La burocracia y la ruina acechan al Sidi Saler, el hotel de lujo donde se dopaba Armstrong
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BBVA Y CAIXABANK PUEDEN PERDER LA LICENCIA

La burocracia y la ruina acechan al Sidi Saler, el hotel de lujo donde se dopaba Armstrong

BBVA y CaixaBank están a punto de perder la licencia de actividad del emblemático complejo en el parque de La Albufera de Valencia. Ribó quiere el derribo, pero otros creen que aún podría tener uso

Foto: La fachada de acceso al hotel Sidi Saler de Valencia, con desprendimientos. (V. R.)
La fachada de acceso al hotel Sidi Saler de Valencia, con desprendimientos. (V. R.)

Lo relató el ciclista profesional Tyler Hamilton en su libro 'The secret race' y fue recogido en un informe de la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (Usada). Al menos en una ocasión, el corredor y supercampeón del US Postal, Lance Armstrong, voló en jet privado desde Niza a Valencia antes del Tour de Francia para someterse a transfusiones irregulares de sangre supervisadas por el doctor valenciano Luis García del Moral. El lugar elegido para inyectar la bolsa no fue ni la clínica del médico, ni un piso franco en la ciudad, sino las cómodas instalaciones frente a la playa de arena fina del lujoso hotel Sidi Saler, en pleno parque natural de La Albufera. Una joya turística que vivió días de gloria pero que ahora se va pudriendo entre el efecto del salitre en el viento que le azota desde el mar, la burocracia del Ayuntamiento y la ausencia de alternativas para su recuperación.

Corrían los primeros años del arranque del siglo XX y las cinco estrellas lujo, su ubicación privilegiada y su cercanía a Valencia —apenas 10 kilómetros— habían convertido el hotel en el preferido de deportistas de élite, empresarios y clientes adinerados. A partir de 2006, cuando Valencia fue elegida como sede de las regatas de la Copa América, el Sidi Saler se consagró como residencia temporal de los protagonistas de la competición, la mayoría ricos y/o famosos.

El Sidi Saler de Valencia lleva cerrado desde 2011. (V.R.)
El Sidi Saler de Valencia lleva cerrado desde 2011. (V.R.)

Con el inicio de la crisis económica y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria la menor afluencia de visitantes comenzó a presionar hacia abajo la cuenta de resultados. En enero de 2011, su propietario, el empresario alemán Manfred Stier, comunicó el cierre a la plantilla. En 2007, el inmueble había quedado dentro de la zona marítimo terrestre y la titularidad pasaba a manos del Estado a cambio de una concesión. Stier se las arregló para traspasar la propiedad al Banco de Valencia —hoy CaixaBank— y el BBVA unos pocos meses antes del deslinde a través de un contrato de arrendamiento que le permitió embolsarse 42 millones de euros. El dinero acabó en una cuenta de Liechtenstein, como revela la sentencia de la Audiencia Nacional que condenó a Stier a pagar 7,1 millones de euros por un delito fiscal hace dos años.

Sin la licencia hotelera en vigor, el edificio está abocado a un derribo por lo menos parcial por las limitaciones de edificabilidad del parque natural

Cuando llegó la clausura, la fortuna del traspaso ya estaba fuera de España y los dos bancos se quedaron un activo cerrado, atrapado en una concesión estatal a sesenta años y sin gestor dentro. Han batallado para intentar ser compensados patrimonialmente por el Estado por la expropiación forzosa de Costas, pero desde que el hotel dejó de atender clientes ha ido acumulando años de deterioro.

Un precinto del Ayuntamiento de Valencia circunvala la parcela de acceso al Sidi Saler por seguridad. (V.R.)
Un precinto del Ayuntamiento de Valencia circunvala la parcela de acceso al Sidi Saler por seguridad. (V.R.)

BBVA y CaixaBank traspasaron la gestión del activo a Cerberus, que ha hecho muy pocos movimientos para tratar de poner en valor la concesión administrativa. También es cierto que se ha topado con una administración local, la del alcalde Joan Ribó (Compromís), reacia a una posible reapertura con nuevos explotadores. Concejales de su equipo se han posicionado contra una vuelta del uso hotelero y a favor del derribo por considerar que perjudica la conservación del cordón dunar de la playa de El Saler.

Foto: Del Saler a Liechtenstein: cárcel por delito fiscal al dueño de un mítico hotel de Valencia

En paralelo, la concejalía de Actividades ha abierto de oficio un expediente de caducidad de la licencia hotelera. Sobre el papel, tras cinco años sin actividad, se puede considerar caducada y hay que volver a solicitarla. Los concesionarios del hotel alegan que se mantienen las labores de jardinería y hay presencia de personal de seguridad por lo que, en paridad, no puede considerarse que el hotel esté completamente paralizado. El Ayuntamiento está a la espera, además, de que los dos bancos acrediten que Stier les traspasó no solo el inmueble, sino esa misma licencia que permitía su apertura.

Balcones con techos caídos y fachada desprendida en el hotel Sidi Saler de Valencia. (V.R.)
Balcones con techos caídos y fachada desprendida en el hotel Sidi Saler de Valencia. (V.R.)

En ese tira y afloja el que pierde es el edificio. Las paredes de la fechada comienzan acumulan desprendimientos del revestimiento, los techos de escayola de los balcones de las habitaciones se caen a trozo, las escaleras exteriores de emergencias se oxidan sin las pinturas de mantenimiento… El edificio es un viejo fantasma que va muriendo poco a poco mientras los titulares de la concesión se estrellan contra la burocracia administrativa y el desinterés de un equipo de gobierno alérgico a las iniciativas económicas.

Sin embargo, algunas voces advierten del riesgo de eternizar una situación que aboque al abandono del complejo sin que nadie se haga cargo de él. Si BBVA y CaixaBank pierden la licencia hotelera podrían verse obligados a derribar parte del inmueble para reducirlo a solo dos plantas si lograsen encontrar alguien interesado en otro tipo de negocio. El plan de protección del parque natural de El Saler no permite más alturas que esas. Es una circunstancia que complica encontrar novios para el recinto. Así que los bancos, que ya han asumido los 42 millones como pérdidas, podrían preferir desentenderse y hasta devolver al Estado la concesión. ¿Quién se haría cargo del derribo? Un nuevo acertijo. Y mientras tanto, el elefante blanco seguirá degradándose en primera línea de playa en su paradisiaca ubicación. Una ruina de lujo, pero ruina al fin y al cabo.

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