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Castilla y León: el bloqueo al Gobierno de Extremadura sí puede penalizar a Vox
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Pablo Pombo

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Castilla y León: el bloqueo al Gobierno de Extremadura sí puede penalizar a Vox

En esta campaña, la ultraderecha tiene un doble problema de fidelidad: la huella de su gestión y un comportamiento contrario a la demanda del electorado

Foto: El líder de Vox, Santiago Abascal, en un mitin en Castilla y León. (EFE/Ana F. Barredo)
El líder de Vox, Santiago Abascal, en un mitin en Castilla y León. (EFE/Ana F. Barredo)
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Uno de cada cinco votantes de Vox en Castilla y León decidirá su voto en el tramo final de la campaña electoral. Y los de Abascal tienen un frente abierto: acaban de bloquear con sus votos la puesta en marcha de un gobierno de derechas en Extremadura.

La actitud no fue penalizada por sus electores en las urnas aragonesas. Podría no ocurrir lo mismo. Ahora ha pasado más tiempo, el comportamiento no se localiza únicamente en Extremadura porque también se ha extendido en Aragón y, sobre todo, hemos pasado de las declaraciones -más o menos agresivas- a un hecho político cierto, a una votación que no admite discusión. El riesgo de ser percibidos como un partido conflictivo parece cierto y las opciones de sanción en las urnas podrían ser mayores.

19% equivale a 40.000 votos de la ultraderecha, un volumen que, en función de lo que ocurra, podría ser determinante para el reparto final de escaños. Hablamos de una región con nueve provincias, en la que la ley electoral opera a fondo y el último procurador puede jugarse por un margen inferior a los 500 votos. La apuesta de Abascal podría traer una factura en Ávila, Palencia y Valladolid.

Castilla y León no es una región cualquiera, el Partido Popular lleva 40 años gobernando, juega en casa. Incluso quienes votaron a Vox en 2022 ven a los populares como favoritos, más que en Extremadura y más que en Aragón. No es la mejor tierra para pasarse de frenada.

En esta comunidad autónoma, la ultraderecha ya experimentó su crecida en 2022 y no dejó un buen recuerdo de su paso por el gobierno. Parece llegar a estas urnas con un problema de partida en la fiabilidad del partido. De hecho, este es el territorio de todo el ciclo electoral en el que parece haber mayores movimientos hacia el PP.

Esas dudas sobre la fiabilidad de la formación liderada por Abascal pueden acentuarse en Castilla y León tras lo sucedido en Extremadura. Los números demuestran que el comportamiento político de la dirección de Vox está operando en contra de la demanda de los votantes de la derecha.

Hace unas semanas, tras las dos elecciones pasadas y antes de que el bloqueo se confirmase, Sociométrica preguntó por las preferencias para conformar los gobiernos en Extremadura y Aragón. Esta es la demanda en la derecha:

El gráfico anterior proviene de un sondeo con una muestra nacional, no hay motivos para pensar que la opinión de los ciudadanos de Castilla y León sea menos contundente. Probablemente sea mayor.

Podría argumentarse que el predominio de lo internacional en la conversación nacional pude distraer a los votantes de Vox de lo ocurrido en Extremadura. Cabe argumentar que nos referimos a un electorado muy politizado, que consume mucha información y que suele seguir las campañas electorales con más atención que los demás.

¿Encontrará Abascal la manera de justificar lo que no puede explicar en términos distintos de su interés personal? Si renuncia a hacerlo, dejará el flanco descubierto. Y si pulsa la tecla equivocada, puede pagarlo en las urnas. Veremos.

Uno de cada cinco votantes de Vox en Castilla y León decidirá su voto en el tramo final de la campaña electoral. Y los de Abascal tienen un frente abierto: acaban de bloquear con sus votos la puesta en marcha de un gobierno de derechas en Extremadura.

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