entraron en la última lista de forbes

Así son los Martinavarro, la saga que se hizo de oro con las naranjas y sedujo a Miura

La creación del gigante Cítrico Global con la onubense Río Tinto reforzó la fortuna de las tres ramas de Castellón, que maneja una cartera multimillonaria de negocios paralelos

Foto: Los Martinavarro han creado un imperio sobre la comercialización de cítricos.
Los Martinavarro han creado un imperio sobre la comercialización de cítricos.

Almassora (Castellón), 1946. La economía española, todavía muy castigada por los efectos de la Guerra Civil y el modelo hermético del régimen autárquico franquista, apenas cuenta con divisas con las que poder financiarse en el exterior. Un sector, el de la exportación de naranjas, es de los pocos que ofrece alguna alegría. Alrededor de una cuarta parte de las divisas que entran en el país lo hace gracias a la comercialización de cítricos. Europa, mucho más fría y también en fase de reconstrucción, demanda frutas y hortalizas.

En ese contexto, tres familias castellonenses emparentadas y dedicas a la agricultura minifundista, los Martinavarro, los Dealbert y los Ballester, fundan una comercializadora de cítricos. Al igual que otras familias de la Comunidad Valenciana, en pocos años y con mucho esfuerzo consolidan el negocio. "Hasta la entrada de nuevos competidores, como Marruecos, Turquía o la extensión de los cultivos a Andalucía, la naranja valía mucho. En aquella época era un sector estratégico. Se han hecho grandes fortunas con ella", explica el periodista Sergio Carbó, uno de los grandes especialistas valencianos en información agrícola y ahora dircom de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA).

Con la llegada de la democracia, los Martinavarro no solamente mantienen en pie la compañía. La automatizan y la modernizan, compran tierras para crear grandes latifundios y reducir costes y comienzan a diversificar inversiones. La guinda a la consolidación como una de las grandes familias exportadoras del sector primario se produce en julio del año pasado cuando formalizan con Miura Private Equity, la familia Garavilla y el equipo directivo de la onubense Río Tinto la integración de sus negocios en una nueva sociedad denominada Cítrico Global. Sus clientes está fuera y dentro. Distribuyen a cadenas de supermercados y a la vez explotan el rentable negocio de los cítricos 'marquistas', de mayor calidad, apreciados en Europa y con márgenes más altos.

Joaquín Ballester Agut, presidente de Agrihold, y Joaquín Ballester Martinavarro, dueño de Grupo Alimentario Citrus. (Verdifresh)
Joaquín Ballester Agut, presidente de Agrihold, y Joaquín Ballester Martinavarro, dueño de Grupo Alimentario Citrus. (Verdifresh)

Con un facturación estimada en ese momento, y a la espera de la publicación de cuentas de cierre del ejercicio de 2017, de 325 millones de euros, los Martinavarro han creado uno de los grupos líderes en exportación de cítricos en Europa y puede que uno de los campeones a nivel mundial. Están el podium junto con compañías como Sociedad de Compras Modernas (Carrefour) o la cooperativa de segundo grado Anecoop. Tienen en explotación propia 8.000 hectáreas, aunque sumando las compras a productores terceros manejan 500.000 toneladas de naranjas, mandarinas y limones al año con seis plantas de empaquetado en Castellón, Valencia y Huelva. Cuentan, además, con filiales en Argentina, Holanda o Reino Unido.

La operación con Miura y Río Tinto, donde todavía conservan casi un 29%, no solamente ha posicionado a Martinavarro para afrontar los retos de los mercados internacionales, sino que además supuso la inyección de un dividendo de 159 millones en la patrimonial compartida por las tres ramas familiares (Agrihold) que ha engordado la riqueza de la que ya disponían para afrontar nuevos negocios e inversiones. La revista Forbes los incluyó por primera vez en su última clasificación de las mayores fortunas españolas con una valoración de su patrimonio neto de 300 millones de euros.

¿Pero quiénes son los Martinavarro? ¿En qué otros sectores han depositado su dinero? ¿Cómo han afrontado el relevo generacional?

Los Martinavarro han encontrado un modelo combinado en el que siguen compartiendo la fuente original de sus ingresos: el negocio citrícola

Al contrario que otras familias en las que la segunda generación ha supuesto la ruptura o división empresarial, los Martinavarro parecen haber encontrado un modelo combinado en el que siguen compartiendo la fuente original de sus ingresos, el negocio citrícola, para explorar cada uno por su cuenta nuevas aventuras. Joaquín Ballester Agut, presidente de Agrihold, es formalmente el líder visible del imperio agrícola, pero tanto su cuñado, José Luis Martinavarro Dealbert, como una parte de sus hijos y sobrinos tienen responsabilidades en la órbita de Cítrico Global o participan en los consejos de administración.

Una de las explotaciones agrícolas de Martinavarro.
Una de las explotaciones agrícolas de Martinavarro.

