SÓLO DOS PERSONAS TIENEN ASCENDENCIA SOBRE ÉL: ROURES Y MURTRA

Así es Pep Guardiola, un independentista de pura cepa que sólo dijo sí tras hablar con Mas

Al entrenador le habían ofrecido el oro y el moro para que engrosase la lista independentista del centro derecha. Pero dijo que no. Aceptó, sin embargo, cerrar la lista “unitaria”

Foto:  Pep Guardiola (en la imagen), da su apoyo a la manifestación convocada por la ANC con motivo de la Diada de 2012. (EFE)
Pep Guardiola (en la imagen), da su apoyo a la manifestación convocada por la ANC con motivo de la Diada de 2012. (EFE)

Los independentistas catalanes andan escasos de nombres de relumbrón para llenar su lista electoral y necesitan como agua de mayo nombres ilustres para captar votos. Uno de ellos es el de Pep Guardiola, el actual entrenador del Bayern de Múnich y exentrenador del Barça. Pep Guardiola, apodado el Noi de Santpedor. Al entrenador le habían ofrecido el oro y el moro para que engrosase la lista independentista del centro derecha (la lista independentista de la izquierda queda reservada ahora para la Coordinadora d’Unitat Popular, la CUP). Pero dijo que no. Aceptó, sin embargo, cerrar la lista “unitaria”. [Directo: las elecciones catalanas, al minuto]

El gesto, al fin y al cabo, no deja de ser una muestra de apoyo que deja a las claras sus preferencias pero que no entorpece su carrera profesional. El hombre tranquilo, culto, elegante, el que tiene fama de no equivocarse nunca y de ser un poeta del fútbol, ya envió un mensaje urbi et orbe a los ciudadanos de Cataluña en la Diada del 11 de septiembre de 2012. Él estaba disfrutando de un año sabático en Nueva York, pero envió un vídeo de apoyo a la primera gran manifestación independentista: “Contad con mi voto”, arengó a la multitud desde la gran pantalla de plasma.

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El acercamiento de Pep al independentismo viene de lejos. En realidad, es un jugador del pueblo catalán y siempre se manifestó en términos de marcado nacionalismo. En los años 90, cuando era un jovenzuelo con corta trayectoria, apoyó la posibilidad de crear una selección catalana que fomentaba entusiásticamente la Generalitat de Jordi Pujol. En 1997, declaraba a La Vanguardia: “Soy catalán de Cataluña. Por tanto, si hubiera selección catalana, jugaría con Cataluña. Como catalán que me siento, sería un placer estar en una selección catalana, aunque es una cosa complicada y difícil que parece que va para largo”. Un año más tarde, apoyó también sin reservas la Plataforma pro-Selecciones Catalanas. Mientras tanto, apuntalaba la Roja.

Pep fue ídolo en el Barça y lo siguió siendo cuando se marchó a Italia. Incluso cuando hace tres lustros fue acusado de dopaje, muchos no perdieron la fe en él. En el país transalpino, Guardiola mantuvo su inocencia. Y allí encontró un aliado incondicional: el exjugador de waterpolo Manel Estiarte. Este había terminado su carrera en el equipo de Pescara. En esta ciudad, conoció a la hija del dueño del club, que era también el más rico de la localidad y se casó con ella. Estiarte comenzó entonces a hacer negocios en Italia y por esa época ocurrió el escándalo del supuesto dopaje de Guardiola: en 2001, había dado positivo en un control de nandrolona, por lo que fue condenado a multa de 2.000 euros, cuatro meses de suspensión y 7 meses de prisión. Con el paso del tiempo, en octubre del 2007, un tribunal le absolvió de toda culpa.

El mayor apoyo

En ese calvario, Estiarte fue su mayor apoyo y supo agradecérselo después: cuando Guardiola fichó por el Barça, Estiarte recaló también el club azulgrana como encargado de relaciones externas. Cuando Guardiola voló a Múnich, Estiarte se fue con él, contratado también por el club alemán.

