Este 'streamer' catalán murió por un reto de cocaína: nadie sabe si se ha cometido un delito
Sergio Jiménez tenía problemas psiquiátricos y múltiples adicciones. Sus espectadores le llevaron al límite pagándole las sustancias hasta que colapsó la noche del 30 de diciembre
Sergio Jiménez (derecha), consume base de cocaína junto a Simón Pérez.
Sucedió durante la madrugada previa a Nochevieja. Sergio Jiménez, un streamer de 37 años de Vilanova i Geltrú (Barcelona), pasaba el rato con su comunidad cuando alguien le propuso un reto: beberse una botella de whisky y esnifar seis gramos de cocaína en un plazo de tres horas. Jiménez, adicto a esta sustancia desde hace años, aceptó sin pensarlo mucho, en tanto que eran los usuarios los que costeaban todo y que era el modus operandi cotidiano de su canal.
Pasadas las dos de la mañana, la madre de Jiménez se levantó de la cama para ir al baño y encontró la puerta de su hijo entreabierta. Intentó entrar, pero algo bloqueaba el paso, de modo que llamó a otro de sus hijos para que fuera a la casa a comprobar que todo estaba bien. Como desveló David López Frías en El Periódico, encontraron a Sergio arrodillado al pie de su cama, con la cabeza sobre la colcha, en una posición que sus familiares identificaron como similar a la del rezo. Desde el ordenador, varios usuarios, todavía conectados, reprochaban al streamer estar otra vez "durmiendo la mona".
Jiménez no estaba durmiendo. Según la investigación policial, hacía al menos una hora que había dejado de respirar. Los sanitarios desplazados no pudieron hacer más que certificar el fallecimiento e iniciar los trámites para el levantamiento del cadáver.
El caso ha llegado a las portadas de los medios de todo el planeta; aunque parezca un caso aislado, es la punta del iceberg de un problema colosal. Y es que cada vez más personas sin recursos económicos, en especial los que sufren adicciones, optan por hacer directos en internet para ganarse la vida. Es un mecanismo tan simple como macabro: se sientan delante de la cámara y hacen lo que le pidan sus usuarios por dinero. A pocos les preocupa si están en plenas facultades mentales ni el efecto que los retos puedan tener sobre su salud. De hecho, es habitual que se refieran a estas personas como "pokémons", un calificativo que evidencia la falta de empatía con la que se les trata.
Sergio Jiménez era amigo y vecino de Simón Pérez, conocido por el vídeo viral de las hipotecas a tipo fijo. Hace unos meses, Pérez introdujo a Jiménez en el mundo de los retos y las donaciones, tratando de aprovechar su fama para impulsar la carrera del nuevo streamer, cuyo contenido también se basaba en el consumo de droga en directo. Su plan, como desveló en vídeos que ahora ha borrado, pasaba por cobrar a Jiménez una comisión de sus ganancias a cambio de darle promoción en su canal, de mucha mayor audiencia.
Durante meses, la relación entre Pérez y Jiménez fue la de un maestro y su discípulo: Sergio iba a casa de Simón y aprendía las estrategias para conseguir que los espectadores pasaran por caja, casi siempre para comprar cocaína. Sin embargo, los que les conocen denuncian una situación desigual: "Simón es un tío muy espabilao, con estudios, y ese no es el caso de Sergio, que era un chaval más sencillo. Hace unos años tuvo un accidente de coche en una rotonda en el que murieron personas a las que quería mucho y le dejó traumatizado. Estuvo ingresado varias veces en el psiquiátrico, tomaba mucha medicación y se veía que no estaba bien", dice un vecino que conoce a los dos desde hace 30 años. "Por eso, cuando vi que Simón le metía en el mundo de los directos de internet, vi que le iba a joder la vida aún más de lo que la tenía".
Sus seguidores los llaman "pokémons", porque hacen con ellos lo que desean
Otro de los divertimentos de estas comunidades de usuarios es hacer "brotar" a sus "pokémons". Sabedores de sus problemas psiquiátricos, los usuarios conocen qué conductas les molestan más y las repiten hasta que el streamer pierde los nervios: en el caso de Simón Pérez era llamarle por teléfono y colgar y, en el de Sergio, enviarle vídeos de coches chocando contra rotondas. El anonimato de internet les permite hacer daño sin consecuencias.
