Campaña soberanista contra el ayuntamiento barcelonés por 'importar' la Feria de Abril
Gurús soberanistas alertan de que el evento, uno de los mayores de Cataluña, "no es cultura catalana" y piden el boicot al evento que se celebra cada año en la Ciudad Condal
Illa y Montero, el año pasado en la Feria de Abril de Barcelona. (EFE/Quique García)
El independentismo catalán ha puesto a la Feria de Abril en su punto de mira. Amplios sectores soberanistas demonizan la celebración de este evento, una traslación de la Feria de Abril de Sevilla a Barcelona a partir del 24 de abril. Claman que eso no es cultura catalana y que no debe tener lugar. El separatismo más xenófobo y reaccionario deja ya entrever sus verdaderas intenciones: prohibir cualquier manifestación cultural que no sea ‘patriótica’ (es decir, de ocho apellidos catalanes).
“Las editoriales que publican en catalán no reciben ayudas. La Feria de Abril, la asociación cultural de Extremadura del Vendrell y la Hermandad del Rocío de Cornellà, sí que tienen. Con perdón, pero dais asco”, denuncia el escritor y periodista Jaume Nolla, de RAC1. Nolla se presentó en las listas electorales por el Front Nacional de Catalunya (FNC), formación de la extrema derecha de la cual se desgajó Sílvia Orriols para fundar su Aliança Catalana.
La Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña (Fecac), la organizadora de la Feria de Abril de Barcelona, recibe subvenciones públicas para organizar el evento, que este año tiene lugar entre el 24 de abril y el 3 de mayo, uno de los mayores eventos festivos de cada año. La subvención más importante, del Ayuntamiento de Barcelona, no se ha hecho pública aún y depende de un informe de justificación que la Fecac entregó al consistorio el pasado mes de febrero. Sí se sabe que, a diferencia del año pasado, este año el acceso al recinto será gratis para los visitantes.
Los motivos económicos llevan al independentismo a hacer de las subvenciones uno de los caballos de batalla contra la Feria de Abril de Barcelona. Pero aun así, los principales partidos soberanistas suelen abrir caseta para dejarse ver, “mezclar culturas” en el recinto, a la espera de algún voto que pueda caer, y para proyectar una imagen conciliadora con el foráneo.
Los motivos ideológicos, sin embargo, pesan más. De nada sirve que este año, para homenajear a Cataluña con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, introduzca en el cartel promocional la silueta de la casa Batlló, una de las joyas modernistas del insigne arquitecto. Dice la Fecac que escogió el icono del modernismo porque es “reflejo del ingenio y la creatividad de Gaudí y ha servido de puente entre la tradición andaluza que representa la Feria de Abril y el patrimonio cultural catalán, reforzando así el carácter integrador y diverso del evento”.
Pero los gurús del soberanismo no están dispuestos a aceptar ese espíritu de convivencia ni el puente cultural. Uno de los influencers que apoyan sin reparos a Junts per Catalunya denuncia la irrupción de la cultura andaluza en Cataluña apropiándose de un espacio cultural que no le pertenece.
Jaume Pi, otro de los gurús, critica que a la Feria de Abril se le llame cultura catalana. “Acabo de leer dos tuits de un asturiano y un aragonés quejándose de la andalucización cultural de sus respectivas regiones y me ha hecho pensar mucho en cuando en Cataluña se dice sin crítica posible que la Feria de Abril es ‘cultura catalana’”, se queja Pi.
Eva Pesquera, también en la misma onda y activista de la ANC, recuerda que “esto de la Feria de Abril es global en España. Hace unos años, en Galicia, yo solo conocía una muy pequeña en Vigo. Después, apareció una ‘Semana Andaluza’ en Ourense. Y este año he visto una docena de ferias de abriles y de rocíos por todas partes”. Pi y Pesquera concluyen en lo mismo: uno de los mayores eventos festivos de la comunidad, como es la Feria de Abril de Barcelona, no es cultura catalana “de la misma manera que a ningún gallego se le ocurre decir que es cultura gallega”.
Es el mismo argumento con el que a grandes escritores como Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán o Juan Marsé se les niega la ‘nacionalidad catalana’ por el hecho de escribir en castellano. O que cantantes como Joan Manuel Serrat o Estopa sean vilipendiados y boicoteados por los círculos extremistas soberanistas. Otro de los perfiles, pero de la órbita de Aliança Catalana, añade leña al fuego: "Exigimos que se den ayudas a las editoriales catalanas. No queremos ayudas a culturas foráneas. Si quieren hacer cosas, que las paguen ellos, no los catalanes”.
14.000 raciones de Gazpacho
La Noche del Salmorejo y el Día del Gazpacho previstos para la edición de 2026 quedan, así, proscritos en la agenda independentista y las 14,000 raciones que piensa distribuir gratuitamente una empresa sevillana de cada uno de esos productos se han convertido para el soberanismo en una muestra de colonialismo gastronómico sin igual.
Ya lo decía el expresident Quim Torra en uno de sus patrióticos escritos: “El catalanismo ha de basarse en una defensa encarnizada de nuestra identidad y nuestra cultura y del orgullo de ser catalanes. ¿O es que ustedes se imaginan a una Cataluña independiente convertida en una inmensa Feria de Abril?”.
El independentismo catalán ha puesto a la Feria de Abril en su punto de mira. Amplios sectores soberanistas demonizan la celebración de este evento, una traslación de la Feria de Abril de Sevilla a Barcelona a partir del 24 de abril. Claman que eso no es cultura catalana y que no debe tener lugar. El separatismo más xenófobo y reaccionario deja ya entrever sus verdaderas intenciones: prohibir cualquier manifestación cultural que no sea ‘patriótica’ (es decir, de ocho apellidos catalanes).