Y Babilonia resistió: relato del día que el barrio olvidado de Guardamar frenó in extremis a las excavadoras
Babilonia, el barrio frente al mar en Guardamar del Segura, estaba condenado al derribo. La resistencia judicial y la voz de sus jóvenes han logrado frenar lo que parecía inevitable días antes
Es domingo 14 de septiembre, la víspera del derribo anunciado de más de sesenta casas de la playa de Babilonia en Guardamar del Segura, al sur de Alicante. Un pequeño barrio marítimo, casi centenario, levantado sobre la misma arena de la playa. Una colonia de casas construidas legalmente en los años treinta, pero que tras la Ley de Costas de 1988 pasaron a estar en dominio público marítimo-terrestre y ser calificadas de ilegales. Aquel cambio les dio 30 años más, pero ya había comenzado la cuenta atrás. Una cuenta atrás que, tras lo acordado a regañadientes por los vecinos con la Dirección General de Costas en marzo de 2025, ponía como fecha límite el 15 de septiembre para que se iniciaran los derribos. Seis meses y medio que los vecinos han vivido con este día marcado en rojo y en los que han hecho todo lo posible por cambiar su destino.
Capítulo 1: La casa y el mar
Apenas amanece en playa Babilonia. El mar ondea con lentitud y la luz del sol no llega todavía a las fachadas marítimas del pequeño conjunto de casas bajas que se estiran por la orilla. Pero lo que sí toca las casas, antes que el propio sol, es el agua. Basta asomarse unos metros más para ver cómo las olas lamen los muros de las terrazas. Algunas casi cuelgan sobre el agua, como si fueran proas de barcos amarrados a puerto, sostenidas a duras penas por puntales o piedras amontonadas. Y aunque puede parecer un barrio a punto de derrumbarse, para los que viven aquí, es el lugar donde han tejido la mayoría de sus vidas.
De una de esas casas sale Elicio Mora. Tiene 25 años y nos recibe en su uniforme habitual en Babilonia. “Yo aquí nunca me quito el bañador y las chanclas”. Es ingeniero mecánico, pero lleva meses volcado en su personalidad de creador de contenido en redes sociales, dedicado a divulgar los derechos de su familia y sus vecinos a mantener de pie las casas que sus abuelos y bisabuelos levantaron hace casi un siglo. “No creo que sea mañana, pero todavía nos va a quedar el miedo de que nuestras casas dejen de existir”, dice con una serenidad que contrasta con la magnitud de lo que está en juego.
Las casas de Babilonia no son mansiones ni segundas residencias de lujo. Son viviendas sencillas, casi diríamos que humildes, que durante décadas sirvieron para hacer frente al avance de las dunas que amenazaban con engullir parte de Guardamar del Segura y que se integraron con la vida del pueblo. Un pequeño barrio levantado mucho antes del 'boom' urbanístico de la costa de los 60 y 70.
Hoy, sin embargo, esas mismas fachadas que guardan fotografías, muebles antiguos y recuerdos familiares, son señaladas como “ocupaciones indebidas” por la Administración. Una ironía dolorosa para los habitantes de Babilonia: lo que nació para proteger la playa, ahora está amenazado en nombre de la protección del mismo litoral que históricamente ayudó a conservar.
“Comprendo que mucha gente crea que nuestra casa es ilegal, pero no es así”, expone Elicio. “Esta casa la compró mi bisabuelo en los años 50, cuando esto eran solo unas casitas alejadas del pueblo de Guardamar. Quería tener algo tranquilo donde venir con la familia de vez en cuando. Y, mira, aquí hemos crecido varias generaciones de su familia”.
La historia de playa Babilonia empieza en 1905, cuando el ingeniero forestal Francisco Mira convirtió Guardamar en un laboratorio de supervivencia. El pueblo vivía cercado por una cadena de enormes dunas que avanzaban hacia las casas de Guardamar. Para frenar la arena, desarrolló un enorme proyecto de repoblación forestal con pinos y eucaliptos junto a su colega, Ricardo Codorniu. El proyecto fue un éxito y dio vida a lo que ahora es una descomunal pinada junto al mar. Y en ese proyecto no solo iban árboles, sino que se planteó la instalación de una humilde caseta de madera, con idea de que fuera un merendero para los vecinos y que fue conocida como “Caseta Babilonia”.
