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¿Qué puede hacer el PSOE para no acabar por debajo de los 100 escaños?
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Pablo Pombo

Crónicas desde el frente viral

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¿Qué puede hacer el PSOE para no acabar por debajo de los 100 escaños?

Sólo existe un desfiladero que permitiría a los socialistas transitar hacia la salvación. Y pasa por asumir el principio de iniciativa desde el principio de responsabilidad

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicesecretaria general del PSOE, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicesecretaria general del PSOE, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
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El mar puede retroceder varios cientos de metros antes de que se desate un maremoto. Y puede que suceda algo parecido con la actualidad política y judicial durante el mes de agosto.

Visto desde el búnker, después de tanta marejada, ese horizonte silencioso con todo el lecho marino al descubierto resulta tranquilizador. Sin embargo, se trata de un alivio efímero y engañoso.

Es posible que la imagen propicie algún episodio breve de euforia comprensible. Cierta sensación de que lo peor se marchó. Una ilusión porque todo parece indicar que nada podrá hacer sombra al tsunami que viene. Nada, ni lo de Montoro, ni lo de la inmigración. Nada. Tampoco un giro en las aguas internacionales que cada vez se muestran más adversas para el Gobierno.

Por lo tanto, cuesta decir que sea prudente argumentar que la bunkerización es una estrategia digna de un genio. Por no ser, no es ni un plan de subsistencia. El tiempo de supervivencia está a expensas de acontecimientos que Moncloa no puede anticipar, controlar o remediar.

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En realidad, el resistencialismo de Sánchez, tan coreado por sus exegetas, es una renuncia completa a su autonomía política porque implica estar en manos del Tribunal Supremo, de Waterloo y de la calle Génova.

Lo primero es evidente. Va a ser difícil que la presunta operación de obstrucción a la Justicia pueda alcanzar los objetivos deseados. El comando de las cloacas quedó desarticulado. La vocación de servicio público de la UCO permanece tan intacta como su honor. Y todo el aparataje propagandístico para justificar la agresión del Ejecutivo se está desmoronando a ojos vista.

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Lo segundo, la dependencia extrema de una mayoría de investidura contraria al interés objetivo de España, está pasando de insoportable a insostenible con el pasar de estos días. La peligrosa frase del presidente, aquello de "Gobernaremos con o sin el concurso del Parlamento", se le está atragantando hasta el ahogamiento. Y está, también, dejándole retratado como concursante: para todos los socios, Sánchez es, cada vez más, el rival más débil. Y no parece del todo claro que el programa le esté resultando rentable al ínclito Puigdemont.

El tercer punto de sumisión estratégica es menos obvio, aunque contenga un rango de impacto mayor. Desde la sede del PP se puede infligir un daño existencial al PSOE. Sánchez puede fijar la fecha de las elecciones generales, pero sólo Feijóo domina el calendario de las urnas autonómicas. Puede darse por seguro que los populares emplearán esa arma con la intención de maximizar un daño potencialmente letal para el Partido Socialista. Y la verdad es que no lo tienen muy complicado.

Basta con tener en cuenta un par de factores para desencadenar la ofensiva:

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A/ ¿En qué territorios serán candidatos los ministros impuestos por Sánchez? Andalucía, Madrid, Aragón y Comunidad Valenciana.

B/ ¿En qué territorios se dan las condiciones para el PP pueda alcanzar la mayoría absoluta? Andalucía, Madrid, Galicia, Aragón, Murcia, Extremadura, La Rioja y Baleares.

En cuanto se cruzan esas dos variables quedan señaladas en la agenda las sesiones de tortura electoral que puede sufrir el sanchismo sin margen de maniobra.

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Una vez programada esa cadena de explosiones será Feijóo quien fuerce, una tras otra, las distintas crisis de Gobierno para que el ministro de turno no tenga más remedio que irse a hacer campaña camino del matadero donde, por cierto, coincidirá con los de Vox.

Tras esa ronda de adelantos autonómicos, el trillado recurso del miedo a que "el PP pacte termine pactando con la extrema derecha" quedaría desactivado porque los de Abascal acabarían, urna tras urna, como una fuerza política y culturalmente irrelevante. Es más, serían muchos los votantes socialistas que optarían por las siglas azules con el solo interés de dejar fuera a las verdes.

Para los socialistas, el riesgo de esa estrategia de voladura electoral, territorio a territorio, supone un peligro letal. La consecuencia de haberse convertido en una sucursal ideológica del PSC es terminar siendo un apéndice insuficiente del resultado en Cataluña.

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La amenaza es extrema. En el peor de los casos abriría el escenario de la "pasokización" y en el escenario más favorable dejaría al partido sin la posibilidad de ser alternativa de poder no ya durante un ciclo electoral, sino durante 20 años como le pasó en su día al Labour Party británico.

Sólo existe un desfiladero que permitiría a los socialistas transitar hacia la salvación. No es sencillo pero sí es viable. Y pasa por asumir el principio de iniciativa desde el principio de realidad.

La realidad conlleva asumir que las próximas elecciones están perdidas. Y la iniciativa consiste en convocar elecciones generales durante el mes de agosto para que caigan en octubre. Probablemente, los jueces tendrían reparos para moverse y no querrían incidir en la campaña electoral.

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Para alcanzar el rango de los 100 a los 110 escaños, el PSOE tendría que replantear toda su oferta electoral: sacrificar a Sánchez y rescatar a la socialdemocracia. Dicho de otro modo, optar por un candidato ajeno al actual entorno del actual secretario general y ofrecer un proyecto ideológicamente reconocible al corazón electoral socialista.

No existe otro plan factible de supervivencia. Desde ese suelo, si el eventual Gobierno de Feijóo se viese en problemas verdaderamente graves y si se llevase a cabo un trabajo serio, hasta podrían darse las condiciones para competir en 2030.

Adicionalmente, como las causas judiciales están abiertas y harán falta años hasta la sentencia, sólo esa ruta permitiría a los socialistas contener el daño. Quien suceda a Sánchez, siempre que no sea sanchista, podrá decir que responde de lo suyo y no de lo que había antes.

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De la otra manera, persistiendo en el error, la alternativa al PP puede terminar siendo Vox. Hoy nos parece algo inimaginable. También pensaron lo mismo los franceses o los alemanes y ahora la única alternativa que existe a la derecha convencional o al liberalismo está en la extrema derecha.

La ruta para que el PSOE no se desplome históricamente puede estar abierta mientras el mar esté retirado de la orilla y el tsunami no se desencadene, es decir, sólo durante este mes de agosto. Más tarde, puede no haber ningún después.

El mar puede retroceder varios cientos de metros antes de que se desate un maremoto. Y puede que suceda algo parecido con la actualidad política y judicial durante el mes de agosto.

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