paseo por la pequeña beijing valenciana

Piscifactorías urbanas y BMWs: de ruta por el nuevo (y rico) Chinatown de Valencia

Entramos en el universo de una comunidad dispuesta a romper tópicos y prejuicios. Ni rollitos de primavera ni arroz tres delicias, aquí se come ramen original y se viaja a Marina d’Or

Olvídese de las mafias de polígono industrial y de los tallarines con gambas. Los chinos de este reportaje comen ramen original (fueron los japoneses los que se copiaron) y llevan tupé de peluquería de barrio. Estamos en el Chinatown de Valencia, un puñado de manzanas en pleno centro de la capital valenciana, junto a la Estación del Norte. En poco más de un lustro, varias de sus calles principales (Pelayo y Convento Jerusalem) compiten por el título de pequeña Beijing, Sanghai o, para ser más exactos, Hangzhou, la capital de la provincia de Zhejiang, la región de la que proceden el 70% de los chinos asentados en España.

La transformación de la zona ha ido en aumento hasta convertirse en un elemento urbano con la singularidad suficiente como para aparecer en el último número de la Guía Repsol: “Un barrio chino al estilo de los de Nueva York o San Francisco, en el que la actividad comercial y humana tiene fundamentalmente acento mandarín (y de todas las otras lenguas de allí). Está en pleno centro de la capital del Turia: en torno a las calles Pelayo, Bailén y Convento Jerusalem, precisamente donde se ubica una de las principales fallas de primera categoría de los festejos valencianos de San José”.

“Marina d’Or les encanta. Visitan todos los parques temáticos de España y las grandes capitales”, dice José Luis Méndez, dueño de una agencia de viajes

España tiene empadronados a más de 186.000 chinos, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Más de 20.000 de ellos viven en la Comunidad Valenciana (tercera autonomía en empadronamientos por detrás de Madrid y Cataluña) y cerca de medio millar pululan de forma permanente por este Chinatown, rico en diversidad y multicultural en el que también conviven, en menor número, pakistaníes o latinoamericanos.

[Album de fotos: En el corazón del Chinatown de Valencia]

Por un golpe de suerte, nos hemos citado con Keran Cheng, una abogada que parece conocer todos los secretos del barrio gracias a su cartera de más de 200 clientes asiáticos, en su mayoría pequeños empresarios. Emigró desde Zhejiang en 1995 con su madre, cuando tenía once años, y se instaló en Xàbia (Jávea). Es la única letrada colegiada en Valencia nacida en China. Desde su despacho igual tramita un visado que arregla el pago de los módulos de un comerciante autónomo o gestiona con Bankia el bloqueo de cuentas de un cliente. Es el faro de muchos chinos en el laberinto legal español.

La entrevistamos en su oficina y acaba por hacernos de guía. Estamos tirando de 'guanxi', de su red de confianza. Es el concepto que los chinos emplean para definir las relaciones de beneficio mútuo, especialmente en los negocios. Sin su presencia no habría fotos del interior de los locales ni entrecomillados: “Los chinos desconfian porque muchos no entienden lo que les dices y creen que vas a engañarles. Casi todo lo que hay aquí son empresas familiares, pero cada vez más viene a Valencia gente para vivir, no para trabajar. Han adquirido propiedades y les gusta el clima y la ciudad”.

Una pequeña piscifactoria urbana en uno de los comercios de la calle Pelayo. (Marga Ferrer)
Una pequeña piscifactoria urbana en uno de los comercios de la calle Pelayo. (Marga Ferrer)

Primera sorpresa. Hay chinos que han hecho fortuna su país y llegan a España a disfrutar de la vida. Lo hacen acogiéndose al llamado permiso de residencia temporal no lucrativa. Para obtenerla deben acreditar medios económicos suficientes para el período de residencia que solicitan o justificar una fuente de percepción periódica de ingresos. El mínimo son 4 veces el Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), ahora fijado en 532 euros. Es decir, quienes solicitan la residencia temporal no lucrativa ingresan al mes un mínimo de 2.130 euros por su actividad fuera de España.

Es el caso de Xinghai. Llegó hace seis meses del norte de China. Nos lo encontramos de casualidad en la ruta callejera con Cheng en uno de los varios supermercados del barrio dirigidos a residentes chinos. Compra tofu y una bolsa de brotes de soja y apenas habla español. La abogada traduce: “Tiene negocios inmobiliarios en China y ha venido a pasar unos meses en España”.

