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La jornada de reflexión de Pau Villòria
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Un símbolo de la legislatura

La jornada de reflexión de Pau Villòria

Este alto cargo era conocido como el "comisionado del 155", el hombre que tenía que evaluar los daños, según el independentismo, provocados por la suspensión de la autonomía

Foto: Pau Villòria en el juicio del 'procés'. (Captura de la emisión)
Pau Villòria en el juicio del 'procés'. (Captura de la emisión)

Pau Villòria no es nadie, pensarán los lectores, muchos de ellos catalanes. Pero se equivocan, Pau Villòria es la metáfora perfecta de la campaña, de toda la pasada legislatura. La mayoría del 22% de indecisos tiene que calibrar qué votará. Pero Pau Villòria no. Pau Villòria es un profesional de la reflexión. No necesita un día marcado por la ley electoral. Pau Villòria es un catalán que lleva cavilando tres años. Y es tan bueno en lo suyo que no necesita hacer público el resultado de su esfuerzo mental. Le basta con ejercer aquello que se le da tan bien en silencio. Ya ha anunciado que votará a JxCAT. Una mente privilegiada no pierde el tiempo en menudencias.

La mayoría de los catalanes conocieron a Pau Villòria el día que dio una rueda de prensa junto a Elsa Artadi. Fue en noviembre de 2018. Era conocido como el "comisionado del 155", el hombre que tenía que evaluar los daños, según el independentismo irreparables, que había provocado la aplicación de este artículo de la Constitución para restituir el marco legal vigente después del intento de sedición de octubre de 2017.

Luego, con mucha menos expectación, acudió al Parlament a la denominada Comisión de Investigación del 155, la cual avaló su informe. Es lo que pasa ante los grandes pensadores, que el resto solo pueden doblar la cerviz. La Comisión dio por buena su estimación de 1.800 millones como impacto económico negativo a causa de la actuación del Gobierno central. Tras estos dos momentos, Pau Villòria volvió a su retiro y siguió a lo suyo, a pensar. Nada se ha vuelto a saber de él.

Cuando les digan, amigos lectores, que Cataluña no reconoce a sus genios, nieguen la mayor y acuérdense de él

Pero sigue allí. Según el portal de Transparencia de la Generalitat, Pau Villòria, con cargo de 'viceconseller', ocupa el puesto de Comisionado de la Presidència para Despliegue del Autogobierno. También explica que cada año Pau Villòria cobra 117.452,94 euros anuales brutos. Cuando les digan, amigos lectores, que Cataluña no reconoce a sus genios, nieguen la mayor y acuérdense de él. En tres años hizo un informe de 83 páginas. A Pau Villòria le hemos pagado todos los catalanes el folio a 4.245 euros. ¡Y ni siquiera los ha tenido que redactar él! Un genio.

Cuando Carles Puigdemont declaró la independencia y luego se fue de fin de semana en octubre de 2017, Pau Villòria ya estaba en una Administración donde los 'presidents' pasaban pero él permanecía. Era en aquel momento el secretario general de Cultura. Sí, la mano derecha de Santi Vila. Pero ojo, ya había ocupado el mismo cargo en 2002.

Y Roma no pagará traidores, pero con los adjuntos a traidores la Generalitat se muestra generosa. Y ahí se encontraba Villòria, quien, por cierto, no dimitió de sus cargos con el 155 que luego tanto denunció. Cuando Santi Vila fue abandonado a su suerte por los suyos, tanto que incluso ha tenido que avalar con su piso una sentencia judicial contraria por las obras de arte de Sijena, ante la desgracia de su antiguo jefe, ni una palabra de solidaridad. Es lo que tienen los pensadores intensivos como Pau Villòria, son administradores de silencios que siempre favorecen a los que van ganando.

