NUEVOS EQUILIBRIOS TERRITORIALES EN EL PSOE

Adiós Susana, hola Pedro: Ximo Puig cambia el paso de los barones con un ojo en los PGE

El 'president' valenciano estrecha lazos con Iceta (Cataluña) y Armengol (Baleares) en un tridente mediterráneo de respaldo al acuerdo del PSOE de Sánchez con Podemos

Foto:  Pedro Sánchez y Ximo Puig en un mitin de campaña del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez y Ximo Puig en un mitin de campaña del PSOE. (EFE)

"Esto es como los cónclaves de los cardenales, que llegan todos divididos, pero cuando se elige al Papa y hay fumata blanca ya nadie lo cuestiona. No tiene sentido". Así, medio en broma, medio en serio, explica una persona del entorno de 'president' de la Generalitat y líder de los socialistas valencianos, Ximo Puig, la evolución que se ha producido en la relación entre el barón socialista y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Nadie diría, a tenor de los acontecimientos que se han producido en los últimos meses, que ambos dirigentes mantuvieron un enconado enfrentamiento hasta hace poco más de dos años que tuvo su cénit en el tormentoso comité federal del 1 de octubre de 2016. Puig, entonces alineado con Susana Díaz, fue uno de los firmantes del escrito que descabalgó a Sánchez de la secretaria general del PSOE, a la que regresó ocho meses después legitimado por los militantes en las primarias de las que salió derrotada la expresidenta andaluza. Sánchez se la devolvió a Puig en menos de un mes, dando luz verde al candidato alternativo, el alcalde de Burjassot y sanchista de primera hora, Rafa García, en el congreso del PSPV-PSOE. El 'president' salió reelegido con más del 57%, pero tuvo que trabajárselo.

Los barones del flanco Mediterráneo, que gobiernan con Podemos y nacionalistas, han respaldado la estrategia de Sánchez para la investidura

El pasado 12 de diciembre, a propósito del revuelo provocado por unas declaraciones del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en las que ironizó con un regalo de Reyes en forma de "vaselina" para soportar el posible pacto de investidura con Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), Puig sorprendió con una réplica contundente de respaldo a la estrategia de Sánchez y el PSOE, de los que dijo que "están trabajando en la dirección correcta". "Jamás he pedido vaselina en Reyes, si no cosas más normales", rebajó. Fue la confirmación de algo que venía produciéndose desde hacía meses: un acercamiento político entre Ferraz y Valencia del que tampoco es ajeno el ministro de Fomento y secretario federal de Organización, José Luis Ábalos.

Guillermo Fernández Vara (d) y Ximo Puig (i), a la puerta del Congreso en la primera jornada del debate de investidura de Pedro Sánchez. (EFE)
Guillermo Fernández Vara (d) y Ximo Puig (i), a la puerta del Congreso en la primera jornada del debate de investidura de Pedro Sánchez. (EFE)

"No es solamente una cuestión orgánica, sino de posición política en España. Puig tiene una trayectoria de defensa de una visión plural y federal del Estado frente a los sectores más recalcitrantes. Y Pedro está ahora en esa posición", insisten desde su entorno."Es el único barón en toda España que le ha apoyado desde una posición de fuerza, porque no le debe nada ni es el pago de un favor", añade otro alto cargo del PSPV con peso regional.

Ximo Puig es consciente de que Sánchez nunca se ha apoyado en los líderes territoriales y que es un pragmático que no ha tenido reparos en modificar posiciones políticas y discurso para adaptarse y sobrevivir en una realidad cambiante. Esa vis camaleónica convierte en precaria e inestable cualquier relación política, pero ha transformado a dos políticos con caracteres muy distintos en actuales aliados, no solamente orgánicos, sino también institucionales. Los dos manejan una situación política similar, con mayorías parlamentarias insuficientes para formar gobierno en solitario y la necesidad de apoyarse en Podemos y en formaciones de corte nacionalista o, como es el caso de Sánchez, con las abstenciones de Esquerra Republicana o Bildu, directamente independentista.

