pujará por la división de planos para automóvil

Thyssenkrupp quiere comerse a la histórica siderúrgica valenciana Ros Casares

La compañía alemana es una de las cinco ofertantes a los 20 lotes en que ha sido dividido el grupo industrial valenciano

Foto: Un trabajador permanece frente a una máquina de fundición de la fábrica alemana ThyssenKrupp. (EFE)
Un trabajador permanece frente a una máquina de fundición de la fábrica alemana ThyssenKrupp. (EFE)

La multinacional ThyssenKrupp quiere quedarse las divisiones más rentables de la histórica siderúrgica Ros Casares, inmersa en pleno proceso de liquidación tras entrar en concurso de acreedores en el verano del año pasado. La compañía alemana es una de las cinco ofertantes a los 20 lotes en que ha sido dividido el grupo industrial valenciano, con centros de producción y logísticos en varios puntos de España y también en Francia. Thyssen tiene interés en quedarse las plantas de producción de planos (chapas para coches), que suministran a la industria auxiliar del automóvil.

Los alemanes comparten al 50% con Ros Casares dos fábricas en Valencia (El Puig y Sagunto). Aspiran a quedarse ahora con el 100% de las participaciones y sumar además todas las unidades de negocio de Ros Casares Centro del Acero, con sede en Vitoria. La matriz Grupo Ros Casares cerró 2013, último balance depositado, con unas pérdidas de 28 millones de euros.

La firma vivió una etapa dorada hasta el estallido de la crisis. El equipo femenino de balonmano que patrocinaba (ahora desaparecido) llegó a ganar una Euroliga y las piezas de la compañía valenciana servían para montar el Ágora de la Ciudad de las Ciencias diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava. Tras el pinchazo inmobiliario, el descenso en el consumo de acero y la insostenibilidad de su deuda la abocaron a la quiebra. A ello contribuyó además la nefasta relación entre la familia Ros y sus socios alemanes en las plantas de Valencia, que les ha llevado a cruzar demandas judiciales de corte societario, pero también por la vía penal, y a librar una dura batalla por el control del negocio.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Thyssen pretende resolver ahora ese conflicto por la vía de aprovechar la bancarrota del conglomerado familiar para quedarse con sus activos más valiosos. Las sociedades en liquidación son Grupo Ros Casares, Thyssen Ros Casares, Centro del Acero, Plisa y Almacenes Generales del Acero.

No obstante, Thyssen no es el único que se ha metido en la puja. Al juzgado Mercantil número 1 de Valencia han llegado ofertas de un total de cinco grupos empresariales. Tres de ellos han consignado la cantidad máxima para acceder a los lotes industriales, 500.000 euros. Los otros dos se interesan solo por los activos inmobiliarios. Otro de los aspirantes es el fondo JZ International, que llega acompañado de la firma valenciana de descuento de pagarés Gedesco.

El plazo para presentar ofertas terminó ayer jueves, aunque el juzgado mercantil y la administración concursal han acordado retrasar la apertura de sobres al próximo lunes 19 de octubre. Ros Casares fue uno de los grupos seleccionados por el G6 (Bankia, Santander, Popular, Caixabank, Sabadell y BBVA) para formar parte del frustrado fondo Fénix, una suerte de banco malo de empresas industriales promovido desde el Ministerio de Economía que no ha llegado a cuajar.

Con más de 200 millones de euros de deuda pero algunas plantas en funcionamiento e ingresos recurrentes, Ros Casares parecía candidato idóneo para engrosar el fondo. Sin embargo, las divergencias entre los propios acreedores, la falta de concreción del Fénix, la bronca judicial entre la familia Ros y Thyssen tumbaron la negociación. La liquidación del grupo servirá para satisfacer solo en parte las deudas pendientes.

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