El plan de Barcelona ante las inundaciones: depósitos, autopistas subterráneas y cambiar el asfalto
Un informe de la Fundación AXA y la Cámara de Comercio apunta a que el 40% del núcleo urbano de Barcelona podría quedar expuesto a inundaciones por las lluvias extremas y la subida del nivel del mar por el cambio climático
Si no se toman medidas contundentes, hacia el año 2050 hasta el 40% del núcleo urbano de Barcelona podría quedar expuesto a inundaciones, poniendo en riesgo a más de 600.000 personas. Así lo advierte un reciente informe de AXA Climate, elaborado junto con la Cámara de Comercio de Barcelona. Su autora, Claudia Ylla, experta en gestión de riesgos por inundaciones, detalla a través de la publicación cómo podría ser el futuro de la ciudad si no se implementan estrategias efectivas de adaptación al cambio climático.
Que estas cifras no sean solo una proyección distópica depende de varios factores que hacen de Barcelona una ciudad especialmente vulnerable. Entre los principales motivos a los que apunta el informe se encuentran la mayor intensidad de las lluvias mediterráneas, que suelen concentrarse en pocos días, la subida gradual del nivel del mar, y la expansión urbana sobre zonas bajas, que reduce la capacidad natural del terreno para absorber el agua.
A ello se suma el envejecimiento de la red de alcantarillado y drenaje, diseñada para un clima que ya no existe. Todos estos factores explican por qué un episodio extremo podría tener consecuencias reales y tangibles para miles de barceloneses, así como para su economía local.
En este contexto, han surgido en los últimos años varias entidades dedicadas a gestionar el riesgo hídrico y a proteger la metrópoli frente a inundaciones. Es el caso de BCASA, creada por el Ayuntamiento de Barcelona en 2014. La empresa es la encargada del alcantarillado, el drenaje urbano y la planificación de las infraestructuras hidráulicas para minimizar los efectos de lluvias intensas. Su director general, Alejandro Ortiz, resume la problemática con claridad: "La ciudad convive con un riesgo de inundación permanente. Es una realidad. Los episodios de lluvia son cada vez más violentos".
Del litoral al corazón urbano
Como suele ocurrir en muchas ciudades costeras del Mediterráneo, no todas las zonas de Barcelona enfrentan el mismo nivel de riesgo ante las lluvias intensas. Las diferencias topográficas, la ubicación junto al mar y la historia de la ciudad, han configurado el entorno, provocando que algunas áreas sean mucho más vulnerables que otras.
Así, los barrios más próximos al litoral, como el Poblenou, concentran gran parte de la exposición. Sin embargo, el centro de la ciudad tampoco está exento de riesgo, ya que algunos puntos del corazón de la capital catalana deben hacer frente a limitaciones en la capacidad de los sistemas de evacuación de agua.
"Son vulnerabilidades intrínsecas a cómo se ha construido Barcelona en los últimos cien años", explica Ortiz. La realidad es que el núcleo urbano ha crecido tanto en superficie como bajo tierra, pero la red de drenaje debe adaptarse a la configuración del terreno, que no cambia. En algunos puntos, el agua se acumula con facilidad y la creciente impermeabilización del suelo ha dificultado su absorción, lo que somete a la infraestructura a una carga mayor. Es por ello, que el diagnóstico de riesgos no puede limitarse únicamente a la hidráulica: también es una cuestión urbanística, en la que la historia y la planificación de la ciudad determinan directamente su vulnerabilidad.
Reforzar Barcelona desde el subsuelo
Ante este escenario, BCASA ha puesto en marcha un plan de infraestructuras para proteger Barcelona frente a futuras inundaciones. Actualmente, la ciudad cuenta con 15 depósitos pluviales de retención, capaces de absorber aproximadamente 500.000 metros cúbicos durante episodios de lluvia intensa. Pero la red existente ya no es suficiente. Para reforzarla, el consistorio ha aprobado la construcción de 29 nuevos depósitos distribuidos por toda la metrópoli, entre ellos el depósito de la Rambla de Prim, con una capacidad de casi 94.000 metros cúbicos, diseñado para proteger la zona baja de Sant Martí y aliviar la presión sobre los sistemas de drenaje ya existentes.
No obstante, Ortiz subraya un aspecto fundamental que va más allá de la ingeniería y la inversión: la ejecución de este plan no se limita a un mandato municipal. "Se trata de un proyecto a largo plazo que debe abarcar distintos mandatos", explica. En otras palabras, su materialización requiere continuidad política y consenso. Las decisiones adoptadas hoy solo tendrán sentido si los futuros gobiernos también consideran la adaptación al riesgo de inundaciones como una prioridad.
En este sentido, una de las actuaciones más estratégicas es el desdoblamiento del colector de la Diagonal, una especie de autopista subterránea que recoge el agua de numerosos barrios situados por encima de la avenida que atraviesa la ciudad. La primera fase de esta obra logró aumentar su capacidad de desagüe de 96 a 160 metros cúbicos por segundo. A este proyecto se suman las inversiones previstas en la red de alcantarillado, con 40,6 millones de euros destinados a rehabilitar 13 kilómetros de tramos existentes y construir 9 kilómetros nuevos, con el objetivo de alargar la vida útil de las infraestructuras y reforzar su capacidad.
Por otro lado, en la superficie de la capital catalana se trabaja para que la Ciudad Condal sea más permeable y pueda absorber mejor la lluvia. Esta otra línea incluye sustituir asfalto y hormigón por pavimentos que permitan la infiltración del agua, ampliar las zonas verdes que actúan como esponjas naturales y desplegar técnicas de drenaje urbano sostenible que alivien la presión sobre la red de alcantarillado.
Reinventarse es la única opción
Si algo tienen en común BCASA y el informe de la Fundación AXA es la misma advertencia: Barcelona encara una década decisiva. La ingeniería ya está en marcha: se excavan depósitos pluviales, se amplían colectores y se renueva la red de alcantarillado. Pero la adaptación no se limita a las obras: también requiere transparencia y coordinación. Esto incluye mapas de riesgo públicos, accesibles y actualizados, participación ciudadana activa y políticas urbanísticas coherentes.
Además, la comunicación con la ciudadanía es clave. Ortiz subraya que "las personas deben conocer el riesgo y aprender a convivir con él". Para el director de BCASA, mostrar que bajo la ciudad se extiende un gigantesco entramado de conductos, túneles y depósitos no es solo una curiosidad técnica: permite que los vecinos comprendan la complejidad del sistema que gestiona las aguas pluviales.
Si no se toman medidas contundentes, hacia el año 2050 hasta el 40% del núcleo urbano de Barcelona podría quedar expuesto a inundaciones, poniendo en riesgo a más de 600.000 personas. Así lo advierte un reciente informe de AXA Climate, elaborado junto con la Cámara de Comercio de Barcelona. Su autora, Claudia Ylla, experta en gestión de riesgos por inundaciones, detalla a través de la publicación cómo podría ser el futuro de la ciudad si no se implementan estrategias efectivas de adaptación al cambio climático.