Experto en cambiar de caballo

Villòria hizo entonces lo que había hecho siempre. Cambió de protector. Vila iba de baja. Así que se entendió con Artadi, entonces 'consellera' de Presidència. Y cuando esta fue relevada por Meritxell Budó se adaptó a los nuevos tiempos, con su buena fama de hombre ordenado, experto en derecho y que nunca busca líos. En CDC había empezado de la mano de Jordi Martí, luego se mantuvo en la órbita de Germà Gordò, hasta que los problemas legales de este último le aconsejaron alejarse de su persona, según explican fuentes del hoy PDeCAT. Pau Villòria esquiva minas con la misma habilidad con que cambia de caballo. Siempre discreto, silente en la reflexión y puntual en el cobro del erario público.

El Confidencial, deseoso de trasladar a su audiencia las inquietudes de grandes intelectuales, ha pedido hablar con Pau Villòria; o, como mínimo, que la Generalitat explique, si no cómo es él, a qué dedica el tiempo libre. No ha habido suerte. No dudamos de que Pau Villòria se encuentra muy ocupado… pensando.

Hábil en el cambio de chaqueta, Pau Villòria no dudó en apuntarse a JxCAT

En casi veinte años este alto cargo vocacional ha pasado por diversas consellerias, de Territori a Sanitat. Siempre ocupando puestos de gran responsabilidad. Y discreto, nunca explica en Twitter su actividad para la Generalitat. Los hombres humildes no necesitan hacer promoción de su obra de gobierno. Eso sí, hace constante campaña por JxCAT. Rápido en el cambio de chaqueta, dio por amortizado el PDeCAT y se unió a los de Puigdemont. Una mente privilegiada. Otra más.

Todo un símbolo

Lo que tienen los referentes del pensamiento es que trascienden su propia persona. Es el caso de Pau Villòria, un símbolo de una legislatura, de una época, de una Cataluña. Un ejemplo en sí mismo. Nunca se la juega, pero no duda en jalear a los que arriesguen una cabeza que no sea la suya. Igual que su antecesor en el puesto, el arquitecto legal del procés Carles Viver i Pi Sunyer: sus jefes siguieron sus consejos de llegar a la independencia pasando "de la ley a la ley" y acabaron todos en la cárcel. Eso no le pasará a Villòria, quien siempre aprende de los que le precedieron. La dura vida de un héroe en la retaguardia.

Cuando Quim Torra fue cesado, eso no afectó a la principal actividad de este referente catalán en el mundo de las ideas. El pacto con ERC para que Pere Aragonès asumiese la presidencia en funciones incluía la condición de no despedir a los altos cargos nombrados por Torra. Eso ha preservado la posición de Villòria y la de cientos como él, no fuese a producirse una alteración en el continuo espacio del tiempo nacionalista.

Y ahí sigue Pau Villòria. Reflexionando. En un día como hoy con más ahínco si cabe, incluyendo el modo de preservar su estilo de vida más allá de los resultados en las urnas. Villòria no está solo en su dura y, en cierta manera, ingrata tarea por poco reconocida. Cientos de cargos de libre designación le acompañan, siempre bajo el radar, siempre cerca del poder, siguiendo sus pasos, si bien la mayoría lejos del nivel de excelencia de nuestro protagonista. En los múltiples peldaños del 'sottogoverno', en empresas públicas, fundaciones, organismos de todo tipo con los cargos caducados, entes, consorcios, sindicaturas diversas, consejos asesores… Un ejército de seguidores de Pau Villòria que vagan de sinecura en sinecura hasta la sinecura final. Nunca dudarán de que otros se sacrifiquen por Cataluña. Pero ellos no. Ellos están sumidos en una infinita jornada de reflexión.

Pau Villòria no es nadie, pensarán los lectores, muchos de ellos catalanes. Pero se equivocan, Pau Villòria es la metáfora perfecta de la campaña, de toda la pasada legislatura. La mayoría del 22% de indecisos tiene que calibrar qué votará. Pero Pau Villòria no. Pau Villòria es un profesional de la reflexión. No necesita un día marcado por la ley electoral. Pau Villòria es un catalán que lleva cavilando tres años. Y es tan bueno en lo suyo que no necesita hacer público el resultado de su esfuerzo mental. Le basta con ejercer aquello que se le da tan bien en silencio. Ya ha anunciado que votará a JxCAT. Una mente privilegiada no pierde el tiempo en menudencias.

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