Habitualmente se habla de los barones como ese grupo de presidentes y líderes autonómicos de la España interior y de Andalucía, guardianes de las esencias territoriales del PSOE. Pero la salida de Díaz de la Junta en diciembre de 2018 y la realidad compleja de alianzas y coaliciones en las comunidades de la periferia han modificado bastante ese mapa interno del puño y la rosa. Ximo Puig no solo preside el gobierno regional con más población bajo control de los socialistas (5 millones de personas frente a los algo más de tres que concentran Extremadura y La Mancha juntas), sino que si a la Comunidad Valenciana se añaden Baleares (Francina Armengol) o Navarra (María Chivite) el resultado es que ya son mayoría las regiones regidas por el PSOE con apoyo o alianzas con Podemos o partidos con alma nacionalista como Compromís. Los nuevos 'barones' están ahora en el Mediterráneo y en la periferia, por más que Page y Guillermo Fernández Vara sigan manteniendo su influencia y su discurso para evitar fugas entre su electorado. El presidente canario Ángel Víctor Torres también está en la senda del espaldarazo a la mayoría que se ha configurado para desbloquear la investidura.

Puig, bien relacionado con Foment del Treball, Miquel Iceta o Zapatero, es una de las personas que ha realizado gestiones "discretas" de cara al pacto

Puig ha realizado gestiones "discretas" para favorecer los acuerdos. Además de defender la vía dialogada y dejarse querer por sectores empresariales catalanes como la patronal Foment del Treball que preside Josep Sánchez Llibre, es sabida su excelente sintonía con Miquel Iceta, el líder del PSC, y con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, con quien una parte del universo 'indepe' (ERC) ha buscado una vía de comunicación para establecer algunos lazos estables con las familias socialistas. No obstante, pese a su defensa de una España federal y plural y la salida negociada al conflicto de Cataluña dentro del marco legal, Puig no jugará la baza de tener protagonismo en las mesas de diálogo que quiere crear ERC. El asunto está demasiado contaminado como para no salir trasquilado como presidente de un territorio fronterizo en el que las querencias asimétricas del soberanismo catalán no son bien recibidas y generan urticaria.

El ministro de Transporte, José Luis Ábalos, con Pablo Iglesias en el Congreso. (EFE)
El ministro de Transporte, José Luis Ábalos, con Pablo Iglesias en el Congreso. (EFE)

En el ámbito institucional, el Gobierno de Sánchez ha establecido en general una relación de colaboración institucional en casi todos los niveles, con especial incidencia en el caso de la titular de Hacienda y ahora portavoz, María Jesús Montero, sensible a los problemas de suficiencia financiera de la Generalitat, o Luis Planas, cuya labor de representación de los intereses de los sectores agrícolas en Bruselas es valorada por los agricultores de la Comunidad Valenciana. Pero en las filas del socialismo valenciano hay muchas esperanzas puestas en que la sintonía política tengo reflejo en los Presupuestos Generales del Estado y en el cumplimiento del Estatuto de Autonomía, que blinda un reparto de inversiones acorde al peso poblacional. Esto se recogió en los fallidos PGE de 2019, una buena base para trabajar los de 2020, según se opina en el PSPV. El contenido del acuerdo de investidura con Compromís, que contempla entre otros asuntos arrancar de una vez la reforma del sistema de financiación autonómica, camina en esa misma dirección.

El papel de Ábalos también es importante en esa ecuación, aunque el ministro de Transportes es poco proclive a exteriorzar trato de favor hacia su territorio de origen. Otra cosa es lo que haga fuera de los focos. "Tendrá detrás a toda la federación valenciana", señalan los hombres del 'president' valenciano. Una suerte de paz por territorios. Ábalos es el hombre del PSPV en Madrid, mientras que Puig detenda el poder institucional en la autonomía. Un pacto que, si no se tuerce, podría tener réplica en el próximo congreso autonómico previsto para el año que viene

Pero si la investidura de Sánchez ha sido un parto complejo y tormentoso, no menos lo será la aprobación de la cuentas del Estado. Lo lógico sería que el elegido presidente del Gobierno aprovechase la inercia de la mayoría parlamentaria que se ha aglutinado a su alrededor para tratar de sacarlas adelante antes de que esas alianzas se diluyan. Unos nuevos PGE darían a Sánchez oxígeno y al menos dos años de margen para gobernar con Podemos con cierta estabilidad. Pero en las filas del PSOE se admite que, de nuevo, habrá que acercarse a la orilla de ERC para desatascar el presupuesto. "Son ellos quienes controlan los tiempos", confiesan.

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