operación taula

La metástasis de la corrupción aboca al Partido Popular valenciano a la refundación

Casi todos los referentes del partido en Valencia han desaparecido de la primera línea salpicados por los escándalos. Génova asiste impotente a la descomposición sin un plan de salvamento

Foto: La presidenta del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig. (EFE)
La presidenta del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig. (EFE)

El Partido Popular valenciano es una formación en descomposición. La acumulación de casos de corrupción ha dejado descabezada a una agrupación que hace menos de un año acumulaba un poder inmenso. Apenas queda nadie de quienes ocupaban la primera línea. Uno a uno han ido cayendo, bien por las intervenciones policiales, bien por el golpe de las urnas.

La operación Taula que pusieron en marcha un modesto juzgado de instrucción de Paterna, la Fiscalía Anticorrupción y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha sido el último aldabonazo. La operación era esperada desde hace meses. Poco antes de los comicios autonómicos y locales, una denuncia de Esquerra Unida y la revelación de unas grabaciones efectuadas por Marcos Banevent, colaborador del entonces presidente provincial del PP y de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, y director de la empresa pública Imelsa (Impulso Económico Local), destaparon la punta del iceberg de una trama con ramificaciones en el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat, a través de la empresa pública encargada de construir colegios Ciegsa.

La metástasis de la corrupción aboca al Partido Popular valenciano a la refundación

Génova asiste impotente a la riada de imputados (ahora se llaman investigados, gracias a una reforma legal impulsada por el Ejecutivo de Mariano Rajoy). Inmersa en sus propios problemas, con la conservación del Gobierno en el aire, la dirección de los populares ha mantenido por ahora la estrategia del escapismo a la hora de afrontar el problema valenciano. Bien es cierto que no es aislado. Púnica, Bárcenas, Gürtel, Rato, etc. tienen pedrigrí madrileño. La metástasis es mediterránea, pero también castiza. Y el presidente del Gobierno en funciones ha tratado de sortearla a su estilo, haciendo como que no existe.

En Valencia se ha dejado al frente de la organización a Isabel Bonig, una persona respaldada por Rita Barberá (sobre la que también recaen sospechas) que fue consejera tanto con Francisco Camps como con Alberto Fabra. Ayer optó por el silencio y dejó que fuera su número dos, Eva Ortiz, quien diese las explicaciones. La Comunidad Valenciana no es un lugar baladí para entender a los populares. Aquí ha llegado a tener 100.000 afiliados en los años de vino y rosas. Ahora, la organización no se atreve a dar cifras. Las bajas se cuentan por miles.

La metástasis de la corrupción aboca al Partido Popular valenciano a la refundación

El problema para Rajoy es que el estallido de este nuevo escándalo le coge en plena negociación con el resto de formaciones políticas para intentar conservar el poder. La asociación de su imagen con los años de corrupción de la formación de la gaviota va a ser un impedimento para que posibles aliados como Ciudadanos le apoyen.

Hay que remontarse seis años atrás para entender cuándo se diagnosticó oficialmente el primer tumor maligno. El estallido del caso Gürtel, con la ramificación valenciana en forma de franquicia Orange Market, puso al descubierto la primera trama de favores, presunta malversación de fondos, contratos irregulares, relaciones peligrosas con promotores y la siempre presente presunta financiación irregular del Partido Popular. En esa ocasión la oscura amistad (“te quiero un huevo”) entre Álvaro Pérez, Francisco Camps y Ricardo Costa terminó en varias piezas judiciales, desde las adjudicaciones bajo sospecha del 'stand' de la Generalitat valenciana en Fitur a las mordidas en la organización de la visita del Papa a Valencia en 2006 por parte de la RTVV (Canal 9) que dirigía Pedro García. Las investigaciones policiales apuntaban a que el saqueo de la caja pública había sido deporte nacional en las filas populares.

Un reguero de casos de corrupción

Tras Gürtel, que todavía se está juzgando en la Audiencia Nacional y en los tribunales valencianos, comenzó la metástasis. Llegaron el caso Cooperación (por el que el exconsejero Rafael Blasco y otros cargos de su confianza y empresarios han terminado en la cárcel), Brugal (la trama alicantina que implica a promotores como Enrique Ortiz y el zaplanista José Joaquín Ripoll), la rama valenciana del caso Nóos (por el que está procesado Alfonso Grau, marido de María José Alcón, detenida ayer en la operación Taula), Emarsa (la trama de las depuradoras que alcanzó a cargos del área metropolitana de Valencia) o Valmor (la causa en la que está imputado Francisco Camps por la compra fraudulenta por la Generalitat de la empresa organizadora de la Fórmula 1, endeudada y quebrada). Antes que todos los demás fue el caso Fabra (Carlos). Tras una década de instrucción, el otrora todopoderoso presidente de la Diputación de Castellón acabó condenado a penas de prisión. Ha habido más. Algunos de ellos con intervenciones recientes, como Avialsa y la trama del cártel del fuego, la investigación que desgrana amaños en la contratación de servicos contraincendios y por la que fue arrestado el exconsejero de Gobernación Serafín Castellano. "Lo peor es que muchos han sido corruptos y ni siquiera lo sabían", explica un empresario bien conocedor de los entresijos de la política y la sociedad valencianas. La frase es indicativa de cómo en muchos de los cargos populares se habían interiorizado las conductas irregulares.

Barberá se resiste a perder el control

El futuro se presenta complicado para el PPCV. La conservación de poder provincial en Alicante y Castellón permite a los respectivos líderes orgánicos, José Císcar y Javier Moliner, sostener la bandera. Pero en Valencia el negro es el color dominante. Los populares siguen siendo la fuerza más votada por los pelos pero ni logran desprenderse de sus fantamas, ni cuentan aparentemente con cuadros para salir reforzados del pozo en el que se han hundido. La refundación parece inevitable, pero afirmaciones como la realizada recientemente por Rita Barberá, en la que señaló que no tiene previsto irse, dando a entender que sigue mandando entre bambalinas, no auguran una regeneración rápida. De momento, su sucesor, Alfonso Novo, ya está en la picota.

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