se entrega a la guardia civil 27 días después

Sexo, muerte y descuartizamiento, la versión del detenido por la desaparición de Marta

Sin cuerpo, no se puede confirmar la versión de Jorge. Puede estar diciendo la verdad o puede que en estos 27 días haya meditado intensamente hasta construir la versión que menos le perjudique

Foto: Imagen de la vivienda del detenido por la desaparición de Marta Calvo en el municipio de Manuel (Valencia). (EFE)
Imagen de la vivienda del detenido por la desaparición de Marta Calvo en el municipio de Manuel (Valencia). (EFE)

Pasaban pocos minutos de las tres de la madrugada cuando Jorge Ignacio, colombiano de 37 años, decidió entregarse a la Guardia Civil. Lo hizo solo, sin compañía, después de esconderse durante 27 días en un domicilio de la provincia de Valencia. Abrió la puerta del puesto de la benemérita en la localidad de Carcaixent y se identificó ante los sorprendidos agentes: “Soy Jorge Ignacio Palma, el que andáis buscando por la desaparición de Marta Calvo. Vengo a entregarme y colaborar”. A partir de ese instante, los teléfonos comenzaron a echar humo. Despertaron a los agentes de homicidios de Valencia y los de la UCO mientras se hacían las pertinentes comprobaciones de su identidad.

En esencia, su versión es la siguiente: contactó con Marta a través de una página web, fueron hasta la casa del pueblo llamado Manuel, consumieron droga juntos, cocaína, practicaron sexo voluntario y Marta se murió accidentalmente. Jorge no es médico y no puede ofrecer una causa concreta del fallecimiento, pero, según lo describe, apuntaría a un fallo cardíaco.

Sexo, muerte y descuartizamiento, la versión del detenido por la desaparición de Marta

El detenido, con sus antecedentes, cuenta que se asustó. Sobre sus espaldas, una detención en Italia con nueve kilos de cocaína pura, y en España, conducción temeraria, resistencia y contra la salud pública. Con ese panorama delincuencial, decidió no llamar a emergencias. Además, meses atrás, la Policía lo había interrogado por el fallecimiento de una prostituta en la zona de Ruzafa, en Valencia. En aquella ocasión, contrató los servicios de la meretriz y la hipótesis policial es que, además del sexo, pudieran haber consumido droga juntos. Él salió apresuradamente de la habitación, lo que llamó la atención de las compañeras de piso de la joven. Acudieron a verla y la encontraron en muy mal estado. Había tenido una reacción adversa a alguna sustancia. Avisaron al 112, pero los doctores no pudieron hacer nada por ella y acabó falleciendo.

El cliente, Jorge, no se había identificado y nadie sabía cómo dar con él, pero en la casa, sin que lo supiera, había una cámara de vigilancia escondida. Este aparato grabó una secuencia de apenas cinco segundos en que se le veía el rostro claramente. Se distribuyó su imagen y finalmente alguien lo identificó. Salió airoso del trance porque la Policía Nacional no pudo siquiera imputarle omisión del deber de socorro: no la dejó sola si no con sus compañeras de piso, que la asistieron.

Sexo, muerte y descuartizamiento, la versión del detenido por la desaparición de Marta

Con esta experiencia a su espalda y sus antecedentes, viene a justificar su miedo tras la repentina y sobrevenida muerte de Marta. Así que, fruto del temor, no se le ocurrió otra cosa que descuartizarla y posteriormente distribuir su cuerpo por varios contenedores de la zona. Tras deshacerse del cuerpo, limpió a conciencia la casa de Manuel, tanto, que los miembros del ECIO, Equipo Central de Inspecciones Oculares, auténticos expertos en la detección de cualquier evidencia, han sido incapaces de hallar una gota de sangre tras procesar el domicilio durante varios días. Tampoco han obtenido ningún resto biológico positivo de su vehículo, al menos hasta ahora, lo que coloca la investigación en una difícil encrucijada.

Sin cuerpo, no se puede confirmar la versión de Jorge. Puede estar diciendo la verdad o puede que en estos 27 días huido haya meditado intensamente hasta construir la versión que menos le perjudique, incluso consultando al conocido abogado de pago que le asistió durante la declaración de ayer. Del asesinato, que puede alcanzar hasta 25 años de cárcel, a la profanación (por el descuartizamiento), cuya máxima pena es de cinco meses de prisión sustituible por multa, hay una vida. Otra ya se ha perdido y con ella llega el dolor de la familia de Marta, perpetuo y sin consuelo.

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