Y aquello terminó por convertirse en una pequeña colonia, con casas de obra levantadas poco a poco, cuyo objetivo no era solo embellecer la costa, sino que las casas también debían ayudar a fijar la playa y de paso a dar trabajo a los obreros en tiempos de crisis.
"Cuando mi bisabuelo compró esta casa, la playa aún quedaba a cien metros de distancia", relata Elicio, que desde niño la ha vivido como un punto de encuentro familiar. “Ha sido un sitio donde a lo mejor pasa un año entero sin ver a mis tíos, pero en el que sé que nos vamos a reencontrar y convivir dos o tres meses al año”. Pero muchas de las casas no son lugares de relax veraniego. Muchas son primeras viviendas, sobre todo de personas ya ancianas. "Mi tía abuela lleva viviendo aquí, de forma permanente, desde hace más de treinta años. Este es su hogar, no tiene otra propiedad, ni otra opción a la que ir. Y estamos hablando de una persona mayor, con una capacidad económica muy limitada. El problema es mucho más grande de lo que parece.”
Capítulo 2: Nos quieren tirar
Las casas de playa Babilonia no nacieron ilegales. En los años treinta, en plena Segunda República, el Estado autorizó concesiones para levantar viviendas modestas frente al mar. Algunas se otorgaron sin límite de tiempo, otras a 99 años. En la práctica, nadie pensaba que fueran a terminarse. “Cuando se dieron esas concesiones, no se tenía la intención de que se pudieran acabar. Se veían como definitivas”, explica Elicio Mora.
El cambio llegó en 1988, con la nueva Ley de Costas. De repente, aquellas concesiones pasaron a estar en dominio público marítimo-terrestre. “La ley se nos aplicó de manera retroactiva”, explica Elicio. “Lo que hizo fue decirnos: oye, tu casa ya no es tuya, a partir de ahora tienes treinta años y después veremos si se te prorroga. En nuestro caso esos treinta años acabaron en 2018 y pedimos la prórroga, pero no nos la dieron”.
Según sentencia el Tribunal Supremo en 2023, la prórroga no es viable en base a los diversos informes medioambientales desfavorables recibidos. Aunque la situación legal es como una especie de laberinto de vía muerta.
El Tribunal Supremo nunca ordenó tirar las casas. Lo que dictaminó fue que no cabía prorrogar las concesiones otorgadas en los años treinta, lo que dejaba las viviendas en una especie de limbo. Pero esa interpretación fue suficiente para que el Ministerio de Transición Ecológica (MITECO) y la Dirección General de Costas concluyeran que la responsabilidad de demoler recaía en los propios vecinos, cuyas casas califica de “ocupaciones”.
Dado el carácter ilegal de los “ocupadores”, no hay posibilidad de expropiación ni compensación y la Administración les conmina a asumir las demoliciones y, que de no hacerlo, Costas actuaría subsidiariamente y les pasaría la factura. De ahí que en marzo los vecinos se vieran forzados a firmar un acuerdo comprometiéndose a iniciar las demoliciones como fecha límite el 15 de septiembre. Un documento suscrito más por miedo a la intervención directa de la Administración que por voluntad real.
“Básicamente nos dicen que hay dos razones principales para no alargarnos la concesión: que estamos demasiado cerca del mar y somos responsables de la regresión del litoral, y por otro, por el mal estado de las playas”, relata Elicio. “Pero, claro, nosotros no estamos de acuerdo con ninguno de esos dos argumentos. Primero, nuestras casas llevan cien años en el mismo lugar, lo que se ha movido es la playa. ¿Y por qué? Fundamentalmente por la construcción de un espigón en los años 90”.
