Cómo crear la marca 'Juanfran': Llorca arranca con el reto de sortear la presión de Vox y la herencia de Mazón
El nuevo' president' intenta desinflamar el clima político, pone el foco en la política fiscal y medidas sociales como la gratuidad del primer curso de universidad y mantiene exigencias al Gobierno, a la vez que le reclama "cooperación"
Pérez Llorca, en el momento de conocerse la votación de su investidura. Abajo, Mazón. (Eduardo Manzana/Europa Press)
Juanfran Pérez Llorca superó este jueves la primera etapa de una carrera de obstáculos que tiene una meta: conseguir ser Juanfran Pérez Llorca. El nuevo presidente de la Generalitat toma el mando del poder autonómico marcado por la lluvia de titulares sobre las cesiones discursivas que ha tenido que hacer a Vox para tomar prestado el apoyo de los trece escaños del partido de Santiago Abascal y alcanzar la mayoría necesaria para coger la jefatura del Consell. Lo hace, además, hipotecado por la herencia de malestar social y fuerte crispación política que deja su antecesor, Carlos Mazón, que tuvo la deferencia de aparecer en el último momento del pleno de investidura, en un gesto dirigido a apartarse de la foto durante la jornada y no robar protagonismo a la persona elegida por el Partido Popular (PP) tras su dimisión.
El nuevo presidente del Ejecutivo autonómico no nombró ni una sola vez a Mazón en sus tres intervenciones, pese a las muchas alusiones a su rol de hombre de confianza del barón popular saliente de los grupos de la oposición, PSPV-PSOE y Compromís, que trataron durante toda la jornada de ubicarlo bajo el ala del político alicantino. Solo en el momento de la votación se produjo la coincidencia entre ambos, que se saludaron, pero sin abrazo en público. Mazón le felicitó públicamente a través de su cuenta de X.
Esa ausencia nominal, su promesa de pedir perdón a las familias de las 229 víctimas mortales en cuanto asuma el cargo y una constante alusión en sus intervenciones a la necesidad de rebajar el nivel de tensión política acumulada en los últimos meses han sido señales de que el nuevo presidente quiere intentar abrir una nueva etapa política en la Comunidad Valenciana, reducir una marcha la velocidad del clima político local con fuerte reflejo nacional, especialmente en lo mediático.
Busca crear el estilo 'Juanfran', más cercano quizás al de su colega Juanma Moreno en Andalucía, que al de Isabel Díaz Ayuso en Madrid o al cierto histrionismo del propio Mazón.
Le queda año y medio para conseguirlo, antes del final de la legislatura formal en mayo de 2027. De si lo logra o no es muy probable que dependan también sus opciones de ser el candidato electoral de los populares para las autonómicas, una decisión que corresponde a Alberto Núñez Feijóo, el líder del PP, como se ha encargado de recordar Génova.
"Vengo a dialogar, no vengo a confrontar ni a la política del fango", afirmó, recordando su capacidad de negociación como portavoz popular, incluso con los grupos de la oposición. "Sé que está todo crispado y no lo voy a conseguir mañana, pero esa es mi prioridad y mi forma de hacer la política. Tardaré meses, pero voy a continuar intentándolo", señaló en la última frase de sus apariciones desde el atril de la investidura.
"Vengo a dialogar, no vengo a confrontar ni a la política del fango", asegura Pérez Llorca
Rebasado el escollo de lograr la mayoría necesaria para la investidura, Pérez Llorca tiene ahora que jurar o prometer el cargo ante la Cámara, cuando su nombramiento se publique en el Boletín Oficial del Estado (BOE). El Gobierno tiene diez días a partir de hoy para publicarlo, cuando un letrado de las Cortes Valencianas se desplace a Madrid y comunique en persona a Moncloa y la Casa Real la decisión del parlamento autonómico.
Se especula con que la semana que viene, seguramente el martes, pueda celebrarse el pleno de toma de posesión. Así se ha fijado por la Junta de Portavoces. A partir de ese momento, Pérez Llorca podrá acudir al Palau de la Generalitat como octavo presidente del periodo autonómico, tras Joan Lerma, Eduardo Zaplana, José Luis Olivas, Francisco Camps, Alberto Fabra, Ximo Puig y el propio Mazón. Hay un noveno presidente, Josep Lluís Albiñana, que lo fue en la etapa preautonómica, durante la Transición.