En los últimos días, Simón Pérez ha intentado desligarse de la muerte de su amigo, al que llegó a identificar como su "heredero". Preguntado por las televisiones, Pérez asegura que ha dejado la droga y que hacía "dos meses" que había cortado relaciones con Jiménez, preocupado por la mala influencia que pudiera ejercer sobre él. No es verdad: pocos días antes del deceso, Jiménez estuvo en la casa de Pérez, en directo, fumando base de cocaína y adelantando unas navidades de desenfreno. Tampoco es cierto que haya dejado las sustancias. Este medio ha tenido acceso a un vídeo del 8 de enero en el que se ve a Simón fumando cocaína en un directo con sus usuarios más cercanos. "Lo que sucede", dice uno de sus seguidores a este medio, "es que han dejado de donarle en público desde la muerte de Sergio. Eso lo aprovecha Simón para decir que ha dejado la droga, pero cualquiera que esté en sus Meets privados sabe que sigue igual que siempre".
La triste realidad es que, como adicto a la cocaína, Pérez solo piensa en seguir consumiendo. En primera instancia intentó quitarle hierro al incidente, siguiendo con sus directos como si nada hubiera pasado, y no ha sido hasta desatarse la tormenta mediática que ha cambiado de estrategia. Ahora muestra contrición en público, sin embargo, en privado su vida no ha cambiado un ápice. Distintas fuentes de Vilanova coinciden en señalar que lo único que le preocupa es que algún amigo de Jiménez intente tomarse la justicia por su mano, como han anunciado, y que por miedo ha dejado de salir a la calle.
Las consecuencias legales
La muerte de Jiménez ha revolucionado la comunidad de Simón Pérez, que se divide en dos grupos de Telegram (AviatorVIP IV y We love Basuko) y en un tercero llamado Los diplomáticos, personas que han pagado por ver sus directos privados. Entre los tres suman más de 4.000 individuos, que pasan estos días preguntándose quiénes de ellos estaban en el Meet en el que murió Sergio Jiménez. Una buena parte de ellos, en torno a 500 personas, ha abandonado los grupos y borrado sus cuentas de Telegram para evitar las posibles consecuencias legales.
Concretamente, el debate gira al artículo 368 del Código Penal, que condena a "los que ejecuten actos de cultivo, elaboración o tráfico, o de otro modo promuevan, favorezcan o faciliten el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, o las posean con aquellos fines, serán castigados con las penas de prisión de tres a seis años y multa del tanto al triplo del valor de la droga objeto del delito si se tratare de sustancias o productos que causen grave daño a la salud, y de prisión de uno a tres años y multa del tanto al duplo en los demás casos".
Esta situación estaría agravada por dos circunstancias: que Jiménez tenía una discapacidad intelectual reconocida y que era adicto a la cocaína, de forma que difícilmente podía rechazar las ofertas que le hacían sus espectadores. Hay, además, una última cuestión legal: ¿incurrieron los asistentes al Meet en un delito de omisión de socorro? Nadie alertó a los servicios de urgencia cuando Jiménez se desplomó en directo.
"No se comprende que veas a una persona consumir drogas, se desplome y no hagas nada"
Entre los expertos consultados no hay unanimidad. Arturo González, director de Dexia Abogados, ve un escenario complejo a la hora de actuar legalmente: "He consultado este caso con todos los expertos del despacho y consideramos que no hay delito y que, de haberlo, es tan difícil que encuentren a los culpables que el caso no tiene recorrido", afirma a este periódico. "Habría que probar que los que le donan le están incitando al consumo porque, en realidad, lo que está sucediendo es que le dan dinero y él compra la droga por su cuenta, con lo que asume el riesgo per se", continúa. "Si alguien ha comprado directamente la droga, o ha dicho explícitamente que su dinero era para comprar droga, ahí podríamos estar ante la figura del cooperador necesario, es el único sitio por donde creo que se le puede meter mano a este caso".
