Dueño o cliente: ¿a quién le cae la multa si un usuario no quiere usar mascarilla en un local?
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'nueva normalidad' poscoronavirus

Dueño o cliente: ¿a quién le cae la multa si un usuario no quiere usar mascarilla en un local?

Existen dos tipos de sanciones que se pueden aplicar a alguien que no usa la mascarilla siendo obligatoria en espacios cerrados, como tiendas o restaurantes

Foto: Uso obligatorio de mascarillas en clm
Uso obligatorio de mascarillas en clm

Un hombre pasea por la calle y decide entrar en una cafetería a tomar un refresco, o en una tienda a comprar una camiseta; lo hace sin llevar nariz y cara tapadas, a pesar de que en prácticamente toda España es obligatorio llevar mascarilla en todo momento, incluso aunque se pueda mantener la distancia de 1,5 metros o al aire libre. ¿Qué ocurre en ese momento? Puede que el propietario del local se plantee la posibilidad de no dejarlo entrar, aun con temor a no saber a qué normativa acogerse; también que se ponga nervioso por no querer dentro de su espacio a una persona que no lleve la protección apropiada. Incluso aunque esta persona acabara entrando en el establecimiento, ¿qué ocurriría si un agente de Policía entrara y lo viera sin el cubrebocas colocado pertinentemente?

Lo cierto es que incluso desde antes de que decayera el estado de alarma ya se sabía que la 'nueva normalidad' iba a venir de la mano del uso obligatorio de las mascarillas, bajo sanción económica de 100 euros en caso de incumplimiento. Y a pesar de que la mayor parte de la sociedad ha asumido como propia la responsabilidad de llevar cubierta nariz y boca siempre que haya proximidad a otras personas, puede haber algún caso concreto de alguna persona que opte por no querer llevar la mascarilla. ¿Qué se debe hacer en estos casos? "En espacios cerrados hay que entrar con mascarilla sí o sí, porque no se puede mantener la distancia mínima todo el tiempo", explica a El Confidencial Jesús Padorno, abogado en Legálitas. "Técnicamente, el propietario del local puede requerirle que se la ponga", señala, y si aun así prefiere no colocársela, también podría prohibir el acceso al establecimiento.

Sin embargo, en este caso negar el acceso no entra dentro de lo que se conoce como derecho de admisión, gracias al cual el dueño de un establecimiento puede impedir la entrada o permanencia de terceros siempre que esta exclusión esté fundamentada en condiciones objetivas. "Este caso se rige por la ley de Seguridad Pública: al entrar en un bar o en un local sin mascarilla se está incumpliendo la normativa específica, se está incumpliendo la ley", señala Padorno, quien añade que en estos casos el propietario puede "prohibir" pero nunca "sancionar". "Como tal el local no tiene potestad sancionadora pero sí se le puede denegar el acceso; si la persona insiste, se puede llamar a la Policía y que ésta se persone", añade.

Uso obligatorio de la mascarilla en el Metro de Madrid (EFE)
Uso obligatorio de la mascarilla en el Metro de Madrid (EFE)

Puede darse el caso de que sea el mismo cliente el que opte por llamar a la Policía para que le permitan la entrada, pero lo cierto es que la obligatoriedad de la mascarilla está regulada por ley, por lo que rara vez los agentes de turno darán la razón al cliente en este tipo de casos. Si finalmente interceden las fuerzas de seguridad pueden ocurrir dos cosas: "que se sancione al cliente por no llevar mascarilla, con unos 100 euros; o que lo hagan por no querer ponérsela, que ya sería una multa de 600 euros o más". En este segundo caso se trataría, no de una sanción por incumplimiento de la Ley General de Salud Pública, sino de una multa por desobediencia, previsto en el artículo 36.6 de la ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como 'Ley Mordaza'. Esta resistencia a la autoridad, considerada sanción grave, implica multas de entre 601 y 30.000 euros.

¿Pueden multar al dueño del local?

Esta es otra duda en este tipo de circunstancias, especialmente en los casos de locales de restauración y hostelería: puede que todo el mundo entre con la mascarilla puesta pero una vez en la mesa, con un refresco o una cerveza delante, la mascarilla tiende a dejarse colgada en una oreja, enganchada al codo o incluso sobre la propia mesa, dado que entre las excepciones al uso de las mascarillas se encuentra el momento en el que uno esté consumiendo alimentos o bebidas. Los expertos recomiendan llevarla siempre, incluso sentados en terrazas, y solo 'abrirla' como si se tratara de una ventana para dar un trago a la bebida, comer o fumar.

"Esta es la teoría, pero en la realidad esto no está pasando", señala el abogado a este periódico, en línea con lo trasladado por diferentes sectores de hosteleros del país, que asumieron desde el principio que el ejercicio de estar quitándose y poniéndose la mascarilla —o abriéndola de manera puntual— iba a ser algo complicado de implantar en la forma de ser del consumidor español. En este caso, lo que puede hacer el dueño es "requerirle que se coloque la mascarilla"; ahora bien, si sin llamadas a las autoridades mediante apareciera un agente y multara a alguien, lo haría al cliente. "Si una persona no está consumiendo y no lleva la mascarilla no multarán al propietario, multarán al cliente, aunque es difícil porque son sanciones fácilmente recurribles", apunta el abogado. Sencillas de recurrir porque estando en una cafetería o en un bar, por ejemplo, sería fácil alegar que se estaba esperando al café o la cerveza que se acababan de pedir, o que justo se acababa de terminar un alimento.

Ahora bien, Padorno desconoce caso alguno de multas en los bares por este motivo. "Lo mismo ocurre con los espacios que se ponen en las puertas de los establecimientos para fumar. No hay una regulación específica, pero teóricamente las personas que se sientan en estas pequeñas mesas para fumadores deberían colocarse la mascarilla entre calada y calada. No ocurre, pero tampoco he visto que se hayan puesto sanciones por esto", lo que no implica que no se puedan poner.

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