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Pastilla roja o pastilla azul: por qué la Generalitat Valenciana se ha enredado cambiando su color histórico
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La marca valenciana color rojo es de 1984

Pastilla roja o pastilla azul: por qué la Generalitat Valenciana se ha enredado cambiando su color histórico

En una decisión inédita, la Generalitat ha decidido retirar el rojo que la acompaña desde el principio de la identidad valenciana y reemplazarlo por el azul

Foto: El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, con el nuevo color de la Generalitat (EFE/Manuel Bruque)
El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, con el nuevo color de la Generalitat (EFE/Manuel Bruque)

Nunca hay que desmerecer el poder de la psicología del Pantone en la conformación del estado electoral. Eso es lo que debieron pensar los responsables de la Generalitat Valenciana, primero con Carlos Mazón, finalmente con Pérez Llorca, cuando se embarcaron en un viaje del todo rocambolesco. Hacer de la Generalitat Valenciana una autonomía con menos rojos. Hablamos de color.

Si la gorra de Donald Trump ya configura un rojo pop que quedará para la historia como la definición de una era, y que además de guarnecer su cabeza impone la presencia del rojo republicano, frente al azul demócrata, la aventura colorida valenciana ha decidido que había demasiado rojo en sus señas de identidad. Al parecer un problema en el camino hacia la identificación del electorado con el azul PP. Algo incongruente porque, de Zaplana a Camps, nunca le fue mejor al PP que con una Generalitat de pantone bien rojo.

En términos técnicos es el paso del Pantone 186C al Pantone 293C. Del rojo al azul. De manera discrecional, sin ningún tipo de apertura social o repaso histórico, la Generalitat sucumbe a la tendencia de cambiar sus elementos corporativos. En marcas de moda o equipos de fútbol, los últimos años han sido intentos en variaciones, a menudo enfocadas a flatear el símbolo, bajo la convicción de que para que funcione en el entorno digital debe tener una simplicidad máxima. Pero no, la Generalitat no se inclina por el flat design ni tiene entre sus propósitos una mayor comprensión de la simbología corporativa propia. Más bien pareciera lo contrario: generar un estado de confusión con el propósito principal de que a nadie se le ocurra pensar que, como la Generalitat es roja, la Generalitat pertenece a los socialistas.

En las declaraciones de la administración se justifica el cambio atendiendo a que “en contexto de reestructuración de las consellerias como el que estamos, la imagen corporativa debe reflejar las prioridades estratégicas del nuevo Consell, adaptarse a su modelo de relación con la ciudadanía y acompañar el nuevo enfoque de la acción pública”. Como destaca el medio especializado Gràffica, la revisión del manual de identidad busca que el azul prime en el uso de logos y aplicaciones que se se utilicen de aquí en adelante, bajo el propósito principal de “prevenir usos indebidos o arbitrarios de la imagen pública” y “proporcionar seguridad jurídica a los órganos gestores y a la ciudadanía al identificar con claridad la comunicación institucional”.

Resulta rocambolesco que, para garantizar la seguridad de identificación de la imagen de la Generalitat, se le aboque a un estado completo de dispersión, excluyendo una solidez visual construida desde 1984, cuando los diseñadores Dani Nebot y Nacho Lavernia (posteriormente premios nacionales de diseño) organizaron el sistema de marca de la institución, situando el Pantone 186C como color reconocible. Se trató de un trabajo ejemplar que, en todas estas décadas, no solo no entró en discusión sino que hizo de la Generalitat una administración ampliamente reconocible e inequívoca.

placeholder Color histórico de la Generalitat Valenciana, en un punto de vacunación del covid-19 (EFE)
Color histórico de la Generalitat Valenciana, en un punto de vacunación del covid-19 (EFE)

Tumbar la solidez de una marca con tanta relevancia en uno de los principales territorios de España, con el pretexto de que la ciudadanía no se confunda, es un delirio que en realidad esconde otra intención: dispersar el mensaje. La implantación del nuevo color ya anuncia una larga travesía de solapamiento identitario. Mientras servicios cotidianos como el transporte o la sanidad ya proyectan sus apps en azul, así como la web o los canales institucionales, otros soportes con enorme visibilidad, como los de MetroValencia, permanecerán en rojo. La Generalitat queda abocada a parecerse más a la imagen del Levante UD o al Barça que a la del Azul Senyera con el que emprende su cambio de piel.

Provoca algo de pudor justificar los motivos de la presencia del rojo en la Generalitat, pero evidentemente no solo no tiene correspondencia con la tonalidad socialista, sino que cuando el PSOE no se había fundado la gran institución valenciana ya llevaba siglos demarcándose a partir del rojo. Como ha recordado en innumerables ocasiones la historiadora de arte María Elvira Mocholí, el escudo primitivo del Reino de Valencia ya se identificaba con “quatre pals de gules” o “quatre pals rojos sobre camp d’or”. Sólo hay que echarle una mirada al retablo del Centenar de la Ploma, obra cumbre de la historia valenciana, alojada en el Vitoria&Albert de Londres, para entender por qué sí el rojo es un identificador pleno de los valencianos.

¿De verdad los valencianos necesitaban que se pusiera en cuestión su rojo corporativo, resolviendo un debate que nadie había planteado?, ¿de verdad era lo que necesitaban justo ahora?

Nunca hay que desmerecer el poder de la psicología del Pantone en la conformación del estado electoral. Eso es lo que debieron pensar los responsables de la Generalitat Valenciana, primero con Carlos Mazón, finalmente con Pérez Llorca, cuando se embarcaron en un viaje del todo rocambolesco. Hacer de la Generalitat Valenciana una autonomía con menos rojos. Hablamos de color.

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