El Kremlim promueve al coronel que se reunió con el jefe de la Oficina de Puigdemont
El independentismo quiso minimizar los encuentros con espías y los viajes a Moscú del entonces mano derecha del presidente fugado, pero ahora es premiado por el Kremlin
El jefe de la Oficina de Carles Puigdemont, Josep Lluís Alay, bajo la imagen de Putin. (EC)
Los espías rusos como aliados en el procésde Cataluña no fueron un invento del Estado español. Ni tampoco era una mentira que los dirigentes independentistas buscaran su apoyo explícito a la secesión. En algunos casos, el independentismo se dedicó a negar lo evidente. En otros, aseguraba que los contactados eran meramente conocedores de la política rusa y se acudía a ellos para utilizarlos como fuentes de información.
Uno de los episodios más extraños que protagonizó el independentismo es el que hacía referencia a Josep Lluís Alay, jefe de la Oficina de Carles Puigdemont, desplazado a Moscú para entrevistarse con miembros de los servicios secretos del Kremlin.
Alay utilizó al empresario Alex Dmitrenko para intentar aproximarse a uno de los grandes agentes rusos: el coronel Andrei Bezrukov. Logró participar junto a él en un coloquio en la Universidad Mgimo en otoño de 2018. El dirigente catalán se desplazó a Moscú en dos ocasiones. En una de ellas, visitó el diario Komsomolskaia Pravda y se fotografió con una gran imagen de Vladímir Putin como fondo. En la otra, se vio con Bezrukov y con su esposaElena Vavilova.
Este matrimonio fue detenido en 2019 en Estados Unidos, donde él utilizaba el alias de Donald Heathfield y su esposa era Tracey Foley. Ambos fueron acusados de espionaje. Más tarde, fueron canjeados por espías occidentales, entre ellos Ana Chapman. Su historia fue la base para la serie The Americans. Elena escribió luego el libro La mujer que sabe guardar secretos, que Alay tradujo al catalán y fue el mediador para que el exconcejal de CiU, Jaume Ciurana, la publicase en Barcelona.
"Coronel del Servicio de Inteligencia Exterior"
Aunque el independentismo ha intentado pasar página y minimizar el encuentro con Bezrukov, lo cierto es que éste continúa figurando en el organigrama de los servicios secretos rusos. Es más: una plataforma rusa que a menudo es utilizada para filtrar informaciones interesadas o para contribuir a campañas informativas favorables al Kremlin, lo presenta habitualmente como “coronel del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) y profesor del MGIMO”. La última aparición en la plataforma amiga se produjo esta misma semana. De ello, se deduce que los contactos iniciados por los círculos cercanos a Puigdemont con los servicios de Moscú no eran todo lo inocentes que se intentaba hacer ver.
Además, se presenta a Bezrukov como coronel, lo que presupone que se encuentra totalmente en activo y es utilizado, además, por el régimen de Vladímir Putin para analizar la actualidad y justificar la política del Kremlin.
El interés de la cúpula independentista por los servicios secretos rusos quedó patente tras la visita a Barcelona de tres personajes relacionados de alguna manera con los servicios rusos: Nicolai Sadovnikov, Sergei Motin y un tal Nadjik, experto en criptomonedas. Los dos primeros llegaron a entrevistarse personalmente con Puigdemont en su despacho oficial del Govern en octubre de 2017. El tercero se vio con Elsa Artadi, la mano derecha de Puigdemont, en el hotel Colón de Barcelona dos días antes de la cumbre en el Palau de la Generalitat.
Informes europeos sobre la amenaza rusa también desvelaron los últimos años una intrincada red de espionaje en el Viejo Continente al servicio de Moscú, utilizando a Cataluña y los informes policiales (enterrados tras la aplicación de la amnistía a los independentistas) alertaban de que hasta el jefe del sanguinario GRU (servicio de inteligencia militar) se desplazó a Barcelona.
Los contactos con Sadovnikov y los demás llegaron a Barcelona de la mano de Víctor Terradellas, fallecido el pasado verano y exresponsable de relaciones internacionales de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC).
Fracaso de Alay y el 'procés'
Alay pudo llegar a la Mgimo University, una entidad académica de primera línea en relaciones internacionales. Y cumplió su objetivo de acceder a un espía real ruso: Andrei Bezrukov. En su incursión moscovita, no obstante, el hombre de Puigdemont no acabó todo lo bien que quería, ya que sus tesis sobre el procés fueron ampliamente criticadas y rechazadas por las personas con las que contactó en Rusia.
El independentismo (y especialmente el entorno de Puigdemont) intentó echar tierra sobre el asunto Bezrukov, que suponía no sólo un fracaso ‘diplomático’, sino ideológico del soberanismo catalán. El espía es un ferviente antiseparatista y no ofreció un resquicio de esperanza a Alay sobre un hipotético apoyo ruso a la secesión de España.
Y tras años dormido en los sillones académicos, el coronel de los servicios secretos que Bezrukov siempre ha llevado dentro ha resurgido los últimos meses para convertirse en una de las figuras clave de la propaganda pro-Moscú.
Hace pocas semanas, el coronel aparecía en un debate en el que alertaba de la posibilidad de un atentado contra Vladímir Putin en Budapest. Y el pasado verano, en una entrevista con Sputnik (la cadena vetada por la UE y acusada de difundir fake news para desestabilizar Occidente), Bezrukov presumía de que “sólo Rusia puede destruir a los Estados Unidos”.
Los espías rusos como aliados en el procésde Cataluña no fueron un invento del Estado español. Ni tampoco era una mentira que los dirigentes independentistas buscaran su apoyo explícito a la secesión. En algunos casos, el independentismo se dedicó a negar lo evidente. En otros, aseguraba que los contactados eran meramente conocedores de la política rusa y se acudía a ellos para utilizarlos como fuentes de información.