, la Justicia avanza despacio. Pero cada paso retumba. El mes de abril acerca los primeros elefantes y vendrán más. Los casos que afectan al entorno inmediato del presidente del Gobierno no pueden detenerse porque, afortunadamente, seguimos viviendo en un Estado de derecho.

José Luis Ábalos Pedro Sánchez
El redactor recomienda