El entrenador del Bayern Munich, Pep Guardiola (c), junto al exwaterpolista Manel Estiarte. (EFE)
El entrenador del Bayern Munich, Pep Guardiola (c), junto al exwaterpolista Manel Estiarte. (EFE)

En su trayectoria, Guardiola pasó por el Brescia, el AS Roma, el Al-Ahili de Qatar y el Dorados de Sinaloa. En el 2006 fue contratado por el FC Barcelona de Joan Laporta para que se hiciese cargo, como entrenador, de las categorías inferiores. En la temporada que se iniciaba el 2007, el proyecto de Frank Rijkaard estaba agotado y Laporta se planteó darle al Noi de Santpedor una oportunidad. No la desaprovechó. Al tercer año ganó todo lo ganable: Liga, Champions, Copa del Rey, Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes.

Para comunicárselo, Laporta le citó a comer a finales de febrero del 2007 en el restaurante Drolma. Oficiaba de intermediario el directivo Evarist Murtra. No era casualidad. Murtra es una de las dos personas que verdaderamente tiene ascendencia sobre Pep. La otra es Jaume Roures. “Ni Cruyff ni Laporta ni Artur Mas. Sus mentores son Roures y Murtra y si alguien tiene ascendencia sobre él son esos dos y nadie más”, explica a este diario una persona que lo conoce muy bien. Además, recalca esta fuente, “Pep pasa del mundo del fútbol. Cuando no está con el equipo, se mueve en otros ambientes”.

En el mundo del deporte, nadie puede discutir los méritos del entrenador. Otra cosa son sus manías personales. “Su principal defecto es que muchas veces quedas con él en una cosa y luego hace la contraria”, dice a El Confidencial una persona que le ha tratado durante años. Para este crítico, “es soberbio, pero hay que reconocerle que es inteligente y culto”.

Mientras estuvo en el Barça, de 2006 a 2012, supo trenzar una extensa red de complicidades con los periodistas deportivos. “Estaba muy obsesionado con que no apareciesen cosas en la prensa. No es amigo de aparecer ni de que aparezcan personas que trabajan con él”, explican las fuentes consultadas. Otra fuente explica que “muchos periodistas que pensábamos que eran laportistas, en realidad eran guardiolistas, porque Pep supo trabajarse complicidades”.

La curiosa disciplina

Paralelamente, estableció una curiosa disciplina dentro del club: amplió las primas que daba la directiva no sólo a los jugadores, como hasta su entrada, sino al cuadro técnico, a los servicios médicos o a los servicios de seguridad. “A cambio, pedía lealtad absoluta y que le informasen de todo lo que pasaba”.

Obsesionado también con el control a sus jugadores, sabidos son sus encargos de seguimientos por detectives, especialmente a Gerard Piqué antes incluso de que este se relacionase sentimentalmente con Shakira. En el vestuario, marcaba mucho las diferencias con los jugadores. “No era el camarada o el colega, a pesar de que hasta pocos años antes él ocupaba también ese vestuario. Con esa actitud no sólo marcaba las diferencias de cara a la gente, sino que evitaba que se le subiesen a la chepa”.

Guardiola lee un comunicado en Berlin a favor de la independencia de Cataluña.
Guardiola lee un comunicado en Berlin a favor de la independencia de Cataluña.

Un directivo azulgrana detalla también su obsesión por la soledad: “Cuando juegas un partido, ganes o pierdas, la verdad es que estás tenso. Y cada uno libera esa tensión de diferente manera, pero esencialmente hablando con otra gente. Pep no. Al contario. Él tenía que estar solo y nadie le podía hablar. Ni siquiera Tito Vilanova, su mano derecha. Se quedaba durante dos horas concentrado y no se le podía dirigir la palabra. A veces, parecía que dormía. Otras veces, estaba con los ojos abiertos, pero absorto. Pensando. Es que es un tío al que le gusta poco el trato con la gente”.

Otra de las personas que le ha tratado con asiduidad reseña que Pep Guardiola “es una persona que se equivoca muy poco. Es desconfiado por formación o educación, pero esa faceta le hace ser muy precavido. De hecho, todo lo que hace o dice se lo prepara en profundidad. Se lo prepara mucho más de lo que parece a simple vista. Y que nadie dude de que para dar el sí a su inclusión en la lista, habló antes con Artur Mas”.
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