Elecciones Cataluña 2017: Una noche con los escuadrones voluntarios que limpian Cataluña de lazos amarillos Elecciones Catalanas
activistas en contra de la independencia

Una noche con los escuadrones voluntarios que 'limpian' Cataluña de lazos amarillos

Arrancan por la noche los lazos y la propaganda que los independentistas colocan por el día. La mayoría de ellos nunca había participado en política, y se conocieron a través de redes sociales

Foto: Los seis activistas, después de limpiar la plaza de Tetuán. (A. V.)
Los seis activistas, después de limpiar la plaza de Tetuán. (A. V.)

Hoy han salido pronto y para una misión rápida. Plaza Tetuán, 22:30. Son seis y cada uno llega por su cuenta: uno en moto, otros en coche o transporte público. Se reúnen en la propia acera para hacer un repaso rápido del objetivo y de la estrategia, planificada de antemano y marcada en un mapa de colores que muestran en la pantalla del teléfono móvil. Deciden que no les van a hacer falta la escalera ni los palos extensibles. Solo los 'cutter' y las bolsas. Después se tapan la cara y despliegan "la acción" coordinadamente. Se nota la práctica y la adrenalina: deslizan las cuchillas con energía y poco a poco desaparecen los lazos amarillos (trozos de bolsas de basura de ese color) colocados días antes por los activistas independentistas alrededor de toda la plaza.

Mientras se afanan y corren de un lado a otro arrancando plásticos, por la plaza cruzan varios vecinos fingiendo que no ven nada. Hasta que llega un hombre con un perro y les pregunta que qué hacen, que por qué se tapan la cara. Ellos no responden y siguen a lo suyo. Están cumpliendo, explican después, una de las normas del decálogo de conducta de la asociación que convoca (Aixeca't/Levántate): no discutir con nadie. Otras reglas son "no beber alcohol durante las misiones", "recoger todos los desperdicios", no compartir "sin permiso expreso" fotos o vídeos, "buscar el diálogo" en "situaciones adversas" o cuidarse "los unos a los otros". A medianoche posan ya con el botín: seis bolsas de basura llenas de plástico amarillo. Excitados por lo que consideran un "éxito", deciden alargar la salida y mientras uno se marcha a buscar el contenedor más cercano, el resto decide cuál será el siguiente destino.

Los "grupos de limpieza", como se autodenominan, salen cada noche desde octubre y se lo toman muy en serio. Da la sensación de que a algunos, además, les divierte. Animados por el ambiente de las manifestaciones españolistas y de los grupos de Facebook que las propiciaron, son en su mayoría personas que no se conocían de nada hasta que empezaron a organizarse por WhatsApp. Desde mediados de octubre se han consolidado varias asociaciones y grupitos que convocan acciones casi a diario.

Algunas noches, comentan, han llegado a juntarse decenas de ellos en una misma limpieza. Suelen actuar de noche, a veces muy entrada la madrugada cuando el objetivo es concurrido, y protegen con celo su anonimato para evitar problemas. "Los independentistas pueden poner sus carteles y pintadas a plena luz del día porque saben que no pasa nada, sin embargo nosotros no podemos porque pueden hacernos la vida imposible si nos graban o nos podemos meter en problemas. A un compañero el otro día le tiraron una piedra. Y si te localizan por redes sociales, te pueden empezar a llamar fascista. Además, tampoco quiero que se enteren en mi trabajo. Piensa que en los grupos hay de todo: creativos, estrategas, financieros, economistas, juristas, catedráticos, politólogos, etc...".

