Sánchez se coloca en el centro del eje de países que desafían el nuevo orden de Trump
Dos días en Barcelona le han servido al presidente español para realzar su perfil internacional en el marco de países que discrepan de la política exterior de EEUU
Pedro Sánchez recibe a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum (i), a su llegada a la IV Cumbre en Defensa de la Democracia. (EFE/Alberto Estévez)
El presidente español Pedro Sánchez se ha colocado en el centro del eje de países que se están articulando como una alternativa al nuevo orden mundial de Donald Trump. No es el impulsor, ni siquiera el miembro principal, pero si este fin de semana tenía que servir para algo, es para convertir a Sánchez en un referente de esta reivindicación de una izquierda que aspira al viejo modelo multilateral, al respeto al derecho internacional y a la pervivencia de los principios básicos de la democracia.
La coincidencia de la Global Progressive Mobilisation, donde el socialismo internacional, con el foro de presidentes 'En defensa de la democracia' a pocos metros ha sido un acierto. Ha reunido a más de 6.000 personas, con personalidades como el ministro de Economía Carlos Cuerpo o la economista italiana Mariana Mazzucato, preocupados por uno de los ejes de debate: el crecimiento de la desigualdad en las sociedades avanzadas. Sánchez sale de su fin de semana en la capital catalana reclamando un papel propio dentro del santuario de la izquierda internacional.
Se puede cuestionar que la cumbre bilateral con Brasil del viernes en la práctica tiene una dimensión económica mínima, dado que la política comercial es competencia exclusiva de la UE y pasa por la entrada en vigor del Mercosur.
Pero también es verdad que Pedro Sánchez ha podido aprovechar para reunirse a solas con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum en un fin de semana rodeado de líderes mundiales, los más conocidos de América Latina. Y le sirve para combatir una cierta imagen de aislamiento que podría producir el hecho de que Sánchez no haya sido llamado a participar en la mini-cumbre Emmanuel Macron/Keir Starmer/Giorgia Meloni para tratar sobre el desbloqueo del estrecho de Ormuz.
Podría parecer que los problemas legales del entorno de Sánchez, el juicio de su ministro José Luis Ábalos, el más inmediato, pero este eje de países de izquierdas no está inmaculado. Ahí está el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien fuera ministro de Economía de los Kirchner que nunca sospechó que pasase nada raro con el súbito enriquecimiento de la pareja presidencial argentina. O el viceministro británico David Lammy, ahora cuestionado en su país por no haber aplicado los debidos controles al nombramiento de Peter Mandelson, el ex embajador en Estados Unidos destituido por sus vinculaciones con la red de Jeffrey Epstein. Una izquierda tan poco obsesionada con la pureza que hasta permite que acuda a su En defensa de la democraciaEdi Rama, el primer ministro de Albania, sí, el país que acordó con Giorgia Meloni que se instalasen cárceles para expatriar inmigrantes ilegales de Italia.
Peligro mayor
El eje de países que desafía el nuevo orden de Trump es así, pragmático en aras de un bien mayor: oponerse al presidente de los Estados Unidos y frenar la ola de la ultraderecha. Como Pedro Sánchez, pragmático hasta traspasar todos los límites siempre que sirva para parar a la derecha más radical.
Ambos foros, pese a haber coincidido en Barcelona, tendrán continuidad por separado. En defensa de la democracia seguirá el año que viene en México, con sus cumbres de presidentes mundiales, mientras que la Global Progressive Mobilisation tendrá su sesión el año que viene en Salvador de Bahía.
El trumpismo y la ola reaccionaria son el enemigo a batir por la izquierda
Política internacional
Pedro Sánchez va virando. La trinchera cultural que llevaba a la polarización ya no da más votos. El relevo es la oposición a Donald Trump. Y no tanto oposición como alternativa. El propio Trump genera tanto rechazo en todo el mundo que se ha convertido en un blanco fácil que unifica al grueso de la izquierda planetaria y deja pocos argumentos a la derecha. En el mismo día, Sánchez pasó de la solemnidad de una cumbre entre presidentes al tono mitinero de la Global Progressive Mobilisation.
“Pedro Sánchez es el hombre que ha salvado ante Europa nuestros valores”, le elogió el presentador de la jornada progresista. Ahí se ha colado Pedro Sánchez para explotar el flanco internacional e intentar remontar en las encuestas. Pedro Sánchez se ha dado un baño de masas a cuenta de su política internacional. En la práctica le sale gratis. Y puede aparcar sus debilidades parlamentarias para apuntarse a defender la paz mundial.
El presidente español Pedro Sánchez se ha colocado en el centro del eje de países que se están articulando como una alternativa al nuevo orden mundial de Donald Trump. No es el impulsor, ni siquiera el miembro principal, pero si este fin de semana tenía que servir para algo, es para convertir a Sánchez en un referente de esta reivindicación de una izquierda que aspira al viejo modelo multilateral, al respeto al derecho internacional y a la pervivencia de los principios básicos de la democracia.