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Puigdemont pide la autodeterminación y naufraga el intento de reconciliación con Sánchez
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Puigdemont pide la autodeterminación y naufraga el intento de reconciliación con Sánchez

El presidente de Junts ha intentado reconducir su relación con Moncloa. No ha sido posible por la propuesta radical del expresident huido. El independentismo se ha sentido incómodo

Foto: Puigdemont en Perpiñán cuando anunció su ruptura con Sánchez. (EFE/D.B.)
Puigdemont en Perpiñán cuando anunció su ruptura con Sánchez. (EFE/D.B.)
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A medida que la presión de Aliança Catalana se vuelve mayor, las decisiones de Junts se tornan más erráticas. Si el pasado 27 de octubre Carles Puigdemont anunció de manera solemne desde el sur de Francia que rompía con Pedro Sánchez, menos de un mes después el propio expresidente catalán le tendió la mano en un artículo publicado en El País para superar la crisis por el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Eso sí, exigía a Sánchez que reconociese el derecho de autodeterminación.

“Si el socialismo español quiere salir del abismo solo tiene una opción: emprender la ruptura que se negaron a hacer hace 50 años. Y la ruptura empieza por reconocer el derecho a la autodeterminación de los pueblos, que es un concepto que el Partido Socialista había defendido durante décadas”, aseguró Puigdemont, que escogió el domingo, el día de más ventas de El País y el diario de referencia de la izquierda española.

El propio independentismo se ha mostrado incómodo con la oferta, que ha sido ignorada por la Moncloa, literalmente, como si no se hubiese hecho nunca. Como si nunca hubiese necesitado los siete votos de Junts en el Congreso.

Tampoco es que tuviese mucha lógica, porque además se remontaba a los decretos de Nova Planta de 1716. Puigdemont en su artículo fija la guerra de Secesión de 1714 “como origen del conflicto no resuelto”. Esta semana la formación impulsó una iniciativa con ERC, comunes y la CUP para que el Parlament derogue los decretos de Nova Planta. Pero, de nuevo, política simbólica y nada anclada en el mundo real.

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Además, la supuesta dureza de la ruptura tampoco ha sido tal. Puigdemont ha evitado en todo momento pedir elecciones. La estrategia de Junts no declarada, pero apoyada en los hechos, parece basarse en lo mismo de hace meses: mantener la legislatura viva pero agonizante. La oferta a Sánchez de un nuevo pacto iría en esta línea.

El portavoz de Junts, Josep Rius, además vicepresidente del partido, se negó a comentar el contenido del artículo cuando fue preguntado por ello esta semana. La situación exacta es que la oferta de Carles Puigdemont a Pedro Sánchez ha pasado del todo desapercibida. Y todo ha seguido igual en el Congreso. Esta semana Junts ha votado en contra de la senda de déficit, el primer paso de los Presupuestos Generales del Estado. Y esto ya pasaba cuando, en teoría, Junts formaba parte de la mayoría de investidura.

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En la práctica todo sigue igual. No habrá Presupuestos y no habrá Ley Bolaños, pero Junts irá votando a favor del Gobierno de vez en cuando, tal y como ya ha estado pasando en el último año. La carta parece la constatación del presidente de Junts de que se ha cometido un error de cálculo, que una vez que rompía con Sánchez ya no podían exigirle al presidente español que haga lo que ellos digan. Y eso es lo que ha pasado con su misiva publicada en El País: ha caído en saco roto.

El día antes de su publicación, el exalcalde de Barcelona, Xavier Trias, pidió a los líderes de Junts que "generasen ilusión" y que no planteasen objetivos "imposibles que no conseguiremos". Un día después, Puigdemont le pedía a Sánchez que reconociese el derecho a la autodeterminación. Trias hizo sus declaraciones como cabeza visible de los alcaldes de Junts.

Falta de lógica

Además, tampoco se entiende cómo podría ayudar un referéndum en Cataluña a Pedro Sánchez en su actual situación de crisis política. Comparar la caída del fiscal general del Estado con el supuesto lawfare que el independentismo dice haber sufrido ha sido un recurso habitual estos días por parte de los analistas de la prensa soberanista. Pero de ahí a extrapolar una oferta a Sánchez tan surreal, hay un abismo.

Los bandazos de Junts se vuelven más erráticos a medida que sube la presión por Aliança Catalana

Tras la carta se publicó el barómetro del CEO, el equivalente al CIS catalán, donde Aliança Catalana llegaba 20 diputados, en esencia a costa del desplome de Junts. El partido de Puigdemont va dando bandazos: anuncia la ruptura, la reafirma en Madrid, luego salva al Gobierno con las nucleares y las tasas aeroportuarias, más tarde ofrece un nuevo pacto carente de lógica, después tumba el techo de gasto... Demasiados giros para que los votantes entiendan alguna cosa. Junts despliega una hiperactividad que le dé visibilidad mediática, pero le resta coherencia política.

Puigdemont pone el independentismo en el centro de la política en su artículo: "Dos años después [del acuerdo de Bruselas], el protagonista de aquella primera foto en el Parlamento [Santos Cerdán] ya ha pasado varios meses en prisión, acusado de corrupción, se han abierto procesos penales contra el entorno del presidente Pedro Sánchez y también directamente sobre su familia y un fiscal general alineado con el gobierno y pieza clave para garantizar inhabilitado para desempeñar el cargo".

Una lectura que el partido ya estaba haciendo de puertas adentro, pero que verbalizada por el expresident no acaba de encajar en el conjunto de acontecimientos que sacuden la política española y en que la crisis catalana cada vez es más marginal.

A medida que la presión de Aliança Catalana se vuelve mayor, las decisiones de Junts se tornan más erráticas. Si el pasado 27 de octubre Carles Puigdemont anunció de manera solemne desde el sur de Francia que rompía con Pedro Sánchez, menos de un mes después el propio expresidente catalán le tendió la mano en un artículo publicado en El País para superar la crisis por el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Eso sí, exigía a Sánchez que reconociese el derecho de autodeterminación.

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