Los Ballester Martinavarro

Los hijos de Ballester Agut han emprendido carreras empresariales propias en las que destaca la de Joaquín Ballester Martinavarro, dueño, CEO y director general de Grupo Alimentario Citrus (GAC), uno de los mayores grupos envasadores de ensaladas de España, proveedor de Mercadona a través de su marca Verdifresh. La matriz también es propietario de Alnut, que fabrica productos de alimentación infantil bajo la marca Hacendado para Mercadona y de Byba para el mercado internacional en el Reino Unido o Estados Unidos. GAC factura más de 240 millones al año. Ballester Martinavarro fundó Verdifresh y Citrus con su padre, pero ya le ha comprado toda la participación y es propietario en solitario. Es uno de los empresarios revelación de los últimos años en la Comunidad Valenciana por la rapidez a la que ha crecido al calor de su condición de interproveedor de Mercadona.

Fernando Ballester Martinavarro. Su patrimonial en el negocio agrícola se denomina Cedratier. Participa en la gestión del grupo familiar donde figura como consejero de varias filiales de Cítrico Gobal y ha llegado a presidir la Sicav Odami de Valores, ya liquidada. La filial Greenmed, dedicada al cultivo de cítricos y en la que figura como presidente y consejero delegado, facturó el año pasado 200 millones de euros.

Javier Ballester Martinavarro. Su actividad económica es más discreta. Participa desde Cartagena (Murcia) en el negocio familiar citrícola con su patrimonial Arutan Inves. Tiene negocios inmobiliarios.

Esther Ballester Martinavarro. Sucrea Plan es su patrimonial. Con varias filiales dedicadas a negocios inmobiliarios. No participa en los órganos de gobierno del gigante citrícola.

Antonio Ballester Martinavarro. Su parimonial es Steep & Deep Investment. Socio de Andersen Tax & Legal. Especializado en Derecho Fiscal. Puso en marcha negocios inmobiliarios, como la sociedad Promociones Mayor Rafelbuñol.

La naranja está en el origen de la fortuna de los Martinavarro.
La naranja está en el origen de la fortuna de los Martinavarro.

Los Martinavarro Ferrer

Los hijos de Enrique Martinavarro Dealbert, fallecido en 2009, canalizan su inversión en Agrihold y Cítrico Global a través de Marfeco. La patrimonial ingresó 53 millones de euros por la venta parcial a Miura y tiene participaciones en más de veinte sociedades repartidas por España, Reino Unido o Estados Unidos (Delaware) que abarcan desde el negocio naranjero clásico, al financiero, el inmobiliario o el hotelero.

Enrique Martinavarro Ferrer. Participa en el negocio citrícola y en negocios familiares controlados, desde donde ejerce de consejero delegado. Es vicepresidente y fundador de la madrileña gestora de inversiones Auriga y su extensión Quadriga, con la que tomó, por ejemplo, una participación en Amper. Participa en las socimis de Corpfin Capital Real Estate.

José Luis Martinavarro Ferrer. Ligado a la actividad agrícola familiar. Figura como consejero y apoderado en el grupo Cítrico Global. También en negocios paralelos con sus hermanos como Inversora Hotelera Azteca, con la que pretenden abordar inversiones turísticas en México y el Caribe.

Ignacio Martinavarro Ferrer. Participa en las sociedades 'holding' de la familia. Representa a sus hermanos en Geobuild, la sociedad con la que participan en el desarrollo del llamado PAI del Grao, el macroproyecto urbanístico sobre los terrenos del antiguo circuito de Fórmula 1 de Valencia que lidera Atitlán, la inversora de Roberto Centeno, el empresario yerno de Juan Roig, dueño de Mercadona.

Los Martinavarro Faus

Jomar e Hijos es la patrimonial de la tercera rama de la familia, con el patriarca José Luis Martinavarro Dealbert todavía a la cabeza. Este mantiene la representación en el negocio citrícola e inversiones financieras paralelas, además de presidir la firma de capital riesgo Tandem. Su hija Rocío Martinavarro Faus es administradora única de un estudio de diseño y desarrollo de marcas radicado en Barcelona. Por su parte, Daniel Martinavarro Faus, que durante un tiempo trabajó en Verdifresh, figura como consejero delegado de la patrimonial familiar.

La fortuna en el exterior despertó la tentación 'offshore'

Los elevados flujos de efectivo obtenidos por la familia Martinavarro en el exterior llevó a las tres ramas de la familia a sucumbir a la tentación de constituir una estructura 'offshore' para canalizar operaciones con ventaja fiscal. Tal como reveló El Confidencial a partir de la investigación de los llamados Paradise Papers, los Martinavarro Dealbert, los Ballester y los Ferrer constituyeron en 2001 una estructura trust con domicilio en las Islas Caimán y sociedades en las Islas Vírgenes Británicas para canalizar inversiones en fondos. 

Los Martinavarro recurrieron a los servicios del despacho Ansbacher, que en 2006 fue adquirido por Appleby. Llegaron a acumular 12 millones de dólares (unos 8,3 millones de euros en la época) hasta que decidieron repatriar el dinero y liquidar la estructura.

Para ello, según explicó una parte de la familia cuando fue contactada por El Confidencial, optaron por comunicar el movimiento de entrada de fondos al Ministerio de Economía y Competitividad a través de los formularios D-5B, el que se emplea para hacer las declaraciones de liquidación de inversión española en sociedades extranjeras no cotizadas, sucursales y otras formas de inversión. Los Martinavarro Dealbert aseguraron que la existencia de las sociedades y su disolución fueron declaradas a la Agencia Tributaria, dando a entender así que el dinero fue regularizado. 

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