Junts per Catalunya (JxCat) no acaba de encarrilar su situación. Desde hace meses, trata de robar el perfil de la pujante fuerza Aliança Catalana (AC) que, presidida por la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, le gana día tras día votos a los posconvergentes.
Los de Carles Puigdemont trataron en un primer momento de apropiarse del discurso duro antinmigración, que propició el salto cuantitativo de AC al panorama político catalán. Luego, exigió a Pedro Sánchez que le concediera (a Junts) el privilegio de reclamar las competencias exclusivas para Cataluña en materia de inmigración, con lo que esperaba neutralizar el discurso de Orriols.
Los alcaldes de Junts se reunieron con el secretario general del partido, Jordi Turull, para reclamar más manos libres con el fin de atajar el auge de Aliança Catalana en sus ciudades. Le llegaron a decir que debía dar más relumbrón a Míriam Nogueras, jefa del grupo parlamentario del Congreso, que era la única unidad operativa de Junts que aún conservaba un cierto perfil de cara a la opinión pública.
Así las cosas, Junts, por medio de Nogueras, dio un puñetazo en la mesa y anunció que rompía amarres con el PSOE y con el Gobierno de Pedro Sánchez, bloqueando la legislatura. Era una manera de decir a la opinión pública que Junts mantiene cierta influencia en Madrid, no obstante, los de Puigdemont no han dado el paso para apoyar una moción de censura.
La última maniobra es copiar las carpas de fin de semana de Aliança Catalana. El partido de Orriols monta cada fin de semana carpas informativas en seis, siete u ocho pueblos. A finales de octubre, celebró su ‘Supersábado’, con 42 carpas en otras tantas localidades, una gesta que dice mucho de la movilización territorial que tiene Aliança y de su fuerza de base.
Más de 100 carpas
Junts quiso hacer lo mismo el último fin de semana. Abrió 111 carpas y movilizó a más de 1.000 voluntarios (este fin de semana, AC abrió solo una veintena de paradas). Pero lo que debería ser una movilización masiva y una fiesta ciudadana se quedó en agua de borrajas. De nada sirvió que el secretario general, Jordi Turull, realizase un canutazo desde la carpa de Vic, el epicentro de la Cataluña profunda y una de las plazas que JxCat puede perder en las próximas municipales.
El propio alcalde de la ciudad, Albert Castells, difundió una entrevista con Turull realizada por él mismo, en la que el secretario general explicaba qué pretendían con el ‘supersábado’: “Estamos haciendo lo que hacemos en el conjunto de Cataluña, que es salir a pie de calle para explicar a la gente que quiera saber qué piensa Junts de los diversos temas que la ilusionan, que la preocupan, que la cabrean y cuáles son las propuestas. Nosotros, en Junts, tenemos propuestas, no nos dedicamos a ponernos de perfil ante los problemas ni nos dedicamos a la algarabía, sino que escuchamos, proponemos y actuamos”.
Junts tiene la perentoria necesidad de dejar en evidencia a Sílvia Orriols en temas sensibles, contradiciendo en algunas ocasiones sus tesis, pero copiando sus proclamas en otros casos. Uno de ellos, es el tema de la seguridad y la inmigración, con el que AC arrasa en las poblaciones pequeñas y medianas.
La intención de Junts, no obstante, es presentarse como la aglutinadora del voto útil que podrá hacer realidad las promesas. Así, los de Puigdemont repartieron papeletas entre simpatizantes para que las rellenasen con los temas que más le preocupan. Y, al mismo tiempo, ofertaban sus soluciones en temas como la inmigración, la vivienda, los autónomos, la salud y el empleo.
La intención, en realidad, era doble: marcar perfil tras la ruptura con el PSOE y parar la subida de Aliança Catalana, porque se calcula que es el partido que más votos (y escaños) le roba a JxCat, hasta el punto de situarse a sólo un palmo de los de Puigdemont. Algunas encuestas que se comentan en los círculos políticos de Cataluña apuntan a que los de Orriols podrían incluso superar a ERC, aunque la distancia entre Junts, ERC y AC sería mínima. De ahí el nerviosismo de los posconvergentes: si los sondeos se cumplen (y Junts pierde hasta 13 escaños), Puigdemont quedará en una delicadísima situación, con poco más de 20 diputados, una debacle histórica.
Para evitar el hundimiento, Junts hace lo mismo que los de Orriols llevan haciendo desde hace dos años: pisar calle y territorio, con la diferencia de que Aliança recibe a decenas de ciudadanos interesados en cada una de las carpas, pero Junts no ha logrado aún captar la atención.
Cierre de carpas
El castigo a Junts se dejó sentir en foros, plataformas y redes sociales, donde se recordaba a los de Puigdemont que ya llegan tarde a la reconciliación con su electorado. Algunos emplean palabras gruesas para definir a los de Junts, aunque otros se limitan a calificarlos de ‘traidores’, ‘fantasmas’, o ‘mentirosos’. Uno de los activistas remitía al alcalde de Vic una información de una noticia: ‘PP, Vox y Junts tumban la subida de las pensiones y las ayudas al transporte’. El reproche era mayúsculo. “Sinvergüenzas. Explicad esto”, les recriminaba.
Aunque JxCat publicitó fotos de muchas de las carpas del fin de semana, evitó comentar que, en algunas poblaciones señaladas, las anunciadas carpas se retiraron o no se llegaron a montar. En algunas de ellas, se achacó la decisión a la negativa previsión del tiempo, pese a que no llegó a llover. En cambio, Aliança Catalana difundió en las redes sus carpas abiertas pese a la lluvia en otras localidades, con gente acudiendo a interesarse por sus programas. Sólo en la carpa de Manresa, la otra gran capital de la Cataluña profunda, el partido de Orriols publicó varias fotos, una de ellas con más de 20 ciudadanos bajo su toldo. Lo cierto es que la desconexión secular de la cúpula de Junts con la calle le está pasando factura a JxCat.
El desgaste de Junts implica ponerse las pilas. Para este martes, Junts reunirá a su cúpula en una conferencia en la ¡localidad tarraconense de Valls: Jordi Turull, la portavoz parlamentaria, Mònica Sales, el diputado en el Congreso Josep Maria Cruset y la diputada y alcaldesa de la localidad Dolors Ferré son los encargados de difundir la palabra de JxCat en Valls bajo el expresivo título de ‘Junts de explica’. Tarragona es una de las plazas donde Junts ha cosechado severos varapalos. Pero no ha de descuidar el extremo norte, especialmente las comarcas gerundenses, en otros tiempos el granero de votos de Convergència y ahora con manifiestas simpatías por Sílvia Orriols. En las últimas municipales, Junts perdió a emblemática alcaldía de Girona; en las próximas, AC puede entrar en ese consistorio y los sondeos le vaticinan unos resultados históricos. Los de Puigdemont tienen año y medio para dar la vuelta al marcador.
Junts per Catalunya (JxCat) no acaba de encarrilar su situación. Desde hace meses, trata de robar el perfil de la pujante fuerza Aliança Catalana (AC) que, presidida por la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, le gana día tras día votos a los posconvergentes.