Tampoco le ve recorrido Eduardo Simó, socio director de Simó Abogados, que hace hincapié en la cantidad de droga: "La jurisprudencia más reciente mantiene en una postura de conceptuar como atípicas y no punibles las conductas que consisten en el consumo ocasionalmente compartido entre toxicómanos y la entrega gratuita de cantidades mínimas de droga a individuos toxicómanos por personas allegadas a ellos, para evitar sufrimientos generados por el síndrome de abstinencia", explica el letrado. Tampoco cree que se pueda imputar la omisión de socorro: "Complicado veo que desde una pantalla un usuario pudiera determinar la gravedad del estado de salud y a sabiendas de que grababa en su domicilio que el mismo no tuviera a nadie que le pudiera socorrer. Partiríamos de demasiadas suposiciones siendo necesario un nivel de certeza para poder condenar a una persona".
El penalista Fernando Pamos de la Hoz no comparte su visión: "En mi opinión, el delito más claro es el de omisión del deber de socorro, recogido en el artículo 195 del Código Penal. No se entiende que un grupo de personas sepa que una está consumiendo droga, se desplome y no haga nada. A cualquiera le resulta obvio que una cosa puede ser consecuencia de la otra y que al menos has de llamar al 112", dice. Al respecto, hay dos datos que llaman la atención. El primero, que algunos espectadores se mantuvieron conectados mirando entre la 1:42, la última hora que Jiménez consultó su Telegram, y pasadas las 2 de la mañana, cuando su hermano descubrió el cadáver y escuchó a los espectadores comentar la situación en el ordenador. Para los abogados consultados, es tiempo más que suficiente para salir del shock inicial y buscar ayuda.
Jiménez, en una imagen de sus redes sociales. (Youtube)
Además, se da la circunstancia de que la comunidad de Jiménez había bromeado con este escenario en el pasado. En noviembre, un grupo de espectadores avisó a Jiménez de que su amigo Simón se había desplomado en directo y que no respondía a los mensajes. Asustado, Jiménez cruzó el pueblo a toda prisa, lanzando gritos de desesperación, solo para descubrir que Pérez estaba durmiendo y que todo había sido una broma pesada. Su comunidad era, por tanto, consciente de la necesidad de una actuación rápida en caso de desfallecimiento por sobredosis.
Pamos de la Hoz considera que también puede haber un delito por trato degradante (173.1 C). "Se estaban aprovechando para divertirse de una persona especialmente vulnerable, ya que tenía una discapacidad y además era adicto a una sustancia. Esto segundo es fácil de probar, porque hay un historial de visitas a sus directos que va a confirmar si sabían que esa persona tenía un problema con la cocaína. Creo que la autopsia visceral será clave para saber si se puede perseguir legalmente a estas personas".
Nuria Granda, directora de Granda & Asociados, abandera una tercera vía: "No veo tanto la omisión de socorro, porque desde una pantalla no puedes saber si el otro está haciendo el tonto o realmente está mal, pero sí veo un delito contra la salud pública, pese al consentimiento de la persona. Y tampoco creo, como se ha dicho, que sea difícil encontrar a los responsables: la policía tiene los registros y las IP de los participantes, entre los que la mayoría serán jóvenes, y no creo que les cueste mucho llevarlos a comisaría y que cuenten todo lo que saben".
En estos momentos, los Mossos d'Esquadra, que incautaron la semana pasada el móvil y el ordenador de Jiménez, están identificando a los participantes en el Meet del 30 de diciembre. Según algunos testigos, serían por ahora más de veinte las personas identificadas mientras están a la espera de la autopsia que determinará las causas de la muerte del streamer. De estar relacionadas con el consumo de drogas, podría ser la fiscalía la que inicie el proceso contra sus donadores.
Sucedió durante la madrugada previa a Nochevieja. Sergio Jiménez, un streamer de 37 años de Vilanova i Geltrú (Barcelona), pasaba el rato con su comunidad cuando alguien le propuso un reto: beberse una botella de whisky y esnifar seis gramos de cocaína en un plazo de tres horas. Jiménez, adicto a esta sustancia desde hace años, aceptó sin pensarlo mucho, en tanto que eran los usuarios los que costeaban todo y que era el modus operandi cotidiano de su canal.