Crónicas desde el frente viral
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La rapidez del incendio político y la lentitud en las ayudas a las víctimas
No puede ser casualidad que aquí pasen cada vez más cosas propias del tercer mundo, con líderes políticos que se comportan como los del tercer mundo y con una respuesta ciudadana olvidadiza e igualmente tercermundista
Parece que el fuego retrocede, pero dos ideas siguen martillando mi cabeza. Pienso en la devastación emocional, en los rescoldos del miedo, en la temperatura de la orfandad frente a la adversidad -todavía caliente-, en la impotencia ante el calcinado paisaje de la vida y de la familia, en la dificultad para alumbrar algo parecido a la esperanza.
Y pienso, también, que casi nadie tendrá el dinero necesario para comenzarlo todo de cero. Leo que el Gobierno no ha concedido todavía el 62% de las ayudas comprometidas tras la catástrofe de la Dana. Y temo que a los olvidados de la Comunidad de Valencia se sumarán los de Extremadura, Galicia y Castilla y León. Para esto hemos quedado. Si no nos duele España ahora, al constatar que la fraternidad no llega… ¿Cuándo?
Ahora que tanto se habla de la degeneración democrática que sufrimos, podríamos, creo que deberíamos, ponernos en la piel de nuestros conciudadanos y sentir las desastrosas consecuencias de esta forma sanchista de ejercer el poder fratricida, moralmente corrupta y políticamente incompetente.
El contraste entre la velocidad para sacarle rendimiento electoral a la catástrofe y la lentitud para atender a las víctimas refleja la triste realidad de la nación. Sin embargo, en lugar de la exigencia de cuentas tras la calamidad, aquí se prefieren las novedades en la cuestión de las putas como si viviésemos todavía en la época del destape y no nos hubiésemos acostumbrado a vivir en democracia. El poder político lo sabe, por eso no se siente obligado a nada.
Opinión Si la realidad no fuese tan trágica, habría que reírse de este gobierno que se victimiza contando todas las penalidades sufridas por los españoles bajo su mandato y que, al mismo tiempo, no se responsabiliza de nada. Ojalá tuviesen la misma habilidad para solucionar problemas que para escurrir el bulto.
Si el desprecio no fuese tan sórdido, habría que partirse la caja burlándose de la interpretación de este miedoso Presidente y señalar lo obvio: no visitó a las personas, hizo un aterrizaje para grabar un rodaje con cortafuegos a los vecinos por si no querían aplaudir a su persona.
Si la humillación no fuese tan hiriente, habría que sacarle coplas a Diana Morant por responsabilizar a los afectados de la Dana de que el Ejecutivo no haya pagado más que un tercio de las ayudas. Óscar Puente, subido en unos tacones, podría haber dado la misma respuesta. ¿Qué asunto le resulta más urgente a la ministra que agilizarlas, siendo además candidata en la Comunidad Valenciana? "Oiga, a mí no pregunte, sólo somos el Gobierno".
Y si la torpeza no fuese tan constante, habría que desternillarse cada vez que los ministros llamados al Senado le roban la cartera a los populares. Nadie le dijo a Margarita Robles que el ejército no es suyo y que estaba allí para explicar su gestión y no para presumir de lo que hicieron quienes se la jugaron la vida. Y así con todos.
El PP, probablemente escarmentado por la justificada y exitosa operación de descrédito a Mazón, debió ver pronto lo que venía y trató de plantear el combate muy desde el principio.
Supongo que leyeron el tablero y decidieron aplicar el principio de iniciativa activa. En la primera fase, lo consiguieron. Por primera vez, se movieron más rápido que los socialistas.
A continuación, consiguieron lo más sencillo, anular la oferta de pacto de Sánchez porque estaba formulada en términos tan groseramente ideológicos que nadie pudo tomar en serio la simpleza. Después, activaron la ofensiva llamando a los ministros al Senado, donde no sumaron ningún punto. Y, en todo momento, desatendieron el punto más débil de la retaguardia.
Mañueco es el más flojo de todos los líderes territoriales del PP y la izquierda ya ha fijado en él su punto de mira. Le mantendrán tanto tiempo como puedan en la sartén con el objetivo de culpabilizar a todo el PP y de eludir cualquier tipo de responsabilidad gubernamental. Esa es la especialidad de este PSOE, también es la única región de las afectadas en las que los populares tienen lejana la mayoría absoluta.
Desde mi punto de vista, lo sustancial, la razón por la que la partida del bipartidismo a escala nacional terminará quedando en tablas está en que tanto los presidentes autonómicos populares como el socialista ministro de Interior no movieron la ficha que se habría movido en cualquier lugar del mundo: la declaración de emergencia de interés nacional. No existió.
Ni el PSOE ni el PP pueden explicar a los españoles por qué no se activó esa declaración antes de que las llamas consumiesen el 1% de nuestro territorio. No pueden porque los dos antepusieron el interés del partido al de la nación en un momento crítico.
No puede ser casualidad que aquí pasen cada vez más cosas propias del tercer mundo, con líderes políticos que se comportan como los del tercer mundo y con una respuesta ciudadana olvidadiza e igualmente tercermundista.
Opinión Por mucho que el incendio político se traslade como pronto hará, la crisis provocada por los incendios forestales de este verano continuará. Y no podrá darse por cerrada hasta que haya llegado la última ayuda y el último rincón del paisaje tenga cerrada su herida.
La gestión de cualquier crisis puede agraviarse cuando las instituciones combaten en lugar de colaborar, tal y como hemos visto. Pero no veremos la salida de esta crisis si permitimos que el Gobierno no cumpla con su obligación y con su compromiso de atender a las víctimas.
Debemos ser exigentes para que nuestros compatriotas sean atendidos. Y tenemos que plantearnos la sospecha, dura ya lo sé, de si ese desamparo responde al hecho de que en Valencia gobierne un partido distinto al de Moncloa. Prefiero pensar que no. Pero esa sombra tiene que ser despejada cuanto antes, entre otros motivos, porque en Galicia, Extremadura y Castilla y León ocurre lo mismo.
Quien prefiera olvidar, no se podrá quejar.
Parece que el fuego retrocede, pero dos ideas siguen martillando mi cabeza. Pienso en la devastación emocional, en los rescoldos del miedo, en la temperatura de la orfandad frente a la adversidad -todavía caliente-, en la impotencia ante el calcinado paisaje de la vida y de la familia, en la dificultad para alumbrar algo parecido a la esperanza.