Y es que, si uno se asoma desde la terraza de Elicio, se alcanza a ver, hacia el norte, el espigón de la desembocadura del río Segura. Una mole de piedra construida entre 1990 y 1994 que se adentra más de medio kilómetro en el mar y tambien profundamente el problema de la regresión de la playa de Babilonia. “El espigón es excesivamente largo y además está orientado al norte. Es el único orientado al norte en todo el Mediterráneo. Han salido diversos estudios que explican exactamente eso”, expone Elicio. Y aunque a simple vista parece una obra más de ingeniería costera, basta abrir Google Maps para corroborarlo.
De hecho, en 2023, el propio Miteco reconoció que el espigón de Guardamar, se hizo “al revés”, orientado contra la dinámica natural del litoral. Informes oficiales admiten que esa obra ha provocado la regresión de la playa, al interrumpir el transporte natural de arenas. Desde entonces, la costa ha retrocedido decenas de metros, y la playa que antes tenía más de 60 metros de anchura prácticamente ha desaparecido. “La arena que hay acumulada en el espigón es arena que, con un espigón bien construido, estaría en nuestras playas y ocuparía un volumen absolutamente brutal”, concluye Elicio.
Y por otro lado, está el punto del mal estado de las playas. “¿Por qué las playas están en mal estado?”, continua. “Porque han habido diversos temporales. En concreto en diciembre de 2016, el temporal más fuerte que hemos vivido aquí, en el cual el mar pegó directamente con la fachada de las casas y se llevó por delante la mayoría de terrazas e incluso la infraestructura que había inmediatamente delante. Nosotros queremos arreglarlo, pero no nos dejan y por tanto nos dicen que no podemos tener derecho a prórroga porque hay desperfectos. Y esto deriva en inacción y en no poder hacer nada.”
Capítulo 3: La resistencia
El sol de la tarde ilumina las fachadas de Babilonia y destaca la multitud de mensajes escritos a mano en las paredes de cada casa. “Salvemos la playa”, “No al derribo”, “Babilonia resiste”. Basta caminar unos metros para darse cuenta de que aquí no estás en una playa cualquiera, sino en una comunidad en resistencia. Los muros hablan y las pintadas cuentan la historia de un barrio que se niega a desaparecer en silencio.
La cuenta atrás para la demolición obligó a los vecinos a dar un paso más allá en defensa de sus viviendas. Lo que había sido un conflicto judicial y prácticamente local pasó a circular por redes sociales y prensa nacional . “Nos pusimos a ver qué podíamos hacer para que realmente vieran que no somos los culpables de toda esta situación y que realmente nos merecíamos esa prórroga, a la cual tenemos derecho”, recuerda Elicio Mora.
En ese salto hacia delante, dos jóvenes fueron clave. David Renner, de 23 años, decidió protestar con un gesto cotidiano: grabar cada uno de sus baños en el mar hasta que tiraran su casa. “El objetivo es darme 168 baños antes de que la derriben”, proclamaba a finales de marzo. Algunos de sus vídeos en TikTok han superado incluso el millón de visualizaciones.
Y poco después, Elicio decidió seguir ese camino. Primero aprendió de la historia de su casa, de los recuerdos familiares y de la comunidad. Luego entendió que las redes sociales podían ser una herramienta para aportar su granito de arena. “Empecé a contar lo que estaba pasando aquí, nuestra historia, y vi que la gente reaccionaba. TikTok se convirtió en una forma de llegar a mucha gente y que nos escucharan”, explica.
Así, David y Elicio se han convertido en los grandes promotores del mensaje entre las audiencias más jóvenes. Sus vídeos muestran casas al borde del mar, recuerdos familiares y la angustia de una demolición inminente. Y han conseguido algo que hasta entonces parecía imposible: que la voz de Babilonia llegara mucho más allá de Guardamar.
En paralelo la resistencia se redoblaba por la vía judicial. Desde 2018, la Asociación de Vecinos de Guardamar Playa había batallado en los tribunales, pero en 2025 se intensificaron los recursos y las solicitudes de suspensión cautelar de los derribos. También llevaron su protesta a las calles: marchas en Guardamar, concentraciones en Alicante, incluso una caminata de 38 kilómetros hasta la Subdelegación del Gobierno en la capital de la provincia.
