Evolución del fallo multiorgánico en el cuerpo sanchista
A los diagnósticos del especialista en digestivo, del neumólogo, del hepatólogo, del nefrólogo y del cardiólogo… toca añadir el severo informe del neurólogo
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. (EFE/Juan Pablo Pino)
Hay un aspecto tragicómico en la agonía que sufre el sanchismo. El pobre intento de sus huestes de mostrar normalidad. La cara de satisfacción fingida y las sonrisas forzadas, después de recibir tantos palos en el Parlamento, invitan a pensar en que le están cogiendo el gustillo a las derrotas, en cierta inclinación al placer masoquista.
Esa es la parte cómica del "Ni tan mal" proferido por el presidente. La trágica reside en la torpe tomadura de pelo a la opinión pública que quieren interpretar. El intento de engaño es tan poco sutil que hasta pone de mal humor porque refleja, en el fondo, la idea que estos dirigentes tienen de sus conciudadanos.
A su vez, el último pleno del Congreso puso de manifiesto un aspecto nuevo e inquietante que quizá haya pasado más inadvertido de lo recomendable. Hasta esa cita se veía que el Ejecutivo había perdido la capacidad de legislar, después se ha evidenciado que los propios socios de investidura dan por amortizado a Sánchez porque que se están comportando ya en modo prelectoral.
Todo los que están a la izquierda del PSOE se mueven ya en modo de precampaña. Por lo tanto, son los que antes han dado la legislatura por concluida. Esa conclusión explica, por ejemplo, las declaraciones de Rufián con vistas a articular una candidatura conjunta de las "izquierdas plurinacionales" y también los ataques de Yolanda a Podemos. Con los socios de la derecha sucede exactamente lo mismo, tanto el PNV como Junts están recalibrando la posición.
Los actores partidarios, incluyendo a buena parte del PSOE, dan al sanchismo por acabado porque los datos que traen los análisis del enfermo son cada vez peores. Y no, no hablamos de cuestiones menores, de si el colesterol o de si el azúcar, nos referimos al fallo multiorgánico que se está cebando, a la cascada de complicaciones conectadas entre sí.
En los procesos agónicos es frecuente que varios órganos comiencen a colapsar al tiempo o que la crisis en una parte del cuerpo requiera intervenciones desesperadas que dañen al resto de elementos vitales.
Un paciente con el hígado en situación crítica, por poner un elemento de comparación con la corrupción, puede requerir acciones agresivas que terminen siendo muy lesivas para los riñones y provoquen una situación peor para el conjunto.
Es el caso de lo que yo considero una agresión a la integridad de la justicia que ha terminado desarbolada con la desactivación del "Comando de las cloacas", la caída de la Ley Bolaños o el fallido intento de hacerse con la sala penal del Tribunal Supremo. Visto así, asumiendo que los desechos se acumulan en el organismo, podría decirse que las últimas semanas han terminado desencadenando una insuficiencia renal gubernamental.
Un enfermo con una crisis pulmonar puede requerir un tratamiento extremo que ponga en riesgo al corazón. Si ha de hacerse lo que sea a cambio de mantener la respiración asistida parlamentaria y ello implica apretar con la financiación catalana que quiebra el principio de igualdad entre españoles o forzar al Constitucional con lo de la Amnistía, no es extraño que se desencadenen arritmias y pérdidas de pulso en la opinión pública tan alarmantes como las mostradas por las encuestas.
Cuando se entra en ese frenesí, el corto plazo desaparece y ganar un día implica envenenar las opciones de recuperación y acrecentar el peligro para los dos órganos. Faltan apenas unos meses para que la Justicia Europea emita su sentencia sobre la Ley de Amnistía. La comisión ya la ha calificado como "Autoamnistía". Si el fallo llega por donde parece venir, el pulmón del Congreso y el corazón del electorado pueden dejar de funcionar al mismo tiempo.
Claro que para entonces, la amenaza en el estómago económico también puede haberse concretado haciendo incontenible una gastritis hemorrágica. Hay mil millones de fondos europeos bloqueados y no cuesta creer que llegará mucho más sustento. Bruselas viene de rechazar al ministro Cuerpo en el Eurogrupo como quien escupe un agente patógeno y el expediente de la OPA del BBVA está sobre la mesa. No se les ve muy contentos.
Simultáneamente, la Cumbre de la OTAN provocó otra úlcera que sigue abriéndose y que ya veremos hasta donde llega. No se sabe qué capital le ha tomado la matrícula a Sánchez con más precisión y más, si es Bruselas o si Washington, pero lo indiscutible es que lo han hecho las dos y no creo que esté de más añadir a Tel Aviv.
Sucede, además, que esto pinta así de mal porque a los diagnósticos del especialista en digestivo, del neumólogo, del hepatólogo, del nefrólogo y del cardiólogo… toca añadir el severo informe médico neurólogo. Cada informe de la UCO está desencadenando un ictus diferente en el cuerpo sanchista. Pronto podrían sucederse varios, precipitarse en racimo.
El problema de estos accidentes cardiovasculares radica en la dificultad de anticipar el punto preciso en que caerán. Hasta el momento, sólo sabemos que los anteriores han venido impactando sobre el entorno inmediato del Presidente del Gobierno. Tampoco es nada fácil predecir la clase de lesión que generarán. Todo lo que cabe entrever es que, en el demacrado estado actual del paciente, varios pueden ser terminar siendo fatales. Por ejemplo, uno que afectase al riego de la posible financiación ilegal.
Sánchez se va de vacaciones, pero el sanchismo está en cuidados intensivos y estoy convencido de ya no saldrá de ahí por su propio pie. El deterioro es sistémico y acelerado, aunque pronostico que cogerá mucha más velocidad a partir de septiembre. En eso coincido con los socios de investidura. Ellos se están preparando para el después, es lo normal al final de cualquier drama. La vida política tiene estas cosas y toca aceptar la verdad. Lo trágico, lo que haría resucitar al bueno de Esquilo, es que dentro del partido, bajo una luz que agoniza, ya resuenan los rumores sobre la herencia.
Hay un aspecto tragicómico en la agonía que sufre el sanchismo. El pobre intento de sus huestes de mostrar normalidad. La cara de satisfacción fingida y las sonrisas forzadas, después de recibir tantos palos en el Parlamento, invitan a pensar en que le están cogiendo el gustillo a las derrotas, en cierta inclinación al placer masoquista.