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René lleva un año buscando a la mujer que le salvó la vida durante la dana
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"Me gustaría regalarle un ramo de flores"

René lleva un año buscando a la mujer que le salvó la vida durante la dana

Este holandés de 67 años cuenta por primera vez cómo pudo escapar de la ratonera en la que se convirtió la carretera V-31, aunque sigue sin saber nada de la persona que le sacó de su coche cuando la ola se acercaba

Foto: René en su domicilio un año después de la dana. (Guillermo González)
René en su domicilio un año después de la dana. (Guillermo González)
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Una mujer rubia, joven y con una blusa verde. Eso es todo lo que René recuerda de la persona que le salvó la vida la tarde del pasado 29 de octubre de 2024. Por eso, un año después del fatídico día en el que el agua arrasó Valencia, este holandés afincado en Algemesí sigue intentando dar con ella. "Me gustaría poder darle las gracias nuevamente, regalarle un ramo de flores e invitarle a que conozca a mi familia", confiesa a El Confidencial en la primera entrevista que concede a un medio desde que estuvo a punto de morir en un atasco. "No me gusta hablar por respeto a los que no están y que vi cómo se marcharon".

A días de que se cumpla el primer aniversario de la DANA de Valencia, él aún cree que sigue aquí, en buena medida, por esa chica que le sacó del coche en plena V-31 a la altura de Alfafar. Ella apareció en su camino cerca de las ocho menos veinte de la tarde, cuando este sexagenario llevaba unos minutos viendo que lo que ocurría era importante. Hasta entonces no llovía y René llevaba ya un tiempo intentando recorrer los pocos kilómetros que separan la capital del Turia de su hogar después de una comida con amigos. No le había dado demasiada importancia al tráfico, pues esa zona está habitualmente llena de coches, pero la cosa cambió cuando el agua empezó a llegarle por las rodillas. Los coches se empezaron a mover e intentar dar la vuelta para subirse al puente bajo el que circulaban y él se quedó encajado.

"Mucha gente prefirió quedarse en el coche, pero yo tenía claro que quería salir. El problema es que no podía abrir la puerta de mi Nissan Micra y por la ventana tampoco podía irme por mis problemas de movilidad. Me habría tenido que quedar ahí si esa joven no se hubiera acercado a ayudarme", detalla a este medio en su actual domicilio. Está sentado rodeado de papeles para justificar cada recuerdo y pinta sobre uno de esos papeles cada movimiento que hizo. "Me sacó y me subió a la mediana para evitar el agua. Hicimos una cadena humana y nos pusimos a andar dirección a Valencia porque pensábamos que el agua venía del otro lado. No habíamos recibido aviso alguno ni teníamos información sobre lo que ocurría, así que eso me pareció lo más sensato. Hasta que vino el tsunami".

Con memoria fotográfica, René recuerda emocionado cómo aquella ola marrón que arrasó el sur del área metropolitana les pasó por encima. El agua arrastraba todo tipo de utensilios y movió los coches como si fueran barcos de papel en una autovía convertida en jacuzzi. Tampoco olvida cuándo le llegó la famosa alerta porque en la oscuridad de la noche se iluminaron todos los teléfonos. No había nadie que les socorriese y dice que vivió imágenes que nunca olvidará. Mensajes de socorro, cadáveres flotando y varios momentos en los que estuvo a nada de tirar la toalla. Hasta las siete y media de la mañana estuvo luchando contra el agua, el barro y los obstáculos.

La ola la aguantó agarrado a un quitamiedos hasta no poder más. Pero tras el primer golpe entendió que debía moverse. Había perdido a sus compañeros, así que manejó varias alternativas. Primero pensó en cruzar la carretera para llegar al hotel Albufera, un par de kilómetros más cerca de Valencia del punto en el que había abandonado su coche, pero el agua corría con tal fuerza que descartó esa idea. Siguió vagando con la vista fija en Valencia y sin una luz a su alrededor que no fuesen las de los móviles. Hasta que, pasado el anegado parking del Carrefour junto a Llocnou de la Corona, optó por pegarse de nuevo al quitamiedos de la derecha.