Y a todo ello, mucha creatividad: camisetas con lemas, pancartas en los balcones, canciones compuestas por los vecinos. “Todo esto nos ha unido bastante, como las camisetas, porque es algo que todos llevamos puesto y que nos recuerda lo que estamos defendiendo”, dice Elicio justo antes de reunirse con Renner en la calle para grabar entre los dos un vídeo que iba a ser el último antes del día 15 de septiembre, el día de los derribos. Pero como la resistencia había ganado, por ahora, aún queda un capítulo más en esta historia.
Capítulo 4: Otro día más
La tarde del domingo 14 de septiembre cayó despacio sobre Babilonia. Ya anochecía cuando los vecinos empezaron a reunirse en la pinada, frente a sus casas. Era una calma tensa, una calma que se venía fraguando hacía unos días, pero tensa, porque aún quedaba llegar al día siguiente y ver qué ocurría.
La calma venía porque, días atrás, la Generalitat Valenciana había solicitado al Ministerio de Transición Ecológica una medida cautelar al amparo de la Ley de Protección y Ordenación de la Costa Valenciana, que permite preservar núcleos costeros tradicionales por su valor etnológico. Esa petición, sumada a la presión social y a los recursos de la asociación de vecinos, creaba un escenario que daba la posibilidad a los vecinos para suspender el inicio de las demoliciones que desde enero tenían a la comunidad en vilo.
La mañana del 15 de septiembre llegó con un silencio extraño. El día marcado para las demoliciones amaneció sin excavadoras ni policías. El barrio seguía en pie. Las casas resistían, aunque con sus grietas, terrazas hundidas y muros corroídos por el salitre. Pero, por primera vez en meses, los vecinos tenían algo que celebrar.
Para algunos fue un triunfo y para otros apenas una prórroga en una cuenta atrás que tarde o temprano llegará a su fin. “Sabemos que esta concesión no es eterna”, admite Elicio. “Pero lo que pedimos es tiempo. Tiempo para poder defender lo que significa este barrio y para que se entienda que no somos culpables de lo que le está pasando a la playa”.
Renner lo vive con la misma mezcla de alivio e incertidumbre. Sus vídeos continúan: ya no como despedida inevitable, sino como recordatorio de que la amenaza sigue ahí. “Mientras la casa esté en pie, todavía hay una posibilidad”, dice.
Al discurso sereno de Elicio le sale ahora un gesto de esperanza. “Yo quiero que se nos trate con justicia. Que se entienda que detrás de estas casas hay familias, historias, generaciones. Y que si hay soluciones para otras partes del litoral, aquí también puede haberlas”.
Y aunque el futuro de playa Babilonia es incierto, la comunidad se aferra a una certeza: lo que han construido en estos meses de resistencia ya no desaparecerá. La unión entre familias, la visibilidad conseguida en redes, la simpatía generada más allá de Guardamar.
La lucha por Babilonia sigue abierta. El mar avanza, la ley aprieta, pero las casas resisten. Y cada tarde, cuando el sol se esconde tras la pinada que salvó a Guardamar hace un siglo, los vecinos sueñan con que su barrio siga siendo eso: un lugar donde volver a encontrarse verano tras verano.
Es domingo 14 de septiembre, la víspera del derribo anunciado de más de sesenta casas de la playa de Babilonia en Guardamar del Segura, al sur de Alicante. Un pequeño barrio marítimo, casi centenario, levantado sobre la misma arena de la playa. Una colonia de casas construidas legalmente en los años treinta, pero que tras la Ley de Costas de 1988 pasaron a estar en dominio público marítimo-terrestre y ser calificadas de ilegales. Aquel cambio les dio 30 años más, pero ya había comenzado la cuenta atrás. Una cuenta atrás que, tras lo acordado a regañadientes por los vecinos con la Dirección General de Costas en marzo de 2025, ponía como fecha límite el 15 de septiembre para que se iniciaran los derribos. Seis meses y medio que los vecinos han vivido con este día marcado en rojo y en los que han hecho todo lo posible por cambiar su destino.