Viaje a la única región de España donde hay pleno empleo (y quizá sea un problema)
La provincia de Lleida es la única cuyos niveles de desempleo pueden mirar a la cara a países como Alemania, pero no todos sus vecinos lo consideran una buena noticia
-¿Pleno empleo? ¡Nunca lo había escuchado!-, dice Montse, sorprendida y alegre, en pleno centro de Lleida.
Como todos los primeros sábados de mes, tiene su espacio en el pequeño mercado de productos de proximidad que se extiende en la plaza Sant Joan. Vende mermeladas de naranja, que produce en Bellpuig con su marido, pero no sabía que la provincia en la que habita desde siempre registra una de las tasas de paro más bajas del país.
Durante el primer trimestre de 2025, la región catalana registró 3,61% de tasa de paro, valores similares a los de Alemania e inferiores al promedio de la Unión Europea. Fue su mejor estadística en 18 años y, aunque en el tercer trimestre de 2025 la cifra subió a 6,29%, los analistas consideran que sigue correspondiendo llamarlo pleno empleo técnico.
"Por cada persona, hay tres empleos disponibles", dice Ana, leridana por adopción desde hace 12 años y gerente de Ibericus, una tienda en la calle Mayor de la capital. Pero la moneda también tiene otra cara. Para su propio negocio, reconoce, ha bajado la exigencia de los requisitos de contratación porque, si no, no conseguiría empleados.
Su estadística no tiene rigor metodológico, pero es una expresión equivalente a la de muchos otros que atienden en las tiendas de la calle Mayor: el que quiere trabajar, trabaja. El problema es que algunos no quieren trabajar los sábados, dicen. Casualmente, eso es lo que necesita la restauración, la hostelería y los comercios, principales actividades en la ciudad.
“Las empresas tienen actualmente dificultades para encontrar trabajadores en distintos sectores, especialmente perfiles jóvenes y cualificados. Por este motivo, no consideramos que sea un éxito la situación de pleno empleo, aunque las cifras de paro sean relativamente bajas en comparación con otros territorios”, explican desde la Cámara de Comercio e Industria de Lleida ante la consulta de El Confidencial.
La lonja de Mercolleida. (C. F.)
Oriol Amat, presidente del observatorio de PIMEC (Pequeñas y Medianas Empresas Catalanas) y catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, tiene un punto de vista diferente: "El hecho de que el desempleo en Lleida sea más bajo que en el resto del país es un dato positivo y la consecuencia de un sector primario y agroalimentario muy potente. Con algunas zonas, sobre todo lo que es el Pirineo, con un turismo creciente", afirma.
La gran incógnita es cómo ha pasado de tener una tasa de paro que no bajaba del 14% hace diez años a la actual de pleno empleo como si fuera una comarca alemana.
"Yo tengo trabajo para el que no estudia, siempre necesito gente"
"Tiene un nivel de población bajo. Si juntamos con una actividad económica dinámica y sectores que van hacia arriba como el agroalimentario y el turismo, se dan unas características positivas. Lleida tiene buena localización y recursos naturales como agua, sol y nieve", explica Amat.
El gran motor económico de la provincia es la industria agroalimentaria, que representa el 40% del PIB, según un estudio de la Diputació. El sector requiere, en su mayoría, mano de obra poco cualificada, “barata” y trabajos de esfuerzo físico. En Mercolleida, la lonja de los mercados que está a metros de la estación de tren de la ciudad, uno de los vendedores coincide en su visión con los empleados de las tiendas de la calle Mayor.
"Yo tengo trabajo para el que no estudia. Siempre necesito gente. En general duran poco, porque hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno. Piensa que hoy me he despertado a las tres de la mañana para después venir aquí. Es duro."
La clave, el campo y los inmigrantes
Una pequeña parte de las frutas, el producto estrella de la región, se vende allí. Pero Lleida exporta a todo el mundo. Su producción de melocotones, peras y naranjas es una de las más importantes de España. También de manzanas y, en menor medida, cerezas. El aceite de oliva y los productos cárnicos tienen su peso. En 2024, el total de las exportaciones de bienes de Lleida representaron 3.201 millones de euros, un 9,48% más que el año anterior, según la Cámara de Comercio. Los principales países fueron Francia, Alemania e Italia, con un destacado crecimiento en Estados Unidos (33%) y Japón (45%).
El arduo trabajo en el campo lo realizan, en gran parte, inmigrantes. En los últimos cuatro años llegaron 10.000 extranjeros nuevos hasta alcanzar los 91.815, según el último censo del INE de 2024. Ya representan el 20% de la población total de Lleida (451.000), pero por la alta movilidad, las cifras no son del todo exactas, reconocen desde el propio gobierno.
Los que llegan con papeles pueden conseguir empleo rápidamente como temporeros en los campos, especialmente en verano con la temporada de fruta. Cuando acaba, muchos se marchan. La situación es más compleja para los que llegan en situación irregular.