De los seis voluntarios, solo dos se conocían antes del 1 de octubre. Y solo uno había participado antes en actividades políticas. El más joven tiene 18 años y el más mayor supera los 50. "Yo en mi vida me hubiera imaginado que iba a acabar así saliendo por las noches con una mochila a hacer acciones políticas. Pero después de lo que pasó, sentí que tenía que hacer algo, que no me podía quedar quieta mientras los independentistas llenaban los espacios públicos de propaganda y se adueñaban de las calles que son de todos. Me harté de que llenasen mi barrio de propaganda. Además, lo único que hacemos es limpiar lo que ellos ensucian, quitar las pancartas ilegales, los trozos de plástico que contaminan todo", dice Rosa, que mañana se tiene que levantar a las siete para entrar a trabajar. "Llevo desde septiembre durmiendo muy poco. Muchos días no duermo por lo que me preocupa esta situación y otros porque estoy en la calle quitando lazos. El día que sí dormí tranquila es cuando habló el Rey".

El grupo se reparte entre un coche y una moto para desplazarse hasta el siguiente objetivo: el puente de Sant Boi, cerca de Castelldefels, a media hora de Barcelona. Les espera allí otro voluntario, que ha salido por su cuenta y ha localizado un tramo de autovía lleno de lazos amarillos. Aparcan, avanzan a pie y se ponen manos a la obra. En 15 minutos han limpiado todo y deciden hacer una tercera y última parada, en L'Hospitalet. En el coche, conduciendo entre polígonos y rotondas desiertas, Julio dice ser consciente de que el esfuerzo, las horas sin dormir y el gasto económico que están haciendo quizá no tengan un impacto en las elecciones. "Esto es más una cosquilla que les hacemos para molestar, para que quede claro que también hay gente del otro lado y que no nos vamos a rendir. Una cosquilla, día tras día, que al final es muy molesta. Anima ver que también tenemos presencia, que las calles no son suyas, como ellos dicen".

Los ánimos cambiaron, recuerdan, durante la manifestación constitucionalista del 8-O. "Hasta ese día, muchos de nosotros nos sentíamos bastante solos con este tema. Depende del ambiente en el que te muevas, a veces somos minoría y no decimos nada. Ahora nos hemos juntado mucha gente que no participábamos en política y que no nos conocíamos de nada. Es muy importante tener algún apoyo para superar esta situación, poder hacer cosas con gente que se siente igual que tú". Uno de los voluntarios lleva sus propios carteles en la mochila y los saca al llegar al tercer objetivo: un puente sobre las vías en L'Hospitalet en el que alguien se les ha adelantado. "Aquí ya está todo limpio", dicen. En una corchera pública pegan sus mensajes: 'Justicia', 'Viva el orden y la ley', 'Visca la policía y visca la Guardia Civil'. En lo relativo a cuerpos policiales, tienen sus preferencias. "La Guardia Urbana", dicen, "alguna vez nos ha identificado y lo que más cabrea es que no nos dejan seguir quitando lazos porque dicen que es una provocación y puede generar problemas. ¡Pero si estamos limpiando propaganda ilegal!".

De vuelta a Barcelona, Julio avisa de que el martes hará su última salida. "Yo después de las elecciones me retiro, que tengo muchas cosas que hacer". La idea, dicen, es ir virando hacia un activismo más ortodoxo, porque la batalla propagandística contra el independentismo será larga: quieren organizar actos públicos, encuentros, charlas... ocupando los mismos espacios que tienen las diferentes asociaciones soberanistas para plantarles cara. "No tenemos financiación pero nos podemos apañar con cuotas", dicen. Aixeca't ya tiene estatutos. E identifica uno de sus principales objetivos: "Deslegitimar las narrativas y políticas del actual régimen político autonómico y construir una narrativa útil para los movimientos de oposición, desarrollar y capacitar a futuros paneles políticos en su toma de decisiones, ofrecer un rol de auditor de los actores públicos y canalizar fondos a movimientos y otros actores políticos".

Al centro de Barcelona llegamos pasadas las dos de la mañana. Antes de despedirse, el grupo se encuentra una sábana pintada cerca de plaza Universidad y decide hacer la última misión, muy breve. La tela desaparece en el maletero y acabará, como el resto, en un contenedor de basura. "Siempre reciclamos: el papel donde el papel y el plástico donde el plástico".

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