los equilibrios territoriales del nuevo ejecutivo

El 'efecto Barberá' en el Gobierno Rajoy: por qué un millón de votos no valen un ministerio

La corrupción y la ausencia de nuevas figuras explican que el PP valenciano haya quedado fuera del Ejecutivo pese a aportar un millón de votos y ser voz necesaria para la reforma de la financiación

Foto: Rajoy con Isabel Bonig en el mitin de cierre de campaña de las últimas generales en Valencia. (EFE)
Rajoy con Isabel Bonig en el mitin de cierre de campaña de las últimas generales en Valencia. (EFE)

A partir de ahora, cuando la presidenta de la Junta y aspirante oficiosa a liderar el PSOE, Susana Díaz, critique públicamente al Gobierno de Mariano Rajoy, en algún telediario, foro o tertulia podrá recibir la réplica de hasta cuatro ministros andaluces. Oficialmente no hay cuotas en el nuevo Ejecutivo. Pero los populares del sur han recibido premio entre otras cosas porque una parte importante de la victoria del PP en las últimas elecciones generales se sustentó en los 1,4 millones de votos llegados de Andalucía. También en las papeletas depositadas en los sobres blancos de la Comunidad de Madrid y de la Comunidad Valenciana. Los tres territorios suman algo más del 45% de los casi ocho millones de votos que el PP obtuvo el pasado 26 de junio. Ahí es nada.

Conforme a su personalidad reservada, Rajoy ha conformado un gabinete a su medida. Sin grandes rondas de consultas más allá de su círculo íntimo, aparentemente las claves de bóveda tienen que ver, por este orden, con la confianza personal, los retos económicos y algunas apuestas por caras nuevas como la del hasta ahora alcalde de Santander, Íñigo de la Serna. Sin embargo, también puede deducirse del reparto un guiño territorial en el que, una vez más, los populares valencianos han sido los grandes damnificados si el análisis se hace en relación a su contribución al mantenimiento del sillón de la Moncloa. Si cabe apuntar cuatro ministros al PP andaluz, también hay cuatro carteras que han ido a parar a madrileños, del mismo modo que se ha interpretado la presencia de Dolors Montserrat en Sanidad como un gesto al partido en Cataluña ante la decisión de prescindir de Jorge Fernández Díaz.

García-Margallo, alicantino de adopción, era el enlace del PPCV con Moncloa. Ha dejado paso a Dastis. (EFE)
García-Margallo, alicantino de adopción, era el enlace del PPCV con Moncloa. Ha dejado paso a Dastis. (EFE)

Aunque el origen no sea la razón última de todos los nombramientos, lo cierto es que en ninguno de los gobiernos de Mariano Rajoy ha habido nunca ministros referentes del Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Desde noviembre de 2011, solo José Manuel García-Margallo, casado con una valenciana y alicantino de adopción por su presencia frecuente en Jávea, donde tiene residencia, ha ejercido ese papel de vínculo, haciendo gestiones en el seno del Gobierno si se terciaba en favor de sus compañeros levantinos. La salida del veterano titular de Exteriores deja a la agrupación que preside de forma interina Isabel Bonig sin un interlocutor directo y sensible a los problemas territoriales que seguro que van a surgir a lo largo de la legislatura, desde la reforma del modelo de financiación a la relación con una Generalitat comandada por Ximo Puig y Mónica Oltra. 

La negociación del nuevo reparto de recursos entre autonomías es un debate técnicamente muy definido por la sucesión de estudios y propuestas realizadas desde diversos ámbitos, pero está envenenado políticamente. Que la autonomía peor financiada no tenga a nadie receptivo a su problema en el Gobierno puede provocar que la reforma del sistema se cierre en falso frente a las exigencias de territorios como Cataluña, lo que es sinónimo de nuevos conflictos en el medio y largo plazo. Para el PPCV debería jugar un papel de apoyo el delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Juan Carlos Moragues, con hilo directo con Cristóbal Montoro, con quien diseñó el programa de recortes de la Generalitat como 'conseller' de Hacienda durante la presidencia de Alberto Fabra. 

Que la autonomía peor financiada no tenga a nadie receptivo a su problema en el Gobierno puede provocar que la reforma del sistema se cierre en falso

Más compleja va a ser la coexistencia entre las administraciones central y autonómica. La ausencia de un contrapeso valenciano en el Ejecutivo y la predisposición del Consell de socialistas y Compromís al discurso reivindicativo augura nuevas tensiones entre los dos niveles burocráticos.

Moragues, puede ejercer de puente entre la Generalitat y Cristobal Montoro. (EFE)
Moragues, puede ejercer de puente entre la Generalitat y Cristobal Montoro. (EFE)

La desconfianza del presidente y su entorno y el temor a que algún escándalo de corrupción pueda impactar directamente sobre el Ejecutivo ha configurado, de forma consciente o inconsciente, un cordón sanitario y ha estigmatizado a la organización valenciana pese al enorme caudal de votos que aporta al conjunto del resultado nacional. Es sorprendente que el tercer territorio en número de sufragios al PP (casi un millón el 26-J) no tenga ningún tipo de influencia en la política nacional. Y está tan asumido que a nadie en las filas de la formación de la gaviota en Valencia ha extrañado que Rajoy no haya contado con ninguno de sus dirigentes para conformar su gabinete.

Los casos de corrupción han ido minando los referentes políticos del PP valenciano desde que en 2009 estallase el caso Gürtel en manos del Consell de Francisco Camps sin que hayan logrado emerger nuevas figuras políticas de relieve. La enorme influencia orgánica que antaño acumularon tanto Camps como su madrina, la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá, ahora imputada por el Tribunal Supremo, ha quedado en nada. En 2008, su respaldo fue clave para que Rajoy pudiera ser elegido presidente del partido. Pero desde entonces hasta hoy, raro ha sido el dirigente de primera línea que no ha salido quemado de la sucesión de escándalos que ha diezmado la estructura popular en la Comunidad Valenciana. Aunque todavía no se han visto inmersos por ahora en procedimientos judiciales, nombres de cierta proyección como los de Esteban González Pons o Gerardo Camps han quedado relegados de cualquier quiniela de ministrables sencillamente porque tienen cara de sospechosos, como decía Juan Echanove en 'Bajarse al Moro', la película de Fernando Colomo. Demasiado cercanos al tándem Camps-Barberá.

Pese al enorme respaldo electoral que conserva, el PPCV es todavía un partido en reconstrucción a la espera de que la cascada de congresos que puede arrancar a partir de la primavera del año que viene marque el rumbo a seguir a las huestes de Isabel Bonig. Y las primeras señales saldrán del congreso nacional del PP en el que Rajoy debería poner las bases de su propia sucesión, que es seguro que se hará a su estilo, con calma. Ya saben que el presidente de Gobierno no corre, anda deprisa, que no es lo mismo.

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