“La campaña frutícola genera picos de afiliación y actividad económica, pero también introduce volatilidad y temporalidad en el empleo. Requiere coordinación en materia de alojamiento, movilidad y contratación en origen, para garantizar un equilibrio entre las necesidades del sector y la estabilidad laboral”, explican desde la Cámara de Comercio.
En enero de 2025, el alcalde de la ciudad de Lleida,Félix Larrosa, propuso un censo único para que los inmigrantes irregulares pudieran trabajar durante un plazo determinado, considerando la falta de mano de obra en la campaña. El proyecto aún está en discusión.
A 60 kilómetros de la ciudad de Lleida está Guissona, un pequeño pueblo con menos de 8 mil habitantes y donde más del 50% de la población es extranjera. Lo que podría haber sido un lugar más de la España abandonada resurgió en los últimos años con el crecimiento de Bon Àrea, la empresa local más reconocida. Comenzó como una cooperativa avícola y se transformó en un grupo con más de 600 supermercados. En la provincia de origen emplean a una gran parte de su plantilla que, en todo el país, supera las 6.400 personas. En 2024, según cuentan a El Confidencial, se crearon 538 puestos de trabajo y el 98% tiene contrato indefinido.
El salario medio anual de la provincia es de 21.565 euros, el más bajo de Cataluña
Otros de los grandes empleadores son el grupo Borges, conocido por sus aceites de oliva; el grupo Vall Companys, que comenzó con la industria harinera pero se extendió al sector ganadero; y los supermercados PlusFresc.
Según estadísticas de PIMEC, en Lleida hay 32.028 empresas y casi todas son pymes:
"En Lleida predomina la empresa familiar, que se caracteriza por tener planteamientos prudentes financieramente y a largo plazo. Las empresas de allí diría que se distinguen porque son personas humildes, de trabajo serio y duro", describe Amat.
En el último tiempo, la zona de los Pirineos ha encontrado su propio cultivo: el turismo. La estación de esquí en el Valle de Arán y el turismo de aventura en verano se transformaron en fuentes de atracción, no solo para visitantes, sino también para leridanos que regresan a su provincia de origen para vivir en paisajes paradisíacos.
Calle Mayor de Lleida. (C. F.)
“Es posible que el nivel de autoestima y de aprecio de la potencialidad de Lleida no sea todo lo alta que podría ser. Hay una tendencia a valorar ciudades más grandes. Pero también hay personas que al cabo de unos años vuelven. En el Pirineo y otras comarcas se está produciendo un aumento relevante de personas que están creando startups y promoviendo empresas innovadoras”, amplía Amat.
Aunque sin la belleza natural de los Pirineos, la capital de Lleida también apuesta por nuevos “proyectos estratégicos” que aporten un valor añadido. En los últimos días, se aprobó una ordenanza de impulso económico que presentó el Ayuntamiento para atraer iniciativas empresariales. El beneficio, que todavía no se ha implementado, es para proyectos que creen un mínimo de 10 puestos de trabajo en una superficie de 5.000 metros cuadrados y con una inversión mínima de un millón de euros.
Pese al pleno empleo, en Lleida saben que la cuenta pendiente es conseguir puestos de mayor cualificación que, entre otros beneficios, ayudaría a retener a los jóvenes. Muchos de los 11.000 estudiantes que asisten a la legendaria Universidad de Lleida, fundada en 1300, se marchan al terminar. Su inserción en el mercado laboral puede que no sea la más alentadora: el salario medio anual de la provincia (21.565 euros anuales) es el más bajo de Cataluña, que en su conjunto supera los 25.000 euros anuales, según los últimos datos de la Agencia Tributaria.
"No hay fórmulas mágicas: trabajo y análisis", explica el alcalde leridano
“Es necesario fomentar el empleo cualificado en sectores estratégicos como el agroalimentario, la economía verde y la digitalización, entendida como gestión inteligente del territorio, además de potenciar la colaboración público-privada para generar oportunidades laborales sostenibles”, dice el alcalde de la capital, Félix Larrosa, a El Confidencial.
Entre los planes por incorporar actividades de mayor valor añadido, infla el pecho al reconocer que Lleida es la ciudad catalana con mayor planificación de suelo industrial: seis millones de metros cuadrados. El pleno empleo, más que alcanzar una meta se plantea como un punto de partida. Consultado por cómo la provincia logró emular las cifras alemanas, Larrosa prefiere no revelar el secreto:
"Mucho trabajo y análisis para avanzar enfocados para contar con la ciudad y el entorno trampolín que deseamos para nuestra ciudadanía. No hay fórmulas mágicas".
-¿Pleno empleo? ¡Nunca lo había escuchado!-, dice Montse, sorprendida y alegre, en pleno centro de Lleida.