Del mundo inmobiliario también sabe nuestra abogada guía. Huaxinhouses es el nombre de la empresa que posee junto a su familia, con oficina en el barrio y también en la calle Dolores Barranco de Madrid. Su web está repleta de inmuebles con descripciones en chino dirigidos a todo tipo de clientes, pero destacan algunos chalets con precios que llegan a superar los dos millones de euros. Villas en la costa alicantina, casas de campo en Villaviciosa de Odón en Madrid, un piso sobre plano en el Puerto de Sagunto, otro chalet en la Pobla de Vallbona (Valencia). Los chinos no quieren alquilar, quieren comprar, pero son exigentes en el precio y buscan buenas ofertas.

Uno de los supermercados del barrio. (Marga Ferrer)
Uno de los supermercados del barrio. (Marga Ferrer)

El hermano de Keran Cheng enseña las operaciones firmadas el año pasado. Parecen pocas, pero la de mayor valor superó los 2,5 millones de euros. Una comisión que da para vivir un año a cualquier agente de la propiedad. “Con la crisis hay gente que no puede pagar sus hipotecas y necesitan vender rápido sus casas, aunque sea a bajo precio. Esa son las viviendas que buscan los chinos que ya están aquí. Pero eso no siempre es posible”, explica como quejándose de lo exigentes que son sus clientes. No ocurre lo mismo con los chinos que llegan nuevos o con aquellos que han acumulado riqueza en su país y buscan invertir más de 500.000 euros en inmuebles para obtener la residencia permanente, como permite la ley española para favorecer la inversión extranjera.

"Cada vez más viene más gente de China para vivir, no para trabajar. Han adquirido propiedades y les gusta el clima y la ciudad”

Pese a que es fácil ver los BMW y los Audi de alta gama circular por las calles del Chinatown, Cheng asegura que el grueso de los comerciantes son clase media, empresarios modestos que ganan para sacar adelante a su familia y darse algún capricho. El barrio recibe muchos visitantes chinos que realmente no residen en él, sino que acuden de compras.

José Luis Méndez es español y estuvo seis meses viviendo en país del Gran Dragon. Ahora es propietario junto a dos socios chinos de una agencia de viajes en la calle Pelayo. Abrieron en 2011. Organizan viajes para los chinos que viven en España y viceversa. Pero también son mayoristas, ofrecen 30 itinerarios o circuitos distintos por China para otras agencias minoristas a la vez que montan misiones con empresas con intereses en país asiático. Tienen oficina en Madrid y preparan apertura en Barcelona. El negocio funciona. A Méndez le suena a chino el tópico de que solo trabajan y no gastan, de que nunca viajan. “Marina d’Or les encanta, les gusta mucho. Visitan todos los parques temáticos de España y las grandes capitales”.

Piscifactorías urbanas y BMWs: de ruta por el nuevo (y rico) Chinatown de Valencia

28 de enero, Año Nuevo chino

Sus clientes suelen regresar a China con motivo de los festejos de Año Nuevo, que en 2017 cae el 28 de enero y será el 4.714 en su calendario. En febrero de 2016, en colaboración con el Instituto Confucio de la Universidad de Valencia se organizaron actos y cabalgatas por todo el barrio, engalanado hasta arriba. Todo un espectáculo. “Muchos regresan unos días, es cuando cogen vacaciones. Viajan también a China para acudir a una boda o visitar un familiar enfermo. Pueden desplazarse hasta tres veces año y los billetes no demasiado caros”, explica Méndez.

La gastronomía es otro de los atractivos del barrio. Frenazo, Felisano, Don Pepe o Min Dou son los locales de moda, pero hay muchos más. En algunos se ofrece pescado vivo, como los cangrejos que crían en una improvisada pequeña piscifactoría urbana que puede verse el interior de una de las tiendas. Son restaurantes con gastronomía china en los que hay que pedir turno para comer por menos de diez euros un día laborable. La ración de arroz tres delicias y de la ternera con salsa de ostras no aparecen por ningún sitio. Aquí se sirve ramen al estilo chino con fideos de arroz y especias picantes. Póngase a la cola.

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