En total recorrió cuatro kilómetros en la misma dirección. Fue entonces cuando un Guardia Civil lo agarró de un brazo y lo subió a un puente en Sedaví. De ahí acabó en un autobús de la EMT valenciana dirección al pabellón de baloncesto de la capital. Se había encontrado cientos de coches por el camino, pero no cuenta más de 30 personas en los autobuses, ni en el polideportivo al que llegó.

Lo que sí encontró, asegura, al bajar del autobús fue un micro de una televisión en la cara. "Llegué en shock y no me sentía preparado para hablar, pero vi que no había afectados, por lo que entendí que no habían salido a rescatar a mucha gente. Solo estábamos los pocos a los que nos habían encontrado. Hasta el 31 no se empezó a llenar, es una de las cosas que no me puedo explicar".

Pasó cuatro días en el pabellón, le dieron ropa nueva, sacada de los uniformes de los equipos de baloncesto, le lavaron la suya y empezó a ver la solidaridad desbordante. Hizo amigos entre los afectados y los policías que conocía allí, recibió la visita de Juan Roig y tiene grabado en su mente que en ese lugar fue el último encuentro con su salvadora. "Le di las gracias, me dio un gran abrazo y seguimos", cuenta. Dos días después pudo hablar con su familia y empezó la siguiente etapa, la de arreglar todo lo que había perdido en su hogar. Aunque vivía en un primero, la ola también se llevó todo lo que tenía en su trastero de Algemesí. Aún hay muchos detalles de esa noche que no recuerda.

Los afectados, un año después

René habla por primera vez en un medio sobre lo que le ocurrió, pese a que recuerda con detalle lo sucedido. No se sentía preparado y las secuelas tanto emocionales como físicas son palpables. Tenía una rodilla bastante tocada que tras lo ocurrido ha acabado en una operación completa de la que se recupera poco a poco y sigue teniendo en su mente la culpa de no haber ayudado a más gente. "Estaba peleando por mi vida, pero eso siempre lo voy a tener presente. Por suerte tengo mi familia, mis nietos y quería vivir por ellos. La ola la aguanté pensando en ellos".

Esta misma semana, el director general de Salud Mental y Adicciones de la Generalitat Valenciana, Bartolomé Pérez Gálvez, presentó un balance de la situación tras la DANA después de un año. Aludió a situaciones vividas anteriormente en puntos de Inglaterra y Alemania que dejaron a su paso un 30% de la población con estrés postraumático. En el caso de la Comunidad Valenciana, Pérez Gálvez explicó que en la zona afectada el crecimiento de pacientes de estrés postraumático ha crecido un 170% en un año.

Desde noviembre de 2024 se han atendido 887 personas con este problema, frente a los 328 pacientes del mismo periodo de un año antes. En el resto de municipios de la región, los casos han pasado de 1.406 a 1.661. A pesar de este crecimiento, el director general aseguró que es una cifra mucho menor del 800% que podía esperarse. “Son datos absolutamente favorables”, dijo Pérez Gálvez, que, en cualquier caso, se mostró prudente y abogó por ver la evolución en los próximos años.

Algunos de estos afectados, como René, se han unido en asociaciones y grupos para luchar para que se haga Justicia y poder reparar sus daños y cerrar heridas. Pero un año después las cicatrices siguen a flor de piel. Ya no hay casi barro en las calles, las fachadas se han pintado, las casas se han reformado y las infraestructuras comienzan a recuperarse. Pero ahora el dolor queda dentro. "Fue algo que nos cambió de la noche a la mañana, y lo que creo que a muchos nos sigue persiguiendo es que creemos que realmente se podría haber evitado. En un país como España y una región como la Comunidad Valenciana, no deberíamos haber vivido algo así", termina René.

Una mujer rubia, joven y con una blusa verde. Eso es todo lo que René recuerda de la persona que le salvó la vida la tarde del pasado 29 de octubre de 2024. Por eso, un año después del fatídico día en el que el agua arrasó Valencia, este holandés afincado en Algemesí sigue intentando dar con ella. "Me gustaría poder darle las gracias nuevamente, regalarle un ramo de flores e invitarle a que conozca a mi familia", confiesa a El Confidencial en la primera entrevista que concede a un medio desde que estuvo a punto de morir en un atasco. "No me gusta hablar por respeto a los que no están y que vi cómo se marcharon".

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