Las primeras decisiones de Pérez Llorca serán claves para entender dónde quiere poner el foco y el estilo de gestión política. Habrá que ver el nivel de alcance real de los compromisos adquiridos con Vox. Pero el discurso de este jueves no ha sido muy distinto, más allá de las referencias amplias a la inmigración y al Pacto Verde que reclamaba Santiago Abascal, al argumentario que ha desplegado el Partido Popular desde que recuperó el poder en mayo de 2023: rebajas fiscales, libertad de elección de lengua en educación, defensa de la nuclear de Cofrentes y una batería de reivindicaciones al Gobierno de Pedro Sánchez, desde obras hidráulicas hasta financiación autonómica, a la vez que reclama "cooperación" y "coordinación" en la respuesta a la dana y las obras de reconstrucción…
Lo diferente ha sido el tono, un deseo evidente de desinflamar que puede dejar a los grupos de la oposición PSPV-PSOE y Compromís colgados de la brocha de Mazón, sobreexcitados y pasados de frenada con el relato de la dana si Pérez Llorca logra cambiar el paso y desembarazarse de esa losa política.
Medidas anunciadas en su discurso de investidura, como la gratuidad del primer curso de universidad si se superan todas las asignaturas; la ampliación de las rebajas a mayores tipos de rentas para llegar a "todas las clases medias", con una extensión del 50% en las bonificaciones en gastos en dentista, gafas, deporte, salud mental; o una segunda ley de simplificación administrativa han trufado el paquete de promesas como nuevo presidente. A Pérez Llorca le interesa poder desplegarlas burocráticamente cuanto antes para ir marcando nueva agenda.
Para ello tendrá que conformar su nuevo equipo de confianza. Decidir algo que seguramente ya debe de tener claro: qué parte del núcleo duro de Mazón conserva o si opta por renovar completamente el búnker del Palau. Se especula con la creación de una nueva brigada de peso político.
Se da por hecho que buscará acomodo para el jefe de gabinete y mano derecha de Mazón, José Manuel Cuenca. Mazón tiene derecho a nombrar dos asesores para que trabajen para él, según el régimen de expresidentes.
Pero queda despejar si mantendrá o querrán seguir otras personas de la confianza de su antecesor, como el secretario autonómico de Relaciones Institucionales y Transparencia, Santiago Lumbreras, o el flanco más técnico, como Cayetano García, cerebro del Palau en materia administrativa. Un alto funcionario, habilitado nacional y conocedor de la sala de máquinas de la Generalitat, que puede ser muy útil para un jefe del Consell que llega a la cima de la política autonómica desde la alcaldía de un ayuntamiento de poco más de 10.000 habitantes, el de Finestrat, al que ahora tiene que renunciar.
Otros altos cargos de Presidencia, como el director general de Proyectos Estratégicos, José Díaz, o el de Representación ante la Unión Europea, Pablo Broseta, han mantenido también un perfil ajeno a la gestión política de la dana, que ha socarrado carreras políticas. El equipo de comunicación está igualmente a la espera de noticias.
La segunda tanda de decisiones está relacionada con la estructura de Consell que tiene en la cabeza. Personas de peso en el gobierno de Mazón, como la portavoz y vicepresidenta con competencias en la enorme Conselleria de Servicios Sociales, Susana Camarero, han trasladado a Pérez Llorca su deseo de reducir su nivel de exposición. Camarero es pata negra del PP. Sería extraña una salida del Ejecutivo, aunque no tanto un movimiento para buscar una nueva cara en la portavocía que le permitiera salir del foco y rehacer su imagen y a la vez permitir al nuevo presidente presentar otro rostro para comunicar las decisiones del Consell.
El otro vicepresidente, Vicente Martínez Mus, ha sumado las competencias en materia de coordinación en tareas de reconstrucción que ha dejado el exteniente general del Ejército, Francisco José Gan Pampols, a las que ya tenía en Infraestructuras y Medio Ambiente y tiene buena consideración interna.
El futuro del resto de consellers es una incógnita, aunque se da por descontado que habrá cambios. El propio Pérez Llorca lo exteriorizó hace algunos días: "Cada vez que hay un presidente nuevo, siempre hay cosas nuevas". Es lo que se espera de su presidencia. Una nueva etapa. Salir de El Ventorro; superar el bucle del 29-O en el que la política valenciana parece atrapada desde hace más de un año. Y será difícil que sea creíble sin caras nuevas a sus órdenes.
Juanfran Pérez Llorca superó este jueves la primera etapa de una carrera de obstáculos que tiene una meta: conseguir ser Juanfran Pérez Llorca. El nuevo presidente de la Generalitat toma el mando del poder autonómico marcado por la lluvia de titulares sobre las cesiones discursivas que ha tenido que hacer a Vox para tomar prestado el apoyo de los trece escaños del partido de Santiago Abascal y alcanzar la mayoría necesaria para coger la jefatura del Consell. Lo hace, además, hipotecado por la herencia de malestar social y fuerte crispación política que deja su antecesor, Carlos Mazón, que tuvo la deferencia de aparecer en el último momento del pleno de investidura, en un gesto dirigido a apartarse de la foto durante la jornada y no robar protagonismo a la persona elegida por el Partido Popular (PP) tras su dimisión.